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hoy y mañana

(escuchando hoy empieza todo, radio 3)

llega con retraso, una semana (y un mes) después de las últimas líneas antes de decirle hola a las siestas con sofá, café con hielo y un libro entre los dedos, que se cansan y dejan caer las páginas y los párpados, justo después de comer, cuando se sincronizan los sueños. pero llega. el principio de curso, el final del verano, septiembre, el año. llega. y, aunque el día es día de películas, es necesaria una lista de cosas que han pasado y habrá lucha para que sigan pasando. con película incluida en cada punto, por supuesto.

– hablar de cosas importantes y de todo lo demás. como con los niños, que te miran y escuchan y cuentan y ríen y lloran, con ella, con la que cada día es un poco mejor, aunque haya barrancos y olas de proporciones impensables, con ellas dos, que siguen ayudándonos a creer en nosotros, con ellos dos, con los que tenemos aventuras solos y acompañados y las seguiremos teniendo, con ellos ahora cuatro, que suman personas en lugar de restarlas, con ellos cuatro, que siguen ahí a pesar de las montañas rusas. un placer: antes del amanecer y, justo después, antes del atardecer.

– cocinar con música puesta y delantal y copa de vino o cerveza. olvidar algunos vicios del paladar y cambiarlos por otros. con lista de platos y de la compra. por ellos y por nosotros. por la emoción de las papilas gustativas y el estado de ánimo que produce. por que los fogones pueden ser un arte sencillo y preciso. una obligación: deliciosa Martha.

– salir más allá del pueblo, correr aventuras en tren, avión, barco, coche, bicicleta, moto y zapatillas deportivas. dejar los teléfonos apagados y sin cobertura. estimular los momentos de esos que se recuerdan porque salen en las fotos de la memoria. probar cosas y dejar que cada lugar nos regale un poco y dejarnos un trocito en alguna esquina, casi impredecible. una bocanada de aire: hacia rutas salvajes.

– ver películas, muchas, porque sí, porque hace falta, porque es un placer, y porque incluso las peores son películas. devorar fotogramas en pantalla grande y en pantalla más pequeña. recomendadas y sin recomendar. sólo y acompañado de ella y de todos los demás. una emoción: la rosa púrpura del Cairo.

– escribir y leer. dejar que el cerebro se desconecte y que sean las manos las que dicten las teclas a pulsar y las secuencias a dibujar. libre, sin ataduras ni hambre de respuesta, por el gusto de hacerlo y de volver a ejercitar las ideas, el ritmo de las letras en el corazón. una historia magnífica: más extraño que la ficción.

– escuchar música. en vinilo casi siempre y en otros formatos también. no sólo de fondo. escuchar. y dejar que ellos escuchen y, si quieren, entiendan y sientan los instrumentos, los ritmos, las melodías, las letras. Miles Davis y The Clash. dejarse convencer sin prejuicios. una imprescindible: alta fidelidad.

– trabajar con todo en el asador. con normas, porque en esto nos jugamos mucho más que un par de euros, porque es obligatorio el movimiento para estar vivo, porque hay que salir de ésta con la sensación de que estás haciendo bien las cosas, porque para todo hay un momento y cuando se trabaja, se trabaja. porque la inspiración siempre llega, pero hay que hacer muchos dibujos antes de darte cuenta de que es imposible trazar un camino ordenado para llegar. porque hay que demostrar y demostrarse que crees en esto. una inspiración: lugares comunes.

– amar. así, a tutiplén y sin medida. un aplauso, por favor: adivina quién viene esta noche.

me doy cuenta que estoy muy emocionado, casi no puedo estar sentado o tener la cabeza tranquila. creo que es la emoción que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre al principio de un largo viaje cuyo final es incierto. espero poder cruzar la frontera, espero poder ver a mi amigo y estrechar su mano, espero que el Pacífico sea tan azul como siempre he soñado. y espero nunca más perder la esperanza. Morgan Freeman, cadena perpetua.

