Archived entries for tiempo

pausa

(escuchando Andy McKee, art of motion)

esta mañana, Cronos ha cambiado las revoluciones del tocadiscos. y el single está sonando a treinta y tres. todo estaba sostenido, parado en medio de algo, a punto de empezar. el aire estaba cargado, pegajoso, quieto. el autobús que va hasta la estación ha llegado tarde y se tomaba su tiempo en cada parada, aunque no hubiera nadie esperando entre el gris de la llovizna que lo cubría todo. el tren ha llegado lleno hasta las esquinas, con retraso. y, entre estación y estación, parecía no alcanzar la velocidad adecuada, la que permite a los usuarios entrar a tiempo a sus oficinas. el autobús hasta el estudio no ha querido aparecer por las avenidas hasta que la cola no ha alcanzado el número suficiente para que los últimos en llegar se quedaran en la parada. el conductor lo paseaba de una marquesina a otra, con paso solemne, acompañando el cielo, ante la mirada impaciente de algunos de sus usuarios. en todo ese tiempo, el cuaderno de agua de Hugo ha llegado a su fin. Hugo ha tenido la valentía que no hemos tenido otros. ha escrito un libro. una historia de agua y nieve, de besos de papel y de encuentros y reencuentros con amigos y viajes y pieles desnudas atrapadas la una bajo la otra. Hugo ha sabido hacer lo que otros llevamos años pensando cualquier día de estos me pongo. las valoraciones sobre sus genialidades (que son muchas), las guardaremos para él en el próximo encuentro. hoy el día está como sostenido en medio de nada, a punto de tirarse a un cubo de agua para limpiar todas las impurezas o de quedarse dormido y soñar con eso que, por fin, nos vuelva a dibujar la sonrisa en la cara.

todo lo que tienes que hacer es ponerte los cascos, tirarte al suelo, y escuchar el cedé de tu vida. canción tras canción, no puedes saltarte ninguna. todas han pasado, y de una forma u otra servirán para seguir adelante. no te arrepientas, no te juzgues, sé quién eres. y no hay nada mejor para el mundo. pausa, rebobinar, play, y más y más aún. nunca pares la música, no dejes de descubrir sonidos para lograr explicar el caos que tienes dentro. y si te sale una lágrima cuando lo escuchas, no tengas miedo, es como la lágrima de un fan cuando escucha su canción preferida. Teresa Ciabatti, tre metri sopra il cielo.

la isla menor. o eso dicen.

menorca

(escuchando Chick Corea & Hiromi, duet)

la isla del viento recuerda a Escocia, aunque nunca hayas estado allí. la carretera que une sus dos principales ciudades, la actual capital y la antigua ciudadela, es una invitación a contemplar el paisaje, las cientos de tonalidades de verde y el marrón, salpicadas de manchas blancas en forma de edificaciones, las ondulaciones del terreno, los árboles y arbustos que han crecido de la mano de Eolo, inclinados hacia el sur. la isla a la que llaman la menor fue inglesa durante más de cien años, y eso deja más de una huella. una de las ginebras más originales del mundo, la velo en lugar de la bicicleta, el bòtil en lugar de la botella, idò para afirmar que sí, que eso es de esa manera y no de otra, y una arquitectura original que te ayuda a respirar y a dejar que sea tu propio cuerpo el que pare o ponga en marcha el reloj. la isla del norte es un lugar en el que conviven perfectamente las formas más ancestrales de hacer queso y zapatos con el año dos mil nueve, casi dos mil diez. es extraño encontrar un lugar tan cerca en todos los sentidos. porque no es sólo que esté ahí, a sólo veinte minutos de avión o un par de horas de barco, sino que, sin que te lo propongas, busca por dentro, husmea en todos tus rincones y echa el ancla de aquello que tenías olvidado, que se llama tranquilidad. no viven alejados de nada, simplemente viven y dejan vivir. y te hacen sentir que una parte de ti está ahí, vive y convive ahí, sin esperar ni acelerarse por nada. la isla de los caballos tiene un don más allá de lo físico, es algo que se huele en el Mediterráneo, cristalino y pacífico en verano, y en constante batalla con las rocas cuando termina el calor. es algo que te obliga a pensar y a creer y a saber que es uno de los pocos lugares que cambiarías por la isla a la que llaman de la calma pero que ya no lo es. mientras tanto, la isla sin montañas espera a que vuelvas. vuelve.

cómo acabará este viaje? Najwa Nirmi, los amantes del círculo polar.

