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definición

(escuchando the Köln concert, Keith Jarret)

primero hablaron de conspiración judeomasónica. pero, al final, descartaron la idea porque les sonaba algo antigua y, además, estaban casi seguros de que alguien la había usado antes. así que sumaron todas las neuronas y se pusieron a buscar. tras días y días de negociaciones infructuosas, al fin, uno que llevaba tirantes, se levantó, dio un golpe en la mesa y dijo ya lo tengo. fue así como se decidieron por pancatalanistas. esa sí era una buena palabra, sí señor. porque, además de que era real, existía, y nadie podía culparles de inventarse términos para la descalificación, podían, si querían, darle dos significados: el término que definía perfectamente al enemigo y, como prefijo, el que le querían quitar. además, al ser una palabra grandilocuente y con dos partes, le podían añadir el contenido que les diera la gana. socialistas, por ejemplo. o judeomasónicos, añadió uno de los más veteranos. o independentistas, dijo otro al que el de los tirantes miró como diciendo imbécil, eso va en catalanistas. incluso etarras. no estaba mal. ese era el término que se va a utilizar en todos los medios, es una orden. lo único era el discurso, que no les había salido muy creíble. pero, bueno, al fin y al cabo, con semejante palabra, quién iba a dar veracidad a que la oposición era capaz de montar todo aquel tinglado a nivel nacional y sacar a los habitantes de las Baleares, tan paraditos ellos, a la calle y en masa? en todo caso, daba igual. si era cierto, tenían buenas razones para actuar como estaban actuando, porque era una verdadera conspiración que amenazaba la unión del país y, sólo por eso, ya quedaban legitimizados para hacerlo. y, si no era cierto, quién iba a discutírselo? los mismos que habían salido a la calle e iban vestidos de verde? pobres, esos no tienen ni la menor idea de contra quién se enfrentan, los muy asamblearios. pero (en toda buena historia siempre hay un pero que es el que convierte el inicio en nudo y la hace interesante) había algo con lo que no contaban. los asamblearios luchaban por algo que ellos no podían entender. la guerra no era por una subida salarial, o por más minutos a la hora de la merienda o más vacaciones o más pagas extras. su lucha, y por ella sangraban lágrimas y tensiones y horas de sueño y cansancio emocional, físico, racional, brutal, era para boicotear las fábricas de barrotes que se estaban instalando por todo el territorio. cómo no dejarse el tipo para que sus hijos tengan las posibilidades que quieran? cómo no volver a salir a la calle a cantar L’estaca y darse ánimos y ganas en una concentración en silencio? cómo no hacer una pausa por sentido común y responsabilidad cuando no había forma de derrumbar la pared si no era con violencia? cómo no seguir hasta que ya no puedas más? cómo no volver a levantarse una y otra vez? cómo no buscar todas las posibidades? eso, enemigo mío, no se define con una sola palabra. o se siente en las tripas pintado de verde, o no se siente.

qué vamos a hacer mañana? hay un mundo de posibilidades. Phineas Flynn, Phineas y Ferb.

Madrid

(escuchando the bad plus, never stop)

el antiguo estudiante salió a la calle y se encontró una ciudad cambiada. igual de caótica que veinte años atrás, pero cambiada. más peatonal, más sucia, más llena, más cara, más receptiva, más exclusiva, más original, más egocéntrica. en esencia, no había nada fuera de contexto, pero todo parecía estarlo un poco. los picos del gráfico se había alejado de la linea del cero. las derechas y las izquierdas eran más derechas y más izquierdas, y los altos y los bajos se elevaban más y se hundían más en el fondo. a la vez, había algo en la calle que decía que esto no podía seguir así, que iba a explotar de un momento a otro, pónganse a cubierto. y la ciudad se había cobijado en la parte cotidiana, el día a día, la bolsa con la compra de la semana con lo justo y los parques y las calles llenas, porque es más barato que ir al teatro o el cine. había quejas, claro que las había, pero se quedaban en reivindicaciones de bar y tapa. la ciudad era un caldo perfecto para un gran arroz que serviría de banquete para los mismos. o tal vez esta vez iba a ser que no. era difícil predecirlo. el antiguo estudiante volvió a sentirse un poco joven, un poco mejor, un poco más todo lo que los horarios y las condiciones de la cuenta corriente no le dejaban ser. además, él también había cambiado, y ahora no estaba solo. sobre sus hombros y de la mano, sus hijos y ella, lo mejor de cada día, que veían y sentían como aquel calor del antiguo estudiante también les calentaba un poco a ellos. y él podía ofrecerles una enorme sonrisa de las que salen cuando no hay nada que lo impida, que la merecen y la necesitan tanto como él. y volver a estar un par de horas muy cerca, rozándose, de algunos, los que más, de los que crecieron con él de la mano y le regalaron el tiempo, que es algo que no todo el mundo regala, y las palabras y las manos y un montón de noches y días de borracheras agarradas a la barra de Malasaña para que no se moviera. el antiguo estudiante se sintió como en casa veinte años más tarde. pero no en casa por la ciudad, que puede que también, sino en casa por ellos, porque uno siempre se siente en casa cuando está con gente con la que sabe que no hay que actuar, porque no hay nada que demostrar, sólo dejar que los minutos continúen alimentando esta historia de amor que son los amigos que recuerdan y viven hoy poniendo el hombro y las carcajadas sin pedir nada a cambio. levantó la caña y todos brindaron. salut, dijo su hijo mayor.

