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suerte

(escuchando Lorde, pure heroine, qué extraña hermosura, oiga)

hoy es uno de esos días en el que los cinéfilos seguimos creyendo en el genio, uno de esos de los que llevamos años sin perdernos una de sus gozadas. mejores o no tanto pero gozadas al fin y al cabo. sirva, pues, esta introducción de una de sus mejores obras como pequeño recordatorio.

aquel que dijo más vale tener suerte que talento, tenía un profundo conocimiento de la esencia de la vida. la gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. asusta pensar cuantas cosas escapan a nuestro control. en un partido de tenis hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red y, durante una fracción de segundo, puede seguir hacia delante o caer hacia atrás. con un poco de suerte sigue su trayectoria y ganas. o tal vez no lo hace y pierdes.

Jonathan Rhys Meyers, Match Point.

crisis

lo peor de la puta crisis no era que su economía se hubiera ido al traste. que no hubiera más viajes que alimentaran el hambre de lugares, que no hubiera más cenas ni fiestas porque ha salido la luna, que los escaparates dejaran de guiñarle los ojos, que los regalos quedaran dibujados en un rincón de la memoria de los deseos, que las celebraciones se hubieran convertido en una complicada maraña de operaciones con números azules y rojos, que la sección de delicatessen se hubiera convertido en un bosque de tentaciones prohibidas. ni siquiera casi hubiera borrado su ilusión por trabajar todos los días a base de espadas y tijeras, ni que hubiera cambiado una vocación que le ayudaba a ser un poco más feliz por una lucha contra una centrifugadora que se lo estaba tragando todo, ni que viera como su esfuerzo por continuar ilusionando con cada hora de su jornada laboral bajara hasta casi bajo cero. no, lo peor de la puta crisis es que había entrado hasta el fondo en sus emociones. se despertaba por la mañana como si no llevara ropa, enfundada un cuerpo magullado y triste, sin ganas de darle a sus músculos las razones para continuar moviéndose. la rutina pesaba sobre el ánimo más que sobre la espalda y la sonrisa se estaba convirtiendo en una arruga. estaba empezando a creer que la apatía era un estado normal de los días, que la lucha personal no valía la pena. los mensajes de ánimo no servían. los besos, los abrazos, las caricias no servían. los chistes no servían. la familia no podía ni sabía cómo conseguir una simple sonrisa a la hora de la cena, con todo el día a sus espaldas. los amigos se preguntaban por su desaparición y buscaban una fórmula que transformara el negro en el blanco, o tal vez gris. se había puesto una escafandra y estaba empezando a empañarse por dentro. y eso, desde fuera, parecía difícil de solucionar. casi imposible. luego llegó el sábado. aquella mañana el café con leche se le había quedado frío. se levantó de la silla y se dispuso a calentarlo en el microondas. sus hijos entraron en la cocina, aún en pijama, con una enorme papel en la mano. estaba lleno de dibujos de peces surrealistas, soles con pelos luminosos, y un montón de rayas de colores y nombres de juguetes. mami, mami, mami. mira, hemos escrito la carta a los reyes. tú que quieres? papá ya ha puesto lo que quiere. ahora tú. se quedó quieta. a ver, qué quiero? qué quiero? un regalo muy bonito, les dijo. elegid vosotros lo que queráis. y puede que nada más, pensó.

hay gente que es muy rica y que en realidad son muy pobres. Alberto SanJuan, el otro lado de la cama.

sucesos

(escuchando siglo veintiuno, radio 3)

uno. estimado/a candidato/a, agradecerle el interés mostrado por formar parte del equipo de nuestra empresa en cualquier puesto con tal de no estar en el paro. tras evaluar su candidatura, lamentamos comunicarle que no continua el proceso de selección. reciba un cordial saludo con una sonrisa y meriéndese como pueda el desayuno que le acabamos de amargar.
dos. estimados colaboradores, lamentamos comunicarles que, tras ciento veintidós programas culturales en esta nuestra radio, la de todos, y dadas las circunstancias de crisis en las que se encuentra el país, no tenemos presupuesto para una nueva temporada. de ello se deduce que éste de hoy será su última intervención en los micrófonos. ha sido un verdadero placer tenerles aquí y son ustedes de lo mejor de esta emisora. nos han hecho pasar grandes ratos, pero la situación es la que manda y no tenemos más remedio que prescindir de su espacio. ni que decir tiene que, vamos a hacer todos los esfuerzos posibles para que, pasados los meses de verano y en la nueva programación, estéis de nuevo aquí. muchas gracias con una mano extendida y una sonrisa.
tres. Brian, colgado con los brazos extendidos, atado de pies y manos en forma de letra té, expuesto al sol del desierto y condenado a morir de sed y de hambre, mira a su alrededor, incrédulo. uno de los ladrones, que lleva allí bastante más tiempo que él, le habla. vemos, hombre. ya sabes lo que dicen. algunas cosas en la vida son malas, pueden hacerte volver loco. otras, simplemente, te hacen perjurar y maldecir. cuando estés masticando el cartílago de tu vida, no te quejes, da un silbido. eso te ayudará a sacar lo mejor de las cosas. y mira siempre el lado brillante de la vida, mira siempre el lado positivo de la vida. si tu vida parece jodida, es que has olvidado algo. y es reír, sonreír y bailar y cantar. cuando te sientas deprimido, no seas estúpido, sólo junta los labios y silba. ese es el truco. la vida es absurda y la muerte tiene la última palabra. siempre debes enfrentarte a la despedida con una reverencia. olvídate de tus pecados y ofrécele a la audiencia una gran sonrisa. diviértete, es tu última oportunidad en cualquier caso.
cuatro. 😀

