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pose

(escuchando Cliff Martinez, bso drive)

basado en el cortometraje página 23, visto en el blog vecindad gráfica.

él estaba sentado en un taburete alto, frente a la isla de la cocina, con el portátil de la marca de la manzana en frete. sonreía con los dientes blanqueados, iluminado por la lámpara de media esfera plateada que colgaba justo sobre la trituradora. ella estaba de pie, junto a la vitrocerámica de diseño, la campana de diseño, la estantería de diseño llena de libros de lomos de diseño, con uno de esos libros en la mano, con cara de qué interesante es todo esto. no estás cansado de estar aquí?, le preguntó ella. él, casi sin inmutarse y sin mover los labios contestó es nuestro trabajo. ya sé que es nuestro trabajo, pero no estás cansado de estar aquí? había dejado su postura forzada y ahora balanceaba el libro de derecha a izquierda y se movía por la cocina del catálogo de la tienda de muebles con soltura. yo no tengo queja, dijo él. tengo este magnífico ordenador y esta preciosa lámpara. pues yo estoy harta. pero, y tu libro, no es interesante? mi libro? le dio la vuelta y le enseñó las páginas en blanco. quiero salir de aquí, gritó ella. cállate, que nos van a mirar, advirtió él casi susurrando. ambos volvieron a su pose inicial. alguien había cogido el catálogo y lo estaba hojeando. al pasar por su página, la dieciocho, se detuvo unos instantes. durante ese lapso de tiempo, ellos no respiraron. giró la página. pues yo ya no puedo más, dijo ella, me voy. pero qué haces?, cómo te vas a ir? adiós, fue lo último que escuchó. fue saltando de página en página. siempre le habían dado rabia los de la página catorce, una familia que jugaba con sus hijos. se detuvo y gritó. los niños se pusieron a llorar. ella cambió de página una vez más. hasta que llegó a la portada. intentó salir, pero no lo consiguió. caminó por el lomo y cayó al suelo. se quedó sentada junto al montón de catálogos de la entrada de la tienda de muebles. nadie pareció extrañarse. atravesó la puerta de cristal y sin decir una palabra. la chica que trabajaba en el mostrador, atendiendo a los clientes, la vio marcharse. descolgó el teléfono y marcó el cero. oye, que tenemos otra deserción. sí, la chica de la página dieciocho. sí, luego dicen que no hay trabajo. ya, claro. bueno, pues eso, que hay que buscar a alguien ya.

que se jodan Nota, vamos a la bolera. John Goddman, el gran Lebowski.

uvedobles

(escuchando Trombone Shorty, backatown)

me llamo Dalton Russell, presten atención a lo que digo, pues escojo mis palabras con cuidado y nunca me repito. les he dicho mi nombre, soy el quién. el dónde podríamos describirlo como una cárcel. pero hay una enorme diferencia entre estar en una celda diminuta y estar en una cárcel. el qué es fácil. hace poco he puesto en marcha y llevado a cabo los planes para ejecutar el atraco perfecto a un banco. eso incluye el cuando. y el porqué, a parte de la motivación económica, es así de simple: porque puedo. lo cual nos deja solo el cómo y, señores, he ahí la cuestión, como diría Shakespeare.

Clive Owen, plan oculto.

vigilancia

(escuchando Ben Harper, give till it’s gone)

llevaban meses esperando a que saliera de su apartamento. aquel sospechoso parecía poder subsistir entre cuatro paredes. qué comía? con quién hablaba? qué hacía para vivir? cada dos días cambiaban el coche y aparcaban en otro sitio, para no levantar demasiadas sospechas, pero se pasaban las horas sentados, mirando a través de los cristales, su puerta y sus ventanas, escrutando cualquier indicio de movimiento que les diera una nueva pista sobre sus actividades. la pareja de agentes, un hombre de unos cuarenta y largos, de poco pelo, bebedor empedernido de café y amante de la bollería industrial, y una mujer de unos años menos, con cara de pocos amigos, gafas de montura fina y pelo rizado, adicta las noticias judiciales de los periódicos, escuchaban la radio y hablaban poco. cuando les mandaron la misión, se sintieron un poco defraudados. tanto tiempo en el cuerpo para esto. una vigilancia siempre era aburrida, y más si se trataba de hacerla sobre un tipo del que sólo tenían referencias y que las investigaciones no apuntaban más que a conjeturas y retales de información unidos con alfileres. y peor aún si tenían que hacerla con alguien con quien no se llevaban especialmente bien. pero había que pasar el tiempo. de vez en cuando, él le miraba las piernas y las manos, que ojeaban las páginas con soltura. ella, por su parte, no podía apartar la imaginación de su cuello y sus hombros, siempre resguardados por ropa demasiado gruesa para su gusto. había días que las horas pasaban deprisa, casi sin darse cuenta. otros, el reloj parecía haberse detenido en el interior de aquel coche familiar, hoy granate, mañana verde botella, que no tenía nada de especial, simplemente estaba ahí. era una calle transitada, con suficiente tráfico de gente y vehículos, como para que nadie sospechara nada. una tienda de licores, un quiosco de prensa y revista, dos comercios asiáticos, tres bares y un par de tiendas de ropa, hacían la espera mucho más llevadera. voy a comprar un periódico, quieres algo?, preguntó ella. él sólo la miró. se hizo un silencio denso. incluso la radio parecía haber dejado de emitir. en el momento en que el sospechoso salió de su casa, con una bolsa de deporte colgada a la espalda, ellos estaban revolcándose en el asiento de atrás.

