visita

(escuchando plaid, bso tekkon kinkreet)

salió del hotel con doce escoltas. se subió al coche blindado y se dirigió a su primer destino. allí lo esperaba una multitud ensordecedora. el chófer dio la vuelta y aparcó en la parte de atrás. entraron por la salida de emergencia y se dirigieron al camerino. en la sala de setenta metros cuadrados había cinco sofás, seis butacas y varias mesas llenas de comida, y una nevera a rebosar de bebidas frías y champán. pidió silencio y todos obedecieron. bajó la cabeza y se concentró. estaba a punto de salir ante cientos de miles de personas que le escucharían con devoción. le pidió a Dios fuerzas para no flaquear. luego, miró los que le acompañaban en aquel de momento, que esperaban a su señal para empezar. salió de la sala y se dirigió al palco. allí había más gente de la que esperaba. aplaudieron con ganas y con la esperanza de que aquella visita del Papa a África les trajera comida y ayuda para continuar respirando. el pontífice comenzó a hablar. nadie dijo que no fuera elocuente. incluso los menos convencidos tuvieron que aceptar que aquel hombre era capaz de convencer a estadios enteros. incluso a aquellos que, desde los pueblos de adobe y cañas, no habían podido levantarse de la cama para acudir a escucharle.

bienvenidos a la raza humana. Kurt Russell, rescate en LA.