Archived entries for necesidad

alehop

(escuchando eso de ahí abajo)

hoy empieza todo.

Elwood: estamos a casi doscientos kilómetros de Chicago, tenemos el depósito lleno, medio paquete de cigarrillos, es de noche y llevamos gafas de sol.
Jake: tira.

Dan Aykroyd & John Belushi, the blues brothers.

decenas

él: muy bien. diez razones o menos. diez cosas que odias en tu vida, que detestas. creo que ya te dije las mías. rápido. sin pensar.
Scarlett: está bien. mis pies. mi matrimonio. mi ropa. la gente lenta. preguntar el camino. el papel y el plástico. las mentiras. el dinero. no, necesitar dinero. necesitar. bien.
él: diez razones o menos. las diez cosas que más te gustan en la vida. diez cosas que podrías conservar, si sólo pudieras conservar diez.
Scarlett: de acuerdo. mi coche.
él: es un coche estupendo.
Scarlett: gracias. mi sobrino. mi tostadora. el árbol que está detrás de casa. el viento.
la música. cualquiera. mi pelo, cuando llueve.
él: Sólo son siete.
Scarlett: sí. tu turno. diez razones o menos. lo que conservaría.
él: mi mujer. mis hijos. sus amigos. el café a las cinco y media de la mañana. una buena evacuación intestinal. no hacer tomas adicionales. el piano. sexo. la palabra escrita. prendas de algodón. y los finales impactantes.
Scarlett: fueron 11.
él: Lo sé.
Scarlett: El cartel dice 10.
él: Lo sé.

Morgan Freeman & Paz Vega, dame diez razones.

aún

(escuchando Leonardo Marques, dia e noite no mesmo céu)

este invierno todavía no ha nevado en las islas del Mediterráneo. es extraño lo que provoca la nieve en lugares en los que habitualmente no se tiñen de blanco con el frío. con los primeros copos, todas las miradas buscan el cielo. los adultos dejan lo que estén haciendo para, durante un pequeño espacio de tiempo, dejar que el frío y el agua helada, etérea, provoque una sonrisa que se mantiene durante el tiempo en que la nieve lo va tiñendo todo de blanco. los niños, por su parte, salen a la calle con la boca abierta para dar un trago helado con sabor a invierno. luego, con el paso de los minutos, buscarán las esquinas, los capós de los coches, cualquier lugar en el que se haya acumulado un mínimo de nieve para hacer una bola y lanzársela los unos a los otros. el frío, en realidad, importa poco. el paisaje pintado de blanco es mejor que cualquier termómetro. es como si todo tuviéramos una hija en blanco en la que, a medida que se funde la manta que lo cubre, se van pintando de nuevo, renovadas, frescas, recién nacidas, todas las cosas que habían desaparecido. evidentemente, la nieve también provoca retenciones de tráfico, accidentes y consumo excesivo de chocolate caliente. incluso algunas (o muchas) cosas, cuando reaparecen bajo el sol, no han quedado todo lo limpias que cabría esperar. pero intentemos buscarle el lado bonito a este culo de vaso que nos queda por beber de dos mil doce, que no está el horno para quemar nada. por ahora, no parece haber probabilidades de que nieve y, en consecuencia, no parece haber posibilidades de sonrisa generalizada. pero es posible que Francesc Mauri (o el hombre del tiempo que cada uno quiera) nos sorprenda cualquier día antes de que se acabe todo esto con un disfruten del lienzo y dibujen lo que ustedes quieran.

nunca recrees lugares basados en tus recuerdos, siempre imagina lugares nuevos. sólo puedes usar detalles. una farola o una cabina telefónica. nunca áreas completas. porque construir un sueño basado en tu memoria es la forma más fácil de perder el control sobre qué es real y qué es un sueño. Leonardo DiCaprio, origen

plan

(escuchando Brad Meldhau, the art of trio, songs)

todos los días empezaba un nuevo párrafo sin dirección concreta. palabras sueltas que, como por arte de conexiones neuronales, se iban buscando las unas a las otras en un baile incansable de notas en la banda sonora de la mañana. al principio, hacía ya casi una década, fue un acto de rebeldía. y, en parte, lo seguía siendo. una forma de decir la productividad es importante, pero no tanto como para no dejarte llevar por las manchas en el pentagrama durante, digamos, unos veinte minutos. había días en los que las rutas se acumulaban en la casilla de salida, pero eran los menos. si sucedía, escribía una línea que se lo recordara para los instantes en los que se ponía ante la página en blanco con el pánico de hoy de qué escribo en los bolsillos. pero, la gran mayoría de los días, no había un rumbo fijo. a partir de una primera frase aparecía una historia, una reflexión o una bazofia de palabras inconexas. últimamente, sin embargo, las ideas se estaban oxidando en la puerta de salida y lo que antes suponía el principio de alguna cosa que podía terminar, ahora no suponía nada. se maldijo y se puso a escribir. la creatividad se apaga si no la usas, no lo sabías? pues no, no lo sabía. engrásala y oblígale a salir a la calle. toma café y sonríe. sal y sonríe otra vez. que el frío te active, que la calle te active, que la gente te active. y, como había leído por ahí, si te dan un papel pautado, úsalo por detrás. fue pulsando teclas una tras otra, intentando no pensar en los destinatarios. sólo escribir. cuánto tiempo duraría? valía la pena continuar o tenía que cambiar de cuento? dudas. pero tenía que poner en marcha alguna cosa. de lo contrario, iba a explotar. bum.

hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que sólo un iluso seguiría insistiendo. pero lo cierto es que siempre he sido un iluso. Ewan McGregor, big fish.

hoy y mañana

(escuchando hoy empieza todo, radio 3)

llega con retraso, una semana (y un mes) después de las últimas líneas antes de decirle hola a las siestas con sofá, café con hielo y un libro entre los dedos, que se cansan y dejan caer las páginas y los párpados, justo después de comer, cuando se sincronizan los sueños. pero llega. el principio de curso, el final del verano, septiembre, el año. llega. y, aunque el día es día de películas, es necesaria una lista de cosas que han pasado y habrá lucha para que sigan pasando. con película incluida en cada punto, por supuesto.

– hablar de cosas importantes y de todo lo demás. como con los niños, que te miran y escuchan y cuentan y ríen y lloran, con ella, con la que cada día es un poco mejor, aunque haya barrancos y olas de proporciones impensables, con ellas dos, que siguen ayudándonos a creer en nosotros, con ellos dos, con los que tenemos aventuras solos y acompañados y las seguiremos teniendo, con ellos ahora cuatro, que suman personas en lugar de restarlas, con ellos cuatro, que siguen ahí a pesar de las montañas rusas. un placer: antes del amanecer y, justo después, antes del atardecer.

– cocinar con música puesta y delantal y copa de vino o cerveza. olvidar algunos vicios del paladar y cambiarlos por otros. con lista de platos y de la compra. por ellos y por nosotros. por la emoción de las papilas gustativas y el estado de ánimo que produce. por que los fogones pueden ser un arte sencillo y preciso. una obligación: deliciosa Martha.

– salir más allá del pueblo, correr aventuras en tren, avión, barco, coche, bicicleta, moto y zapatillas deportivas. dejar los teléfonos apagados y sin cobertura. estimular los momentos de esos que se recuerdan porque salen en las fotos de la memoria. probar cosas y dejar que cada lugar nos regale un poco y dejarnos un trocito en alguna esquina, casi impredecible. una bocanada de aire: hacia rutas salvajes.

– ver películas, muchas, porque sí, porque hace falta, porque es un placer, y porque incluso las peores son películas. devorar fotogramas en pantalla grande y en pantalla más pequeña. recomendadas y sin recomendar. sólo y acompañado de ella y de todos los demás. una emoción: la rosa púrpura del Cairo.

– escribir y leer. dejar que el cerebro se desconecte y que sean las manos las que dicten las teclas a pulsar y las secuencias a dibujar. libre, sin ataduras ni hambre de respuesta, por el gusto de hacerlo y de volver a ejercitar las ideas, el ritmo de las letras en el corazón. una historia magnífica: más extraño que la ficción.

– escuchar música. en vinilo casi siempre y en otros formatos también. no sólo de fondo. escuchar. y dejar que ellos escuchen y, si quieren, entiendan y sientan los instrumentos, los ritmos, las melodías, las letras. Miles Davis y The Clash. dejarse convencer sin prejuicios. una imprescindible: alta fidelidad.

– trabajar con todo en el asador. con normas, porque en esto nos jugamos mucho más que un par de euros, porque es obligatorio el movimiento para estar vivo, porque hay que salir de ésta con la sensación de que estás haciendo bien las cosas, porque para todo hay un momento y cuando se trabaja, se trabaja. porque la inspiración siempre llega, pero hay que hacer muchos dibujos antes de darte cuenta de que es imposible trazar un camino ordenado para llegar. porque hay que demostrar y demostrarse que crees en esto. una inspiración: lugares comunes.

– amar. así, a tutiplén y sin medida. un aplauso, por favor: adivina quién viene esta noche.

me doy cuenta que estoy muy emocionado, casi no puedo estar sentado o tener la cabeza tranquila. creo que es la emoción que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre al principio de un largo viaje cuyo final es incierto. espero poder cruzar la frontera, espero poder ver a mi amigo y estrechar su mano, espero que el Pacífico sea tan azul como siempre he soñado. y espero nunca más perder la esperanza. Morgan Freeman, cadena perpetua.

palabras

(escuchando Norah Jones, little broken hearts)

se pueden decir muchas cosas. pero Juan José Millás, el veintisiete de abril de este dos mil doce, lo dijo mejor que muchos en El País (esa sarta de periodistas de rojos).