mañana

(escuchando Jimi Hendrix, axis bold as love)

a las siete y media de la mañana, el autobús se detiene en su última parada. final del trayecto. las puertas se abren y bajan una veintena de personas. todos son trabajadores de clase social media, que se ganan la vida limpiando los chalets de los que pasan los meses de más calor cerca del mar. cocinan, arreglan sus jardines o llevan su contabilidad doméstica. sus ojos se abren con los primeros rayos de sol, desayunan y salen de sus casas en los asentamientos que rodean las ciudades, más allá de los muros. algunos caminan más de una hora hasta llegar a la parada del autobús que les llevará a su lugar de trabajo. otros, los que todavía tienen algún privilegio y mantienen sus pisos en los viejos edificios de una docena de plantas que se construyeron a principios del milenio alejados del centro, ya han hecho un largo trayecto en autobús para poder subirse al que ahora les acaba de dejar en la zona costera. caminan en grupos de tres o cuatro, habitualmente formados por afinidades de años atrás, cuando casi todos se las podían permitir. se cuentan el fin de semana, se ríen, se pisan las palabras, bromean. al llegar a una barrera metálica pintada de blanco de tres metros de altura, uno de ellos, un jardinero, se despide del grupo. pulsa un botón situado en la columna de la izquierda y espera. el objetivo de la cámara de seguridad murmura que le está enfocando. el hombre mira hacia arriba y saluda con la mano. suena un zumbido metálico y la pequeña puerta central situada en el centro de la placa blanca que sirve de muro se abre. tira de la manecilla y espera a que la chica que limpia y cocina, que andaba algo más atrasada, la atraviese. buenos días, preciosa, le dice. ella contesta buenos días con una enorme sonrisa sonrojada. esa noche saldrán por primera vez a beber cerveza y serán muy felices, pero aún no lo saben. mientras la puerta está abierta, desde fuera puede verse un enorme jardín con una piscina de unos quince metros de largo. al fondo, un columpio y un porche con sofá, butacas y una mesa de centro. la casa tiene más de cuatrocientos metros cuadrados, dos plantas y una enorme hiedra que decora la fachada de verde. al cerrarse la puerta, el pequeño universo se encierra entre sus muros y el resto continua caminando hasta su correspondiente chalet. a la misma hora, en la rotonda desde la que se accede a la autopista que atraviesa los muros y entra en la ciudad, un grupo de una decena de chicos jóvenes esperan sentados en la barrera de aluminio. a sus pies, mochilas y neveras portátiles desgastadas. todos llevan monos de trabajo y fuman tabaco de liar. no hablan mucho, el sueño y el cansancio de suman a la humedad y el calor, para dejar sus cuerpos en una especie de calma de la que sólo salen cuando sudan cada gota de su sueldo en un andamio o con una herramienta en la mano. ellos construyen y reconstruyen las ciudades mientras los dueños de las viviendas pasan el verano en la costa. algunos días, pocos, maldicen el que creían que sería su futuro. otros, también pocos, dan gracias por tener trabajo con arnés de seguridad. la mayoría, simplemente, viven.

historia rusa dice: dos camaradas viejos de partido se ven, y uno dice a otro: has visto? todo lo que nos contaban del comunismo era mentira. y otro dice: no es peor cosa. peor cosa es que todo lo que nos contaban del capitalismo era verdad. Serge Riaboukine, los lunes al sol.

sucesos

(escuchando siglo veintiuno, radio 3)

uno. estimado/a candidato/a, agradecerle el interés mostrado por formar parte del equipo de nuestra empresa en cualquier puesto con tal de no estar en el paro. tras evaluar su candidatura, lamentamos comunicarle que no continua el proceso de selección. reciba un cordial saludo con una sonrisa y meriéndese como pueda el desayuno que le acabamos de amargar.
dos. estimados colaboradores, lamentamos comunicarles que, tras ciento veintidós programas culturales en esta nuestra radio, la de todos, y dadas las circunstancias de crisis en las que se encuentra el país, no tenemos presupuesto para una nueva temporada. de ello se deduce que éste de hoy será su última intervención en los micrófonos. ha sido un verdadero placer tenerles aquí y son ustedes de lo mejor de esta emisora. nos han hecho pasar grandes ratos, pero la situación es la que manda y no tenemos más remedio que prescindir de su espacio. ni que decir tiene que, vamos a hacer todos los esfuerzos posibles para que, pasados los meses de verano y en la nueva programación, estéis de nuevo aquí. muchas gracias con una mano extendida y una sonrisa.
tres. Brian, colgado con los brazos extendidos, atado de pies y manos en forma de letra té, expuesto al sol del desierto y condenado a morir de sed y de hambre, mira a su alrededor, incrédulo. uno de los ladrones, que lleva allí bastante más tiempo que él, le habla. vemos, hombre. ya sabes lo que dicen. algunas cosas en la vida son malas, pueden hacerte volver loco. otras, simplemente, te hacen perjurar y maldecir. cuando estés masticando el cartílago de tu vida, no te quejes, da un silbido. eso te ayudará a sacar lo mejor de las cosas. y mira siempre el lado brillante de la vida, mira siempre el lado positivo de la vida. si tu vida parece jodida, es que has olvidado algo. y es reír, sonreír y bailar y cantar. cuando te sientas deprimido, no seas estúpido, sólo junta los labios y silba. ese es el truco. la vida es absurda y la muerte tiene la última palabra. siempre debes enfrentarte a la despedida con una reverencia. olvídate de tus pecados y ofrécele a la audiencia una gran sonrisa. diviértete, es tu última oportunidad en cualquier caso.
cuatro. 😀