rayos y centellas

(escuchando the clash, the clash)

el estruendo despertó a toda la manzana. la pareja que dormía plácidamente abrió los ojos y se abrazó por instinto, buscando refugio el uno en el otro. tenían la piel de gallina. él se levantó y cerró la ventana de la habitación. ella lo agradeció. en el piso del al lado, el dueño del restaurante espectáculo que hacía sólo diez minutos que había entrado en casa, sigiloso, tras una larga noche procurando que un grupo de guiris borrachos no le destrozara el local, pensó que las paredes iban a caer sobre su cabeza y la de sus hijos, y corrió a comprobar las literas. los dos lloraban, muertos de miedo. los cogió en brazos y se los llevó a su habitación. su mujer estaba sentada en la cama, mirando fijamente a ningún sitio, con la mano en el pecho y respirando más deprisa de lo habitual. se metieron los cuatro en la cama. dos paredes más allá, la pianista abrazó a su almohada y cerró los ojos, intentando conciliar un sueño que ya no volvería hasta media mañana. incluso hijo del nueve a, el adolescente adorador del rock de los ochenta, se sintió amenazado. no sabía muy bien porqué, pero su cabeza no paraba de girar sobre una misma idea. habían vuelto a poner una bomba? enseguida se dio cuenta de que se trataba de una tormenta. los rayos centelleaban muy cerca, parecía que caían en el patio del vecino. los truenos retumbaban como si todos los dioses estuvieran en una jam de percusión y el bloque entero de público obligado, con los ojos como platos, y el alma bajo las sábanas. todos, menos Lluís, claro, que duerme plácidamente, con una sonrisa en la boca.

qué felices son los inocentes. Jim Carrey, eternal sunshine of a spotless mind.

espera

(escuchando Imelda May, love tatoo)

se quedó sentada en acera. parecía estar mirando a ninguna parte. sus ojos estaban posados en algún lugar en el tiempo del que sólo ella conocía los detalles. junto a una boca de riego, en pantalón muy coto y sandalias de esas que cubren el pie con una sola tira y que dejan ver todos los dedos. la camisa hecha un nudo sobre las costillas, abandonando al ombligo a la vista de todos los transeúntes que aquel sábado por la tarde, a eso de las cinco, recorrían las calles de Brooklin. estuvo sentada durante un buen rato, con las manos entre las piernas que, ligeramente abiertas, sentían los pocos átomos de brisa que movía los árboles de green-wood park. tras ella, un Buik negro, aparcado desde hacía ya dos días en el mismo sitio, porque su propietario, el dueño del estanco de la esquina, se había marchado, por fin de vacaciones. ella pareció despertar de su letargo y enfocó los ojos en un grupo de niñas que jugaban a saltar la comba al otro lado de la calle. una paloma atravesó la calle y se perdió entre los árboles. ella la siguió con la mirada, pero luego se sintió atraída por un joven que conducía un cadillac descapotable de color amarillo mostaza. las niñas de la cuerda le jalearon al pasar y bailaron con el funk que salía de los altavoces de la radio. era un tema de BT Express que se perdió entre las paredes de los edificios al girar a la derecha en el primer cruce. ella vio desvió la mirada justo cuando las luces del freno se encedían, volvió a fijar la mirada en su portal. estaba esperando a que llegara. se arregló el pelo metiendo los dedos entre la maraña de rizos negros. la puerta roja se abrió y ella sonrió al verlo salir. se levantó y se quedó parada, guardando cada movimiento en su memoria.

tan perdedor eres que no te das cuenta cuando ganas? George Clooney, abierto hasta el amanecer.

duda

(escuchando Aretha Franklin, today i sing the blues)

al llegar al torno que separa los que han pagado de los que no, se despidieron. nos llamamos, vale? vale. se quedaron en silencio. qué buena, la película, no? sí. genial. bueno, pues hasta luego. adéu. adéu. al andar, su espalda comenzó a susurrarle date la vuelta y mírala. en la escalera mecánica, ya era un grito de desesperación. pero luego se acordó de algo que le había contado hacía un par de semanas. era una historia que había visto en el cine. un hombre y una mujer se despedían en unas escaleras. y él pensaba si le gusto, se dará la vuelta. y ella se había girado. ese pequeño recuerdo, que duró sólo cuatro segundos y cuarenta y cuatro centésimas, le hizo sonreír. y también le dio miedo. siguió andando. y no se giró.

la vida no se mide en minutos, se mide en momentos. Brad Pitt, el curioso caso de Benjamin Button.

interrupciones

(escuchando Alice Russell, under the munka moon)

los que aseguran que hay cosas que no se pueden poner en práctica ni con sudor ni con lágrimas, esos que se quedan mirando sin preguntarse ni porqué, ni cómo, ni si merece el esfuerzo, los que están convencidos que no se puede, que por mucho que sudes no alcanzarás a lograrlo, que es una pérdida inútil de tiempo y energía, los que no sueñan que llegan a la meta o que se pierden por el camino, porque no diseñan un camino ni siquiera se lo encuentran de rebote o destino, todos esos, los que piensan que es imposible, no deberían interrumpir a los que lo estamos intentando.