un sindiós
desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. he aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. en cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. no es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. a no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos a tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. a nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.

y, para que se note que los que dibujan también saben hacerlo para gritar, ahí va vocenconfutura. por todos los dioses, que no se olvide nadie.

no subestimes nunca el poder de la negación. Kevin Spacey, american beauty.

reunión

(escuchando Hiromi, another mind)

nadie se había metido con ella. nadie le había dicho nada. por lo menos, en la hora y media que llevaban de renuión en el café. todo había transcurrido como siempre transcurrían estas situaciones en los últimos meses. era un encuentro de trabajo en el que se exponían los pros y los contras de una u otra forma de poner en marcha el proyecto. a su alrededor, clientes del café que iban y venían. unos hablaban, otros leían el periódico, otros se aferraban al teclado de sus portátiles como si les fuera la vida en ello. sólo una mujer no hacía nada. estaba sentada sola, con una taza de café vacía sobre la mesa. no miraba a ningún sitio, no escuchaba las conversaciones ajenas, ni movía la cabeza para escrutar las expresiones ajenas. simplemente, no hacía nada. hasta que lo hizo. se levantó muy despacio y sin hacer ruido y abrió los brazos en el mismo sitio en el que había estado todo ese tiempo. el café se quedó en silencio, expectante, mirándola. la mujer abrió la boca y gritó. lo hizo con todas sus fuerzas y durante más o menos quince segundos. era un grito monótono y sin altibajos. luego se calló. bajó los brazos, pagó la cuenta y se marchó sonriendo. durante todo ese tiempo, nadie dijo absolutamente nada. ni siquiera el camarero cuando le cobró el café. aproximadamente cinco segundos más tarde, el murmullo volvió al local como si no hubiera ocurrido nada.

Si se teme el mañana es porque no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en el hoy. Garance Le Guillermic, el erizo.

bocanada

(escuchando Terence Blanchard, a tale of God’s will)

miró hacia arriba, hacia la entrada de luz. las paredes del pozo parecían imposibles de escalar. húmedas, cubiertas de líquenes, dejaban resbalar las gotas de lluvia. tenía que buscar una estrategia, una forma de avanzar hacia el exterior. nunca había sido buen deportista, ni siquiera deportista, pero tenía manos y pies y espalda y rodillas, y tenía que usarlas. fuerza y entereza más allá de lo que hubiera pensado. miró hacia arriba y respiró un poco mejor.

tras un silencio demasiado largo para ser un silencio, decidió volver. aunque fuera en corto. aunque fuera en rápido.

el americano

(escuchando Click Corea & Hiromi, duet)

hay películas que dan mucho más de lo que tienen. y que se ven mucho mejor al salir de la sala. éste es sólo un ejemplo.

Eduardo o Jack o el señor Mariposa está cansado de su trabajo. su vida le ha convertido en un ser sin emoción, vacío de sentimientos, carente de una personalidad visible. porque Jack o el señor Mariposa o Eduardo es un hombre invisible. una de esas personas a las que nadie conoce, de las que nadie sabe casi nada. ah, sí, el americano. estuvo tomando café aquí durante una semana. luego desapareció. no hablaba con nadie, no miraba a ningún sitio, sólo leía el periódico. y luego pagaba y se iba. parecía una persona educada, de las que no causan problemas. o me alquiló una habitación. me pagó por adelantado. y luego se marchó sin dejar ni una sola huella de que había estado ahí. pero Jack o Eduardo o el señor Mariposa no es un hombre cualquiera. sólo lo sabe él. él y el hombre para el que trabaja, con el que mantiene una relación puramente comercial, con el mantiene conversaciones únicamente para tratar los temas verdaderamente importantes de su trabajo. luego se alejan el uno del otro. pero el señor Mariposa o Eduardo o Jack está cansado. antes no fallabas, le dice su jefe. y es cierto. antes no fallaba. porque está cansado, porque sabe que incapaz de escuchar más allá de su propio corazón. antes no tenía que pensar. lo hacía. entraba en un local y, antes de sentarse, ya había reconocido el lugar palmo a palmo y sabía más de los que estaban en él que muchos de sus conocidos. pero el paso de los años no perdonan y pierde facultades. por eso quiere dejarlo. aunque no sabe cómo. Eduardo o Jack o el señor Mariposa ha empezado a pensar. y, sobre todo, a sentir más allá de ahora.

padre Bendetto: un hombre puede ser rico, si tiene a Dios en su corazón.
Jack: no creo que Dios esté muy interesado en mi, padre.

Paolo Bonacelli & George Clooney, el americano.

sé valiente

(escuchando temple of the dog, temple of the dog)

mañana es el último día del año antes de la desconexión festiva. pero mañana es viernes y toca cine, así que hoy es la última oportunidad para los deseos de año nuevo.

sólo uno.
porque a veces se necesita algo más que medicinas.

lo deseo con mayúsculas. Natalia Verbeke, apasionados.



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