él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba. tras sus gafas de montura negra se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Nueva York era su ciudad y siempre lo sería. Woody Allen, Manhatan.

sed

(escuchando Ben Harper, give till it’s gone)

la historia del Rey Pescador comienza cuando, siendo niño, el rey tiene que pasar una noche solo en el bosque para demostrar su valor y poder convertirse en rey. mientras pasa la noche solo, le sorprende una visión sagrada: en la hoguera se le aparece el Santo Grial, símbolo de la gracia divina de Todopoderoso, y una voz le dice al niño: tu custodiarás el Grial para que pueda curar el corazón de los hombres. pero el muchacho quedó cegado por la visión más impresionante de una vida llena de poder, gloria y belleza. y en un estado de inmenso asombro sintíose no como un niño, sino invencible. como Dios. se acercó a la hoguera para coger el Grial y el Grial desapareció, quedando su mano en el fuego que le produjo grandes quemaduras. a medida que el niño crecía, la herida se hacía más profunda. hasta que un día, la vida perdió aliciente para él. ya no tenía fe en los hombres ni en sí mismo. no podía amar ni ser amado. estaba hastiado por sus experiencias y empezó a morirse. cierto día, un tonto entró en el castillo y encontró solo al rey. y, al ser tonto, era un ingenuo, y no vio que era el rey. sólo vio a un hombre a solas, lleno de dolor. y le preguntó al rey qué te aflige, amigo?. y el rey le respondió estoy sediento. dame agua para refrescar mi garganta. y el tonto cogió una copa que estaba junto a su lecho, la llenó de agua y se la dio al rey. y cuando el rey comenzó a beber, se apercibió que la herida estaba curada. miró a sus manos y allí estaba el Santo Grial que había buscado durante toda su vida. se volvió hacia el tonto y le dijo cómo has encontrado tú lo que mis más valientes hombre no han podido?. y el tonto respondió no lo sé. sólo sé que tú tenías sed.

Robin Williams, el Rey Pescador.

discusión

(escuchando Janelle Monáe, the archandroid. a esto le llamo yo siute)

me gusta el anecdotario de Alfred. es un lugar lleno de joyas como esta.

entre la multitud que esperaba el tren en la estación de Cambridge, ellos dos destacaban sobre los demás. eran el filósofo Ludwing Wittgenstein y una colega. lo que había comenzado como una amable charla se había convertido en una discusión de magnitudes insospechadas. a su alrededor, los viajeros se despedían de sus seres queridos y subían a los vagones. las maletas iban desapareciendo del andén mientras con cada nuevo concepto en el que profundizaban. sus voces se elevaban sobre el bullicio, pero ninguno de los dos se percató de que, prácticamente, se habían quedado solos en el andén. el silbato del jefe de vías anunciando la salida de la locomotora, les devolvió a la realidad. al darse cuenta, Wittgenstein comenzó a correr tras el último vagón. su colega, tras él. Ludwing, Ludwing. le llamó varias veces, pero el filósofo ya se había subido al tren y le tendía la mano. ella se quedó de pie, recuperando el aliento, mientras veía agitar el brazo de su amigo. uno de los mozos se acercó y le dijo no se preocupe, señorita, dentro de diez minutos sale otro tren en la misma dirección. ella, sin apartar la vista de las vías, le contestó. usted no lo entiende. él había venido a despedirme.

es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a ti mismo. Kevin Spacey, american beauty.