ya sabes lo que dicen los Monty Python, nadie espera a la inquisición española. John Hannah, dos vidas en un instante.

peor

(escuchando Florrie, introduction)

disculpen el silencio de estos días. finales de proyecto y de curso y esas cosas. y Cronos a zancadas.

Victor Frankenstein: qué trabajo más asqueroso.
Igor: podría ser peor
Víctor Frankenstein: cómo?
Igor: podría llover.

(y, evidentemente, llueve)

Gene Wilder & Martin Feldman, el jovencito Frankenstein.

negociación

(escuchando black keys, el camino)

por qué tengo la sensación de que algunas de las negociaciones que se han desarrollado en los últimos años han seguido las enseñanzas de los maestros?

Chico (al teléfono): no no no aun no esta. llame mas tarde.
Chico (cuelga el teléfono y se dirige a Groucho): era para usted otra vez.
Groucho: que habrá podido pasarme? ya hacía tiempo que debía estar de vuelta. bueno oiga. tengo un buen empleo para usted, pero antes tengo que preguntarle un par de cosas importantes. qué es una cosa que tiene cuatro pares de pantalones, vive en Filadelfia, y no llueve si no diluvia?
Chico: muy bueno, le doy tres minutos.
Groucho: vamos a ver… cuatro pares de pantalones, vive en Filadelfia, y no llueve si no
diluvia.
Chico: sí, sí.
Groucho: es macho o hembra?
Chico: no, no. no creo.
Groucho: esta muerto?
Chico: quién?
Groucho: no lo sé, me rindo.
Chico: yo también. voy a preguntarle yo ahora. qué es una cosa que tiene un gran bigote
negro, que fuma un gran cigarro negro y que es un verdadero pelmazo negro.
Groucho: no me sople. tiene un gran bigote negro, fuma un gran cigarrillo negro, y es un verdadero pelmazo negro.
Chico: sí, sí. muy bien.
Groucho: lleva gafas?
Chico: exacto. lo ha adivinado.
Groucho: pues ahora no le doy el trabajo que le iba a dar.
Chico: que empleo?
Groucho: ministro del ejercito.
Chico: está bien, lo acepto.
Groucho: adjudicado.

Chico & Groucho Marx, sopa de ganso.

consecuencias

(escuchando small faces, it’s all or nothing)

Ed: te lo presentaré, pero no quiero que pierdas el tiempo.
Don: ya está a bordo. obviamente, le gusta mi trabajo.
adora tu trabajo. todos lo hacen. pero no les gustas tú.
Don: qué?
Ed: esa gente, enterraría tu escritorio en premios, pero nunca trabajarían contigo. no después de esa carta. cómo podrían confiar en ti, después de la forma en que mordiste su mano?
Don: …
Ed: oh, lo siento. quieres otra?
Don: sí, claro.
Ed: dos, por favor.

Ray Wise & John Hamm, mad men.

píldoras

(escuchando Ben Harper, give till it’s gone)

antes de apagar el teclado, hace ya casi dos semanas, decidieron que cambiar de década era suficientemente importante como para una cata de gintonics y recuerdos y fotos y música y amigos y familia y ella, siempre ella, organizándolo todo desde el silencio. joder, cómo se puede medir todo eso en palabras que signifiquen lo que quiero que signifiquen? ese fue el pistoletazo de salida. píldoras de libertad.

