Archived entries for felicidad

idiosincrasias

Will Hunting: quedé con una chica.
dr. Maguire: cómo te fue?
Will Hunting: estuvo bien.
dr. Maguire: volverás a verla?
Will Hunting: no lo sé.
dr. Maguire: por qué?
Will Hunting: no la he llamado.
dr. Maguire: eres un aficionado.
Will Hunting: sé lo que estoy haciendo.
dr. Maguire: sí?
Will Hunting: sí. no se preocupe. está controlado. sí, pero esa chica es, ya sabe, bonita, lista, divertida… distinta de las otras que he conocido.
dr. Maguire: pues llámala, Romeo.
Will Hunting: para qué, para que me dé cuenta de que no es tan lista? de que es tope aburrida? no sé yo… esa chica ahora es perfecta y no quiero estropearlo.
dr. Maguire: quizá lo que te preocupe es que tú dejes de ser perfecto. te has montado una filosofía perfecta. de ese modo podrás pasar toda tu vida sin conocer a nadie de verdad.
Will Hunting: …
dr. Maguire: mi mujer se tiraba pedos cuando estaba nerviosa. tenía esos pequeños detalles que la hacías maravillosa. se tiraba pedos mientras dormía.
Will Hunting: jaja.
dr. Maguire: no debería haberte contado nuestro secreto. una vez soltó a uno tan fuerte que despertó al perro. jaja.
Will Hunting: jajaja.
dr. Maguire: ella se depertó y dijo has sido tú y yo le dije sí.
Will Hunting: se despertó del ruido?
dr. Maguire: sí. Dios mío, lleva muerta dos años y sólo recuerdo estas chorradas. son maravillosas, sabes? esos pequeños detalles son una de las cosas que encuentro a faltar. las pequeñas idiosincrasias, como yo las llamaba. la convertían en mi mujer. y ella sabía muchas cosas de mí, conocía todos mis pecadillos. la gente llama a estas cosas defectos, pero no lo son. son lo mejor. nosotros escogemos a quién dejamos entrar en nuestro mundo. no eres perfecto, amigo. y, voy a ahorrarte el suspense, la chica que conociste tampoco es perfecta. lo único que importa es si sois perfectos como pareja. esa es la clave. la intimidad se basa en eso.

Matt Damon & Robin Williams. el indomable Will Hunting.

continuación

(escuchando el sonido de la calle)

hoy es el último texto antes de que el dos mil trece haga su aparición en nuestros calendarios. un año de esos en los que la lista de buenos propósitos se reduce a lo básico. ganas, fuerzas, sonrisas, amor, salud. así que, a pesar de que es viernes y es día de cine, sin que sirva de precedente, apetece continuar una historia que empezó hace años y que maduró como principio de algo más grande.