ya sabes lo que dicen los Monty Python, nadie espera a la inquisición española. John Hannah, dos vidas en un instante.

actitud

(escuchando eso de ahí abajo)

faltan dieciocho días para eso de los buenos propósitos. tiempo suficiente para ir pensando en algo que hacer. y sí, esto es un anuncio, pero los hay que saben cómo dibujarte una sonrisa.

it’s wonderful. Paolo Conte, deliciosa Marta.

final

(escuchando incubus, light grenades. qué bueno, señores)

y mientras cientos de miles de seguidores de los pasajeros del Oceanic ochocientos quince de Sydney a Los Angeles se congratulan de haber visto el final de la serie, cientos de miles de toneladas de crudo se esparcen sobre las costas de Loussiana, casi cuatro millones de personas discurren cómo llegarán al mes que viene sin nada en la nevera, un enorme número de seres humanos indagan qué porcentaje de sueldo desaparecerá de sus nóminas, y muchas más exhalan su último aliento porque no han podido tomarse una pastilla que les salvaría la vida, sólo han podido beber agua contaminada, si es que han podido beber, y no esperan a que nadie haga nada por evitarlo. mientras las cafeterías se llenan de teorías sobre la isla, los corresponsales de guerra luchan para que se hable de los conflictos silenciados, las organizaciones no gubernamentales para que los gobiernos les hagan caso y los habitantes de las selvas para que no se talen más árboles. mientras los protagonistas de la serie ven cómo sus seguidores llenan las salas de cine para ser testigos directos del final de un periplo de seis años, los funcionarios de las oficinas de desempleo suspiran ante unas colas cada vez más largas, y los parados contemplan a los responsables de los ministerios a través del cristal del restaurante en el que tienen su comida oficial. mientras unos agradecen el camino tomado por los guionistas y otros reniegan de él, los campesinos recogen el arroz de las paellas de los domingos con el agua hasta las rodillas y el aire cargado de mosquitos, para conseguir que uno de sus hijos llegue a terminar un curso en la escuela más cercana, a sólo cincuenta kilómetros. mientras los fans comentan los finales alternativos a las vidas de Jake, Kate, James, John, Hugo, Sun, Li, Claire y Desmond, muchos no saben cuándo será su último días, pero sí que será pronto. por suerte. por suerte o por cansancio, la serie que más ha hecho para que abriera la veda a las series de calidad en televisión ha terminado. a ver si ahora se puede hablar de otra cosa.

si quieres que te tomen en serio necesitas un peinado serio. Sigourney Weaver, armas de mujer.

(escuchando thrice, the alchemy index vol. 1)

una cámara de fotos digital. una idea tonta. casi cinco mil fotografías. una canción. siete minutos y treinta y seis segundos. una buena mañana de empezar el lunes.

Frances: tal como ha ido mi vida, esa sería una idea malísima.
Katherine: una idea malísima… y no son esas las mejores?