ronda

(escuchando Lucia Micarelli, music from a father room)

maldita sea, me tenía que tocar a mí. ciento veintisiete, te toca salir. la maldita ronda. por qué tenemos que seguir haciendo la ronda? ya sabemos que la cosa esta jodida, que los robots siguen campando a sus anchas por lo que queda de ciudad, y que no tenemos opción contra ellos. si te encuentras con un robot, corre. esa es la premisa. y si alguna vez piensas en hacerte la valiente, haz un repaso de los nombres de los que ya no están. el capitán lo tiene muy claro porque él no hace rondas. no ataques, sólo corre. y esquiva como puedas sus disparos, claro. pero si no les atacamos, cómo vamos a saber de qué se alimentan y cómo destruirlos? ese no es tu trabajo, pequeña. deja pensar a los mayores. los mayores. su superioridad de machito egocéntrico me saca de quicio. y luego se sientan en un despacho a beber y fumar los pocos cigarrillos que quedan en el planeta. un cigarrillo, daría lo que fuera por un cigarrillo… eh, qué ha sido eso? algo se ha movido detrás de esas ruinas. eso es el Parlamento? joder, sí que he llegado lejos, no tendría que haber llegado hasta aquí. el jefe se va a cabrear. pero ahí atrás hay algo. se ha vuelto a mover. parece un brazo de robot. pero los robots no son tan grandes. qué cojones es eso? tengo que acercarme. menos mal que la semana pasada solucioné lo de los amortiguadores de los zapatos. con tantas ruinas es imposible pasar desapercibida si tienes los amortiguadores jodidos. un poco más cerca. mierda, es un robot. un robot gigantesco. nunca había visto uno tan grande. con un robot como este, tendríamos que emplearnos a fondo para cargárnoslo. hostias, hay cientos. esto no tiene buena pinta. van a destrozarnos. tengo que avisar al jefe.

Westley: la batalla de ingenio ha comenzado. y acabará cuando escojáis y bebamos. sabremos quien ha acertado y quien ha muerto.
Vizzini: eso es muy fácil. lo único que debo hacer es deducirlo por lo que se de vos. si sois la clase de hombre que vertería el veneno en su copa o en la de su enemigo.

Cary Elwes & Wallace Shawn, la princesa prometida.

arriba

(escuchando BB King, one kind favor)

a cada paso que daba, el aire se iba enfriando. su cuerpo semidesnudo contestaba la altura con un inusual número de poros en estado piel de gallina. los escalones parecían no tener fin ni principio. desde que había empezado a subir, el nudo del estómago se iba apretando cada vez más y ese pánico a las alturas se convertía en un peso sobre sus hombros que no era capaz de saber si soportaría o no. pero tenía que soportarlo. si superaba aquella prueba, dejaría de ser un gallina para siempre y nunca más se sentiría inferior ante nadie, ante nada. lo peor era que había esperado tanto para dar el paso que ahora le parecía todo mucho más complicado de lo que en realidad era. porque, en realidad, el acontecimiento no tenía nada de especial. muchos eran los que lo habían intentado antes y lo habían conseguido sin ningún problema, sin consecuencias que dos cañas y unas risas no pudieran superar. así que se había armado de valor y se había decidido. ahora era el momento. continuó subiendo sin mirar más que a sus propias manos agarrando la escalera. hasta que no hubo más escalera. se sentó en lo más alto y respiró para tomar aire. ya había pasado la primera fase. ahora quedaba lo más difícil. poco a poco, se fue incorporando y acercando al borde. allí arriba no hacía tanto frío como había pensado y eso le dio ánimos. miró hacia adelante y vio la ciudad al fondo. el rumor de la gente se fue disipando. estaba decidido. iba a saltar. comprobó que llevaba el bañador perfectamente atado. miró hacia abajo. la piscina no estaba tan lejos.

nidos tepentes absilunt aves, saltan las aves del calor de los nidos. libertas viorum fortium pectora acuit, la libertad estimula el espíritu de los hombres fuertes. Fernando Fernan-Gómez, la lengua de las mariposas.

capicúa

(escuchando vvaa, cold sweat)

hay días en los que vas tarde o, directamente, sabes que no puedes. entonces te encuentras con una joya. y te sientes en la obligación de compartirla.

seguirán viniendo y seguirán muriendo, porque la historia ha demostrado que no hay muro capaz de contener los sueños. Rosa Montero, 14 kilómetros.