el detective Nestor Castillo se quedó sentado en la butaca, mirando la foto de aquella hermosa mujer que se reía. a pesar de que su nueva cliente ya se había marchado, podía ver su imagen perfectamente nítida, sentada en la silla, triste, apagada, sin colores. necesito que encuentre a esta persona, le había dicho, y le había entregado la foto que ahora tenía entre las manos. él, sin pensar en las dificultades de un caso así, lo había aceptado. aunque sólo fuera por intentar llegar a fin de mes o, sin admitirlo, porque le encantaría ver sonreír a alguien como ella. tal vez incluso con él a su lado. ser un detective soñador no le estaba llevando a ninguna parte, eso lo sabía. pero ponerse el traje de duro le había servido durante muchos años. ahora también? por dónde se empieza a buscar la alegría de alguien? no tenía ni la más remota idea. encendió su enésimo cigarrillo y echó el humo despacio. la foto quedó atrapada en la niebla espesa, que se quedó allí, flotando, como si quisiera devorar la imagen. el detective sopló despacio. el humo fue desapareciendo y dejó entrever los pequeños detalles que había en aquel trozo de papel brillante. las luces de algún bar servían como fondo de un decorado que se completaba con otros elementos clásicos de una noche de copas. en primer plano, una mesa baja, en la que había un par de botellas de cerveza medio llenas, dos vasos de tubo con, aparentemente, gintónic, a juzgar por las botellas de tónica que los acompañaban, un cenicero con tres colillas apagadas, y un plato con frutos secos. detrás de la mesa, un sofá rojo y, a los lados, dos pequeños taburetes cilíndricos, tapizados de tela del mismo color. en el centro de la imagen, sentados en el sofá, sofá había cuatro personas que se habían juntado para hacerse la foto. la segunda por la izquierda era ella, con la boca abierta, riéndose con todo el cuerpo. cerró los ojos y escuchó. en el local sonaba música pop, el little talks de of monsters and men, que hacía que el tiempo se detuviera en un instante de perfección. les oyó decir esto hay que inmortalizarlo. vamos a hacernos una foto. oye, nos puedes hacer una foto?, le preguntaron al camarero que pasaba por allí. claro. y se juntaron todos en el sofá. decid gintóniiiic, les dijo el joven vestido de negro y zapatos rojos, con la cámara en la mano. todos rieron. el flash lo iluminó todo. el detective volvió a abrir los ojos. podía empezar por ahí. cogió un bolígrafo y abrió la libreta por una página en blanco. cosas que la hacían feliz, escribió. y empezó una lista.

y ahora, algo completamente diferente… un hombre con tres nalgas. John Cleese, the Monty Pyton flying circus.

feliç 2013.

fiesta

(escuchando Norah Jones, little broken hearts)

Sant Jordi fue a rescatar a la princesa de las fauces del dragón que estaba a punto de devorarla. blandió su espada en el aire y le atravesó el cuello. le sangre roja salió a borbotones y, de ella, nació un rosal inmenso. Sant Jordi recogió la primera rosa y se la entregó a la princesa. gracias, le dijo con un beso. y se fue a sentar junto a los otros niños que escuchaban el cuento. luego hubo fiesta, sonó música y todos se pusieron a bailar haciendo un círculo. los caballeros con sus cotas de malla y espadas, y las princesas con sus sombreros y faldas de tul. pintaron cuadros, jugaron, construyeron un fuerte en un árbol, comieron dragonburgers y tarta de castillo del dragón, se revolcaron por las balas de paja, intentaron escapar del aspersor, se rieron mucho, hicieron turnos para montar en la moto de batería, compartieron horas y sol y ganas y cansancio posterior. el calor ayudó a que los tres años de Lluís fueran una celebración por todo lo alto. el calor y el increíble, descomunal, fantástico y colorido trabajo de Nani, que se dejó la piel y el tiempo y la dedicación en conseguir que el cumpleaños de su ahijado fuera memorable. un poco culpables, pensamos que tal vez había hecho demasiado, pero su sonrisa de felicidad y el llanto por tener que quitarse su traje de caballero no dejó lugar a dudas. como otras veces, se superaron con creces las expectativas de éxito y felicidad en los verdaderos protagonistas de la fiesta. todos, incluso el señor que se encarga de las temperaturas y las nubes y el sol, pusieron un poco de su parte para que él pudiera tener una fiesta magnífica. ja s’ha acabat? ha preguntado esta mañana un poco triste antes de ir a escoleta. en voz baja, hemos tenido que decir que sí. también un poco tristes, hemos tenido que volver a sentarnos frente a la pantalla para olvidarnos de imaginar y convertirnos de nuevo y hasta que nos dejen, en autómatas de la producción gráfica. dice Raquel que en tres años le hemos dado la vuelta a aritmética y que uno más uno han resultado ser cuatro. siento decirte que el sábado como otras excepciones únicas cada año, la suma dio doce y un montón de aspirantes a Peter Pan. qué gozada. molts d’anys, petit. y gracias a todos.

y espero nunca más perder la esperanza. Morgan Freeman, cadena perpetua.

recambios

(escuchando the bad plus, these are the vistas)

Ann: cuando somos felices no nos damos cuenta, eso también es injusto. deberíamos vivir la felicidad intensamente y tendríamos que poderla guardar para que, en los momentos en que nos haga falta, pudieramos coger un poco. del mismo modo que guardamos cereales en la despensa o recambios de papel higiénico por si se acaba, entiende?
cajera: por qué necesita recambios?
Ann: y usted no? ya es bastante feliz?
cajera: no, no lo soy. pero no creo que lo necesite.