Diane Lane & Lindsay Duncan, bajo el sol de la Toscana.

bitácora

(escuchando incubus, light grenades)

cuaderno de bitácora del Agency Key. las cosas no eran fáciles para semejante embarcación. la crisis mundial había provocado una considerable disminución del número de amarres libres y, cuando conseguían atracar en algún puerto para abastecerse, la falta de víveres de la localidad hacía casi imposible repartirlos entre la tripulación. los otros barcos iban quedándose vacíos, como cascarones de erizos muertos. se hundían irremediablemente en el fondo de las bahías, a la espera de que alguien los rescatara y los reflotara. nadie podía prever el futuro más inmediato. ni siquiera el lejano. por suerte, porque no era por otra cosa, el Agency Key continuaba su viaje. a trompicones y con paradas inusuales y descoordinadas, que sólo servían para mantener la ilusión de que las cosas continuaban funcionando a la perfección, pero continuaba a flote. aún así, la situación no podía durar mucho más. la maquinaria necesitaba aceite, en la cocina buscaban los víveres en los cubos de basura de otros barcos y los camareros se peleaban por conseguir atender a los pocos clientes que subían a bordo. habían tenido que despedir a varios empleados. así, por las buenas, sin avisar y sin poder ofrecerles ni siquiera un mendrugo de pan que llevarse a la boca para su viaje hacia un lugar incierto. seis personas habían quedado abandonadas en un puerto abarrotado de gente a la espera de que llegaran tiempos mejores y sin otros buques en los que enrolarse. entre los que quedaban a bordo, el ambiente se dibujaba con cara de pocos amigos. tanto, que uno de ellos decidió abandonar, tentado por otro buque que cruzó su ruta con el Agency de casualidad. eran tiempos difíciles pero, increíblemente, el barco continuaba a flote. por cuánto tiempo? la marea tenía la última palabra.

No conoces a tus vecinos hasta que hay una crisis. Mathew Goode, match point.

crisis

(escuchando Sheryl Crow, detours. la fidelidad tiene sus pequeñas recompensas)

por suerte o por desgracia, el autobombo de algunos gobiernos nos da de comer. aunque sea con un cohete en la parte baja de la espalda, un taladro en las paredes de la oficina y los nervios a flor de cactus en la piel.
clic-qui-ti, clic-qui-ti, clic. clic, quiti-clic. clic, quiti-clic.

y nadie mejor que Pepe para explicarlo.

y cuando no hay nada más que añadir, no hay nada más que añadir.

interrupciones

(escuchando Alice Russell, under the munka moon)

los que aseguran que hay cosas que no se pueden poner en práctica ni con sudor ni con lágrimas, esos que se quedan mirando sin preguntarse ni porqué, ni cómo, ni si merece el esfuerzo, los que están convencidos que no se puede, que por mucho que sudes no alcanzarás a lograrlo, que es una pérdida inútil de tiempo y energía, los que no sueñan que llegan a la meta o que se pierden por el camino, porque no diseñan un camino ni siquiera se lo encuentran de rebote o destino, todos esos, los que piensan que es imposible, no deberían interrumpir a los que lo estamos intentando.

Steffi: y tú no sabías si querías ser psicoanalista o escritor.
Joe: pero tomé partido y me hice escritor y paciente.

Goldie Hawn & Woody Allen, everyone says i love you.

llovizna

(escuchando pearl jam, ten redux)

dos adolescentes se miran de reojo, uno a cada lado de la parada del autobús. son dos chicos normales, sin nada que destaque de en su indumentaria de vaqueros caídos, camisetas por fuera y chaqueta de chándal. uno lleva unos auriculares enormes alrededor del cuello. el otro, unos mucho más pequeños colgando de sus oídos. se estudian. se gustan. pero no se hablan. el de los auriculares saca la mano del bolsillo y rebusca en el ipod una banda sonora a la mirada de alguna cosa más. qué le digo, piensa. un grupo de extranjeros con la mochila al hombro contempla el horario con cara de no entender nada. a pesar de estar esperando la línea que lleva a la zona turística, no parece que la llovizna que cae sobre sus cabezas les importe lo más mínimo. una pareja de personas mayores escrutan la calle buscando el vehículo que les llevará al hotel. parecen no tener nada en común, uno de esos matrimonios en los que la magia desapareció hace años y ninguno de los dos tiene intención de recuperarla, sólo de pasar los días lo más plácidamente posible. pero, si uno se fija bien, se da cuenta de que están cogidos de la mano. una madre balancea el brazo y mueve, por inercia, el de su hijo que, cargado con una mochila llena de libros, sonríe y hace cábalas sobre si el próximo vehículo que pase lo haga sobre el charco que tienen justo enfrente. pero no. el autobús dobla la esquina y entra en la calle. la parada parece un enjambre de abejas al que acaban de dar una patada. la puerta se abre frente a la pareja mayor. él la deja subir primero. los extranjeros se arremolinan. la madre empuja a su hijo. los adolescentes se encuentran ante los escalones. una vez dentro, se sentarán uno junto a otro.

– a veces pienso que fue una casualidad y otras veces que significaba algo.
– es lo que tienen las casualidades que a veces significan más cosas, no?

Albert Espinosa, tu vida en 65′.



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