nos gusta mucho tu propuesta. la puedes tener para el martes? y los dedos empezaron a echar humo, como lo hacían años atrás, cuando no había que buscar bajo las piedras del fondo del mar una forma para que los números no se tiñeran de rojo antes de la segunda decena. tensión y algo de tristeza. pero luego el teléfono dejó de tener cobertura, se desconectó internet y la televisión. y salió el sol y jugamos a la pelota con los niños en manga corta y andamos por el bosque. ellos. por fin, ellos. y uno de esos días fue el que marcaba la cuarta década. cumplir diez días después de celebrar por sorpresa es raro, lo convierte todo en un día normal. pero no es normal, porque ya lo has celebrado, ya has sentido que han pasado un montón de años y que van a pasar muchos más en casi la misma compañía. y algunas lágrimas de emoción por quince líneas escritas en una postal de un lugar que hacía tiempo que no recordaba. y más emociones contenidas que salen a la luz. gracias a millones. ya de noche, cenamos con ellas, que nos demuestran cada vez que el amor tiene todas las formas que queramos imaginar, con la sinceridad como única carta, y más gintónics y risas y algo de tristeza, pero menos que las ganas de seguir adelante que van implícitas en semejantes abrazos. y un regalo, tal vez no suficientemente agradecido con palabras, pero sí con latidos, lo prometo. luego reapareció la tecnología en forma de tres dimensiones en una pantalla enorme y una película sencilla. desde la butaca de al lado, sentado en el alzador, él dice sin gafas no se ve bien, papá. y se las vuelva a poner con las ganas del que no quiere que se termine nunca el espectáculo que está contemplando. y, aunque las pantallas también hablaron de trabajo y los dedos volvieron al ajetreo del código, el mundo seguí girando, ajeno. así que, a la espera de acontecimientos, subirse a la montaña rusa y al látigo y al scaléxtric y a un montón de atracciones con ellos fue un placer en el que nos volvimos Peter Pan para acompañarles. incluso a los más pequeños. luego, al final de la tarde, Jana decidió que ya era momento de dormir entre mantas y comer del pecho de su madre y sentir su piel y acurrucarse en los brazos de su padre y dejar a su hermano con esa sensación expectante de que todo está por venir, pero aún no sé muy bien qué. nosotros, desde el otro lado de la minúscula cuna, le sonreímos y le decimos, bajito para que no se despierte, hola, preciosa, bienvenida. y los niños la miran y entre curiosos y emocionados, contagiados por los ojos brillantes de los que sentimos que las luchas, como mejor se ganan, es en silencio y con el corazón palpitando. lo siento, pero ahí va: jódanse señores que dijeron que esto nunca pasaría, jódanse con todas las letras. porque lo celebramos con burbujas y risas y una gran comida y los abuelos felices. tanto como nosotros. tanto como yo, por tener a una niña que hace que todo lo escrito sea minúsculo cuando la pienso y con la que las piezas del puzzle encajen, aunque haya días que se den la vuelta, aunque haya silencios y miradas. el agua me dio su nombre y yo le regalé los latidos. qué fácil es hacer cosas que te hacen ser feliz cuando tienes tiempo y ganas y alguien con quién compartirlas. uf, qué vorágine emocional.

eso es Nunca Jamás. Johnny Deep, descubriendo Nunca Jamás.

entrega

(escuchando the Kansas city band, bso Kansas City)

cliente: no, si me gusta, en genera, creo que la casa le ha quedado muy bonita. pero, mire, ahora que está terminada, creo que, en lugar de tres habitaciones, me gustaría que tener cinco. pero grandes, eh? igual que las que hay pero cinco.
maestro de obras: disculpe? pero si no tiene más que cien metros de casa.
cliente: pues eso, que creo que necesito más espacio. además, no me gustan las esquinas, me lo puede volver a hacer quitándole las esquinas?
maestro de obras: sin esquinas.
cliente: y la cocina la quiero de esas que tienen una isla en medio. y luego un garaje y una barbacoa de obra.
maestro de obras: pero si no tiene jardín?
cliente: bueno, pero eso no es problema, no? se puede pillar un poco del solar de al lado, que total está vacío. ah, y no se olvide de la piscina, que no me la ha puesto usted.
maestro de obras: una piscina?
cliente: sí, a ser posible climatizada y ovalada, porque ya le he dicho que me llevo muy mal con las esquinas. y póngale una cubierta de esas que se abren y se cierran, que quiero poder bañarme en invierno.
maestro de obras: a-ha. alguna cosa más?
cliente: sí, sí. me gustaría que toda la pared de la parte posterior de la casa, en vez de ser de piedra, que se come mucho la luz, fuera de cristal. para que entre mucha luz. pero sin que se caliente mucho, eh? que luego crea efecto invernadero y no hay quién esté en la casa.
maestro de obras: todo cristal sin que dé calor?
cliente: claro, que quiere, que nos achicharremos? en general, quiero que la casa sea mucho más moderna y espaciosa, pero sin abandonar el aire rústico de edificio del siglo pasado. ah, y con domótica, déjemela preparada para la domótica, que tengo un amigo que es electricista y me ha dicho que me pondrá lo último de lo último.
maestro de obras: pero si tiene usted un solar de cincuenta metros cuadrados, cómo quiere que lo haga?
cliente: mire, yo no sé cómo se hace, porque de diseño y construcción de casas no tengo ni idea. usted es el profesional y para le pago, no? soluciónemelo.
maestro de obras: bueno, veré que puedo hacer. estudiaré las posibilidades, le haré un presupuesto y hablamos.
cliente: un presupuesto? no, no. todo esto tiene que hacérmelo por el mismo precio. tú me dijiste que me harías la casa que quería y me hiciste un presupuesto. ahora no me lo vas a subir. sino, me vuelves a dejar el solar vacío y ya me buscaré a otro que quiera hacerlo, que tengo un amigo que tiene un hijo que estudia para arquitecto y seguro que sabe más que tú.