Lyly Taylor & Patricia Burgos, cosas que nunca te dije.

Lisboa

(escuchando vvaa, calle 54, música para los amigos)

Lisboa parece desmoronarse un poco cada díá. las manos de los que piden una ayuda se multiplican a la misma velocidad que los que ofrecen trapicheos a precio de ganga y mercados de objetos antes valiosos que ahora sólo acumulan polvo, y que ahora dan de comer a los que luchan por tener algo en la nevera, si es que tienen nevera. la ciudad parece palpitar al ritmo de una crisis que ha barrido unos países más que otros y deja indefensos a muchos más de los que hubiera podido imaginarse. y su arquitectura, como lleva haciendo desde hace años, le acompaña. es una ciudad de fachadas que se caen a trozos, de azulejos de colores a los que les falta un pedazo, de adoquines irregulares que se separan del resto con indiferencia ante los pies de los turistas que los recorren y de los lisboetas que los pisan. Lisboa es una cuidad de cafés que en un tiempo marcaron el devenir de la cultura de un país y que ahora son encuadres de cámaras que los exportarán a todo el mundo, de tascas de vino, queso y sardinas, de ruido y manteles de cuadros. las calles suben y bajan en una maraña impenetrable para los cartógrafos que dibujaron los planos que ofrecen en las oficinas de turismo y en las que los visitantes se pierden una y otra vez. porque para eso están, para perderse, para dejar que sean los pies los que marquen el camino a recorrer. no hay grandes hitos que sean de suma importancia, sólo una ciudad que crea la necesidad de visitar cada esquina y cada edificio con cada descubrimiento. y viajar así, sin más marcas en el calendario que las que obligan los billetes de avión, ni más horarios que los que impone la luz del día o la noche, es algo que despeja, empuja, levanta, ayuda, discrimina lo bueno de lo malo, separa lo importante de lo nimio, despeja las luces de las sombras. y hacerlo porque hay alguien que te quiere que te hace un regalo como éste, es todavía mejor, como cuando miras la primera vez, caminas de la mano la primera vez y ves como el pedacito que te faltaba ha acompasado sus pasos a los tuyos, y ya no se marchará de tu lado. qué más se puede decir, además de gracias?

qué bien, Lisboa. Nawja Nimri, piedras.

aventura

(escuchando Ben Harper & the relentless7, live from the Montreal international jazz festival)

esta tarde, la niña con nombre de agua me acompañará en una aventura de casi tres días de la que no sabemos nada. una cita en un lugar concreto, una bolsa con ropa, un libro, la cámara de fotos, y mucha ilusión. el resto, es un misterio que será desvelado en su momento. yupi.

Gómez: infeliz, querida?
Morticia: absolutamente.

Raul Julia & Angelica Houston, la familia Adams.

píldoras

(escuchando Ben Harper, give till it’s gone)

antes de apagar el teclado, hace ya casi dos semanas, decidieron que cambiar de década era suficientemente importante como para una cata de gintonics y recuerdos y fotos y música y amigos y familia y ella, siempre ella, organizándolo todo desde el silencio. joder, cómo se puede medir todo eso en palabras que signifiquen lo que quiero que signifiquen? ese fue el pistoletazo de salida. píldoras de libertad.