no hay límite de tiempo, puedes empezar cuando quieras. Brad Pitt, el curioso caso de Benjamin Button.

fiesta

(escuchando Norah Jones, little broken hearts)

Sant Jordi fue a rescatar a la princesa de las fauces del dragón que estaba a punto de devorarla. blandió su espada en el aire y le atravesó el cuello. le sangre roja salió a borbotones y, de ella, nació un rosal inmenso. Sant Jordi recogió la primera rosa y se la entregó a la princesa. gracias, le dijo con un beso. y se fue a sentar junto a los otros niños que escuchaban el cuento. luego hubo fiesta, sonó música y todos se pusieron a bailar haciendo un círculo. los caballeros con sus cotas de malla y espadas, y las princesas con sus sombreros y faldas de tul. pintaron cuadros, jugaron, construyeron un fuerte en un árbol, comieron dragonburgers y tarta de castillo del dragón, se revolcaron por las balas de paja, intentaron escapar del aspersor, se rieron mucho, hicieron turnos para montar en la moto de batería, compartieron horas y sol y ganas y cansancio posterior. el calor ayudó a que los tres años de Lluís fueran una celebración por todo lo alto. el calor y el increíble, descomunal, fantástico y colorido trabajo de Nani, que se dejó la piel y el tiempo y la dedicación en conseguir que el cumpleaños de su ahijado fuera memorable. un poco culpables, pensamos que tal vez había hecho demasiado, pero su sonrisa de felicidad y el llanto por tener que quitarse su traje de caballero no dejó lugar a dudas. como otras veces, se superaron con creces las expectativas de éxito y felicidad en los verdaderos protagonistas de la fiesta. todos, incluso el señor que se encarga de las temperaturas y las nubes y el sol, pusieron un poco de su parte para que él pudiera tener una fiesta magnífica. ja s’ha acabat? ha preguntado esta mañana un poco triste antes de ir a escoleta. en voz baja, hemos tenido que decir que sí. también un poco tristes, hemos tenido que volver a sentarnos frente a la pantalla para olvidarnos de imaginar y convertirnos de nuevo y hasta que nos dejen, en autómatas de la producción gráfica. dice Raquel que en tres años le hemos dado la vuelta a aritmética y que uno más uno han resultado ser cuatro. siento decirte que el sábado como otras excepciones únicas cada año, la suma dio doce y un montón de aspirantes a Peter Pan. qué gozada. molts d’anys, petit. y gracias a todos.

y espero nunca más perder la esperanza. Morgan Freeman, cadena perpetua.

Lisboa

(escuchando vvaa, calle 54, música para los amigos)