principio

(escuchando the xx, xx. un disco fácil, dicen algunos)

el planeta era principalmente una gran llanura casi interminable. tenía algunas pequeñas colinas que se compensaban con diminutos valles sin apenas inclinación, y poco más. la tierra era de color rojizo, como si hubieran machacado cientos de ladrillos de barro rojo y los hubieras esparcido desde el espacio. sobre la superficie, esparcidas aquí y allí, se levantaban grupos de estalagmitas de diversos tamaños que nos transportaban al interior de una cueva con las estrellas como único techo. pero lo que más nos llamó la atención, algo a lo que más tarde nos acabaríamos acostumbrando, fue el silencio, el enorme y devastador silencio que pesaba en el aire. no había ni un ruido. nada. sólo la sensación absoluta de soledad que nos impregnaba a través del traje. y allí estábamos nosotros para cambiarlo todo, para estudiar la posibilidad de crear una colonia, para llenarlo todo de viviendas y de familias felices. es curioso como ahora, desde la distancia, me doy cuenta de que sólo nuestra presencia allí, ya era algo fuera de lugar, que rayaba el óleo de su pureza, que violaba su pausa cristalina. el sonido de nuestras respiraciones a través de las máscaras que nos cubrían la cara fue lo primero que rompió la paz que, a simple vista, reinaba en aquella pequeña roca esférica en la que habíamos aterrizado por orden de la compañía. nadie se atrevía a dar un paso más allá de la escalerilla de la que acabábamos de descender. el peso de la llanura roja y quieta nos impedía mover los pies. la radio retumbó en nuestros oídos. vamos, vamos, señoritas, que no están aquí para hacer turismo. muévanse. ya. la voz del comandante nos despertó del lapso de tiempo vacío en el que nos habíamos quedado pausados. ojalá no lo hubiera hecho nunca.

yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Rutger Hauer, blade runner.

luz

(escuchando Eli Paperboy Redd, roll with you)

cuando escuchó que aquella chica iluminaba la habitación con su presencia, le impactó. y más aún cuando la vio entrar por la puerta en la fiesta. era verdad. era una jovencita sin nada especial. no era extremadamente bonita, ni vestía especialmente seductora, simplemente desprendía una luz que hacía que te fijaras en ella. a su alrededor, todo era brillante y estaba impregnado de una extraña sensación de paz y tranquilidad. la miró durante toda la noche, sin atreverse a hablar con ella, ni siquiera a estar a menos de dos metros de su cuerpo. se obsesionó con su luz, con su forma de hablar y de moverse, de reírse y de bailar. lo hacía todo de una forma completamente natural, sin esperar nada a cambio, sin querer provocar nada concreto. simplemente, lo hacía. contempló la posibilidad de acercarse, pero la descartó enseguida. ella no desprendía ninguna luz, es más, la absorbía. siempre le habían dicho que era una persona gris y triste. y no quería ser la culpable de que se perdiera aquella magnífica sensación de bienestar. antes de irse, sacó el móvil y le hizo una foto. esa noche, miró la foto una y otra vez. y pensó que si conseguía iluminar, siquiera artificialmente, una parte de su cuerpo, tal vez pudiera acercarse a ella sin miedo. se le ocurrió una idea. buscó una bombilla y la enroscó a un portalámparas. lo enchufó y la resistencia se volvió incandescente. cerró los ojos y se la puso en la boca. el calor del cristal era similar al de aquella chica. ahora sólo quedaba que durara siempre. la mordió. la bombilla se apagó al instante. sintió el cristal cortante en la lengua y el paladar. no, aquella no era la forma. escupió y se lavó la boca con cuidado. una vez repuesta, lo volvió a intentar, pero esta vez tragándose la bombilla. le costó sudores y arcadas que atravesara la garganta, pero lo consiguió. la bombilla se apagó al entrar en su cuerpo. tampoco era la forma. se sentó en la cama, vencida, con ardor de estómago y la boca llena de cortes. se durmió. a la mañana siguiente, se sintió una estúpida. dolorida, se duchó para ir a trabajar. no desayunó. en la oficina, se enfrascó en trabajo rutinario y solitario, para que nadie la molestara. no lo consiguió. sus compañeros de trabajo, tan distantes hasta esa mañana, se acercaban continuamente a preguntarle cosas absurdas. le reían los comentarios, se sinceraban sobre su vida y pasaban a su lado y le sonreían. incluso le invitaron a café dos veces. no lo podía creer. eso no podía estar pasando. fue al baño a lavarse la cara. el agua le provocó un pequeño espasmo de frescor. se miró al espejo y se dio cuenta. no había tenido que encender la luz.

no eres perfecto amigo y voy a ahorrarte el suspense: la chica que conociste tampoco lo es. Robin Williams, el indomable Will Hunting.



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