no intente reproducir esta conversación en la vida real en profesiones reconocidas como tales. válida únicamente para trabajos relacionados con la creatividad.

Sam: qué haces cuándo no estás aquí?
Mississippi: canto.
Sam: cantas?
Mississippi: sí.
Sam: canciones?
Mississippi: sí, canciones. qué haces tú?
Sam: escribo.
Mississippi: palabras?
Sam: sí, palabras.

Josh Radnor & Kate Mara, happythakyoumoreplease.

meteorología

(escuchando London calling, the clash. porque hay momentos en los que sólo funciona si escuchas punk)

el aparato de aire ha decidido unirse a la causa de los dioses de la meteorología y lleva dos semanas, las mismas que hace que nieva todos los días, expulsando únicamente aire helado. de hecho, estamos haciendo una colecta de dedos de pies y manos en estado de congelación para ponerlos en los gintonics que necesitamos para entrar en calor. mientras tanto, ajenos a las circunstancias hipotérmicas, la montaña de trabajo ha dicho anda, mira, nieve, vamos a acumular papel, a ver si así se les calientan los músculos. así que van a tener que disculpar los silencios durante un par de días. under preasure, que decía Freddy.

tenemos un magnífico clima que te provoca hipotermia en el hígado. Jay Baruchel, un regalo para Furia Nocturna.

rutina

(escuchando Cindy Lauper, Memphis blues. toma ya, la señorita Lauper)

sale temprano de casa y atraviesa todo el pueblo. cuatro grados. entra en la autopista y se encuentra con el tradicional atasco de magníficos coches con conductores nerviosos porque el reloj aprieta. ninguno quiere bajarse de su vehículo, porque compró el más grande, moderno y cómodo que encontró. ninguno quiere dejar que el mundo vea que es una persona como las demás. desde el interior de su escafandra metálica, el mundo se ve más pequeño y ellos más grandes. la cola es monumental. sobre dos ruedas, el aire helado se le filtra por la tela de los vaqueros y los dedos empiezan a tomar un color azulado, a pesar de los gruesos guantes de piel y forro polar. avanza despacio, pero avanza y la autopista cerca del polígono le regala una festival de olores. primero, la fábrica de harina de garrofín, ese espesante natural, le lleva años atrás, cuando el abuelo pasaba las algarrobas poro una máquina de su invención que separaba las semillas y las vendía al peso. él y su hermano se quedaban mirando aquella rejilla que temblaba y hacía bailar la algarroba triturada, con un estruendo infernal y ese aroma dulzón que aún hoy puede recordar en cualquier momento. luego, un instante de olor a carnicería que ocupa cien metros de asfalto. tardaría meses en acostumbrarse si tuviera que trabajar en una carnicería industrial. pero enseguida, el mejor de todos los aromas. el de la fábrica de pan y pastelitos. es posible que ya no exista, pero llega el mismo olor de la tienda Bimbo, cuando su padre trabajaba en el polígono y, algunas tardes esporádicas, se acercaban a la tienda y compraban una caja que rellenaban con bony, tigretón, bucanero y pantera rosa. cada uno tenía el suyo. y ese olor que obligaba a salivar a las pailas gustativas muchas horas antes de pegarle el primer mordisco a la masa de bizcocho forrada de dulce. sonríe, no puede evitarlo. mientras tanto, en las radios de los coches, siguen hablando de Merkel y el logo de las olimpiadas de Madrid. y los conductores esperan.

Santa: qué día es hoy?
Lino: lunes.

Javier Bardem & José Ángel Egido, los lunes al sol.



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