nos gusta mucho tu propuesta. la puedes tener para el martes? y los dedos empezaron a echar humo, como lo hacían años atrás, cuando no había que buscar bajo las piedras del fondo del mar una forma para que los números no se tiñeran de rojo antes de la segunda decena. tensión y algo de tristeza. pero luego el teléfono dejó de tener cobertura, se desconectó internet y la televisión. y salió el sol y jugamos a la pelota con los niños en manga corta y andamos por el bosque. ellos. por fin, ellos. y uno de esos días fue el que marcaba la cuarta década. cumplir diez días después de celebrar por sorpresa es raro, lo convierte todo en un día normal. pero no es normal, porque ya lo has celebrado, ya has sentido que han pasado un montón de años y que van a pasar muchos más en casi la misma compañía. y algunas lágrimas de emoción por quince líneas escritas en una postal de un lugar que hacía tiempo que no recordaba. y más emociones contenidas que salen a la luz. gracias a millones. ya de noche, cenamos con ellas, que nos demuestran cada vez que el amor tiene todas las formas que queramos imaginar, con la sinceridad como única carta, y más gintónics y risas y algo de tristeza, pero menos que las ganas de seguir adelante que van implícitas en semejantes abrazos. y un regalo, tal vez no suficientemente agradecido con palabras, pero sí con latidos, lo prometo. luego reapareció la tecnología en forma de tres dimensiones en una pantalla enorme y una película sencilla. desde la butaca de al lado, sentado en el alzador, él dice sin gafas no se ve bien, papá. y se las vuelva a poner con las ganas del que no quiere que se termine nunca el espectáculo que está contemplando. y, aunque las pantallas también hablaron de trabajo y los dedos volvieron al ajetreo del código, el mundo seguí girando, ajeno. así que, a la espera de acontecimientos, subirse a la montaña rusa y al látigo y al scaléxtric y a un montón de atracciones con ellos fue un placer en el que nos volvimos Peter Pan para acompañarles. incluso a los más pequeños. luego, al final de la tarde, Jana decidió que ya era momento de dormir entre mantas y comer del pecho de su madre y sentir su piel y acurrucarse en los brazos de su padre y dejar a su hermano con esa sensación expectante de que todo está por venir, pero aún no sé muy bien qué. nosotros, desde el otro lado de la minúscula cuna, le sonreímos y le decimos, bajito para que no se despierte, hola, preciosa, bienvenida. y los niños la miran y entre curiosos y emocionados, contagiados por los ojos brillantes de los que sentimos que las luchas, como mejor se ganan, es en silencio y con el corazón palpitando. lo siento, pero ahí va: jódanse señores que dijeron que esto nunca pasaría, jódanse con todas las letras. porque lo celebramos con burbujas y risas y una gran comida y los abuelos felices. tanto como nosotros. tanto como yo, por tener a una niña que hace que todo lo escrito sea minúsculo cuando la pienso y con la que las piezas del puzzle encajen, aunque haya días que se den la vuelta, aunque haya silencios y miradas. el agua me dio su nombre y yo le regalé los latidos. qué fácil es hacer cosas que te hacen ser feliz cuando tienes tiempo y ganas y alguien con quién compartirlas. uf, qué vorágine emocional.

eso es Nunca Jamás. Johnny Deep, descubriendo Nunca Jamás.

pausa

(escuchando Elliott Smith, roman candle)

la pantalla volvió a sus actividades antes de la vorágine y se quedó callada durante tres días. el dedo índice no se movió para dar golpecitos sobre una superficie de plástico duro. lo hizo para sujetar el cuchillo que picaba la cebolla para unos espaguetis con calificación qué ricos. los ojos no leyeron nada que no fuera papel o expresiones y movimientos. las piernas no colgaron de la silla y se mantuvieron en constante movimiento o alargadas sobre el sofá. el sol no entró por la ventana, mojó la cara y las manos y el pelo de los cuatro. el viernes el enchufe laboral dejó de dar electricidad a la neurona y se creó una burbuja de emociones que no aparecían desde hacía muchas hojas de calendario. carreras de coches, cosquillas en la cama, pasta con mucho queso enrollada en el tenedor y las manos, desayuno de tostadas con queso y nesquick, risas y llantos, una mañana de confidencias y una tarde de pasamos a veros, besos, caricias, luz en la cara, las cartas sobre la mesa, planes para el verano, soluciones al futuro incierto, emocionante paz emocional y personal. este fin de semana se ha llenado de Lluís y Lola y la niña con nombre de agua. este fin de semana he sido feliz, muy feliz.