Steffi: y tú no sabías si querías ser psicoanalista o escritor.
Joe: pero tomé partido y me hice escritor y paciente.

Goldie Hawn & Woody Allen, everyone says i love you.

vistas

(escuchando Aretha Franklin, take a look)

desde aquí arriba los los humanos me parecen muy extraños. no sé si es una cuestión de perspectiva o simplemente una cuestión de tipo de ser vivo. por ejemplo, de noche, salen riéndose de sus casas y regresan horas o incluso días más tarde, muy serios, a veces tambaleándose. de día, sin embargo, salen con cara de pocos amigos y regresan más felices. qué ocurrirá en los lugares a los que van para cambiar de humor tan radicalmente? tengo que empezar a tomar notas para mi estudio. creo que eso es lo primero. porque me he propuesto hacer un estudio sobre la naturaleza humana. razones y sinrazones de la conducta humana, un estudio de campo de una geranio en un balcón. ese será el título. sé que me llevará trabajo, pero creo que aún me quedan un par de años de vida, así que creo que el resultado será bastante concluyente. hay muchas preguntas sin respuesta. por qué algunos conducen tan deprisa y otros tan despacio? qué extraña conjunción de instantes y miradas hacen que se alargue el tiempo de espera para besar a quien parece que llevan toda la vida queriendo besar? se miran y se esperan y luego se despiden. con un beso o no. es raro. como lo del humo. por qué algunos de esos cigarrillos que fuman se comparten y dan la risa y otros no? qué hace que canten al caminar? qué son esos extraños cables que les salen de las orejas y que parecen marcar el ritmo de sus pasos o provocar movimientos espasmódicos? dónde se plantan los niños? cómo son sus semillas? son más felices que el resto de las especies? una vez escuché una conversación que decía que el ser humano es el único animal con capacidad de pensar de los que viven en la Tierra. es posible que así sea pero a mí no me parece que un pensamiento racional. aunque puede que me equivoque. el mundo de los humanos es fascinante.

no hay gen para el espíritu humano. Ethan Hawke, gattaca

domingo

(escuchando Coque Malla, la hora de los gigantes. un enorme pedazo de canción)

desde la ventana de su habitación, mira hacia abajo sin demasiadas ganas. de hecho, lo hace por hacer algo, porque está aburrido, porque no tiene paciencia para nada. mira hacia la calle y fuma un cigarrilo tras otro. la cama, llena de ropa, llama a gritos al orden. la mesa de trabajo se esconde bajo cientos de papeles y una enorme pantalla de ordenador de las de tubo, una televisión, los mandos de una videoconsola, revistas de motos, un casco y un par de calcetines que ya han se han adherido a la madera. sobre una estantería, cientos de discos compactos, la mayoría, sin título, se han convertido en reliquias de música casi sin estrenar. en una esquina, una guitarra eléctrica apoyada en un amplificador de enormes proporciones acumula polvo en las cuerdas oxidadas y sirve de perchero de dos chaquetas y una cazadora. un cenicero vomita colillas sobre la mesita de noche y ha tomado el relevo de un ambientador muerto en un enchufe. las paredes se asfixian bajo una maraña de fotos y pósters de grupos musicales y un mapa del mundo que tuvo su momento de gloria hace ya una decena de años. el sol atraviesa los cristales y llega a los ojos tras las gafas de sol. otro cigarrillo. qué aburrimiento. no funciona internet.

ver a alguien entrar en una casa por la puerta es aburrido. es mucho más interesante cuando alguien entra por la ventana. Cameron Crowe, conversaciones con Billy Wilder.

your fukin’ love

(escuchando eso de ahí abajo)

mil novecientos ochenta y ocho. dieciséis años. Wendy James.

de modo que ser adulto era esto, tener un velocímetro que marca de 0 a 210, pero no ir nunca a más de 60. Guillaume Canet, quiéreme, si te atreves.



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