Chiqui: viste lo que hice, papá? lo viste? lo viste?
Crush: sí, estuviste genial. choca esa aleta, cocorota…
Chiqui & Crush: bestial.

Andrew Stanton, buscando a Nemo.

descubrimiento

(escuchando Belle and Sebastian, push barman to open old wounds)

los imperdibles personajes de gràffica.info hablan de Sarah y la semilla, de Ryan Andrews, y, como es habitual en sus textos, sin dar la más mínima posibilidad a la ignorancia, te dejan enganchado a la pantalla.

la madre de Sarah tuvo doce hijos, cinco niños y siete niñas. y Sarah era feliz en aquella casa en la los juegos no terminaban nunca. soñaba con tener una gran familia como esa, así que cuando nos casamos, compramos una casa enorme, llena de habitaciones.

ilustraciones en blanco y negro, emocionantes, dramáticas, mágicas. una historia sencilla que deja la puerta abierta para que entres y hurgues bajo la piel, que habla entre líneas y dice ei, tranquilo, sigue intentándolo, todo va a salir bien. Ryan Andrews es un ilustrador que sabe que si trabajas en lo que te apasiona, no tendrás que volver a trabajar nunca más. dicen en gràffica que dice en su web que vivió a base de sandwiches de mantequilla de cacahuete y agua del grifo durante un tiempo. espero que ahora pueda comer caliente. Ryan Andrews es uno de esos extraños personajes que un día te recomienda alguien y que, sin decir ni una sola palabra, te obliga a seguir su trabajo. por favor, sigan el enlace.

no quiero pasar esto de nuevo. cómo puede ser? cómo puede ser que no haga nada? hace veinticinco años que me pregunto y hace veinticinco años que me contesto lo mismo. déjalo, fue otra vida, ya pasó. no preguntes, no pienses. no fue en otra vida, fue ésta. es ésta. Ricardo Darín, el secreto de sus ojos.

nieve

(escuchando Marshalis & Clapton, play the blues)

era la primera vez que la veía consciente de lo que veía. la primera vez que jugaba con ella, que la moldeaba, que la tiraba a la pared, al suelo, y la veía esparcirse en cientos de pequeños trozos. pisarla con botas de agua era un placer inesperado y fabuloso, hacer montañas con ella, para luego ponerle botones a modo de ojos, un gorro de su hermana y un destornillador por nariz, y decir mira, mira, un muñeco, un magnífico juego que aún no había podido imaginar, pero que, desde ahora, formará parte de sus magníficas aventuras. ser un niño con una nevada como la que la meteorología ha regalado este fin de semana es algo casi mágico. el antiguamente llamado invierno (llamarlo ola de frío siberiano que traerá bajada de temperaturas, nieve, lluvia y viento, es como llamar batido de huevo semicrudo con tubérculos pochados y cebolla ligermanete salada a la tortilla de patata) ha disminuido la edad de los habitantes de estas islas el mismo número de grados que el termómetro ha bajado. algunos se han empapado las manos de hielo y han sido felices porque lo eran. otros, no han vuelto a la infancia precisamente para bien. frente a la catedral espolvoreada de blanco, los coches aparcaban en el paseo marítimo, sobre los parterres, para poder hacer una foto. en el asfalto, las colas para subir a la montaña (no circulen por carreteras de la sierra si no es absolutamente necesario) aumentaron el colapso de vías cerradas y máquinas limpiando. mientras, en las calles de los pueblos, sólo quedaban los pocos que dijeron para qué ir tan lejos? el tiempo fue noticia en un fin de semana en el que los informativos ya no se llenaron de refritos y noticias insulsas. los niños se sintieron como en una película y los que no les importa que que los años les pasen por encima, mientras no lo hagan por dentro, contaban los medios grados que el termómetro del coche iba bajando. dos días en los que ha sido un auténtico placer ser niño y tener hijos.

vamos, campeón. Jay Baruchel, cómo entrenar a tu dragón.



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