Lisboa parece desmoronarse un poco cada díá. las manos de los que piden una ayuda se multiplican a la misma velocidad que los que ofrecen trapicheos a precio de ganga y mercados de objetos antes valiosos que ahora sólo acumulan polvo, y que ahora dan de comer a los que luchan por tener algo en la nevera, si es que tienen nevera. la ciudad parece palpitar al ritmo de una crisis que ha barrido unos países más que otros y deja indefensos a muchos más de los que hubiera podido imaginarse. y su arquitectura, como lleva haciendo desde hace años, le acompaña. es una ciudad de fachadas que se caen a trozos, de azulejos de colores a los que les falta un pedazo, de adoquines irregulares que se separan del resto con indiferencia ante los pies de los turistas que los recorren y de los lisboetas que los pisan. Lisboa es una cuidad de cafés que en un tiempo marcaron el devenir de la cultura de un país y que ahora son encuadres de cámaras que los exportarán a todo el mundo, de tascas de vino, queso y sardinas, de ruido y manteles de cuadros. las calles suben y bajan en una maraña impenetrable para los cartógrafos que dibujaron los planos que ofrecen en las oficinas de turismo y en las que los visitantes se pierden una y otra vez. porque para eso están, para perderse, para dejar que sean los pies los que marquen el camino a recorrer. no hay grandes hitos que sean de suma importancia, sólo una ciudad que crea la necesidad de visitar cada esquina y cada edificio con cada descubrimiento. y viajar así, sin más marcas en el calendario que las que obligan los billetes de avión, ni más horarios que los que impone la luz del día o la noche, es algo que despeja, empuja, levanta, ayuda, discrimina lo bueno de lo malo, separa lo importante de lo nimio, despeja las luces de las sombras. y hacerlo porque hay alguien que te quiere que te hace un regalo como éste, es todavía mejor, como cuando miras la primera vez, caminas de la mano la primera vez y ves como el pedacito que te faltaba ha acompasado sus pasos a los tuyos, y ya no se marchará de tu lado. qué más se puede decir, además de gracias?

qué bien, Lisboa. Nawja Nimri, piedras.

píldoras

(escuchando Ben Harper, give till it’s gone)

antes de apagar el teclado, hace ya casi dos semanas, decidieron que cambiar de década era suficientemente importante como para una cata de gintonics y recuerdos y fotos y música y amigos y familia y ella, siempre ella, organizándolo todo desde el silencio. joder, cómo se puede medir todo eso en palabras que signifiquen lo que quiero que signifiquen? ese fue el pistoletazo de salida. píldoras de libertad.

nos gusta mucho tu propuesta. la puedes tener para el martes? y los dedos empezaron a echar humo, como lo hacían años atrás, cuando no había que buscar bajo las piedras del fondo del mar una forma para que los números no se tiñeran de rojo antes de la segunda decena. tensión y algo de tristeza. pero luego el teléfono dejó de tener cobertura, se desconectó internet y la televisión. y salió el sol y jugamos a la pelota con los niños en manga corta y andamos por el bosque. ellos. por fin, ellos. y uno de esos días fue el que marcaba la cuarta década. cumplir diez días después de celebrar por sorpresa es raro, lo convierte todo en un día normal. pero no es normal, porque ya lo has celebrado, ya has sentido que han pasado un montón de años y que van a pasar muchos más en casi la misma compañía. y algunas lágrimas de emoción por quince líneas escritas en una postal de un lugar que hacía tiempo que no recordaba. y más emociones contenidas que salen a la luz. gracias a millones. ya de noche, cenamos con ellas, que nos demuestran cada vez que el amor tiene todas las formas que queramos imaginar, con la sinceridad como única carta, y más gintónics y risas y algo de tristeza, pero menos que las ganas de seguir adelante que van implícitas en semejantes abrazos. y un regalo, tal vez no suficientemente agradecido con palabras, pero sí con latidos, lo prometo. luego reapareció la tecnología en forma de tres dimensiones en una pantalla enorme y una película sencilla. desde la butaca de al lado, sentado en el alzador, él dice sin gafas no se ve bien, papá. y se las vuelva a poner con las ganas del que no quiere que se termine nunca el espectáculo que está contemplando. y, aunque las pantallas también hablaron de trabajo y los dedos volvieron al ajetreo del código, el mundo seguí girando, ajeno. así que, a la espera de acontecimientos, subirse a la montaña rusa y al látigo y al scaléxtric y a un montón de atracciones con ellos fue un placer en el que nos volvimos Peter Pan para acompañarles. incluso a los más pequeños. luego, al final de la tarde, Jana decidió que ya era momento de dormir entre mantas y comer del pecho de su madre y sentir su piel y acurrucarse en los brazos de su padre y dejar a su hermano con esa sensación expectante de que todo está por venir, pero aún no sé muy bien qué. nosotros, desde el otro lado de la minúscula cuna, le sonreímos y le decimos, bajito para que no se despierte, hola, preciosa, bienvenida. y los niños la miran y entre curiosos y emocionados, contagiados por los ojos brillantes de los que sentimos que las luchas, como mejor se ganan, es en silencio y con el corazón palpitando. lo siento, pero ahí va: jódanse señores que dijeron que esto nunca pasaría, jódanse con todas las letras. porque lo celebramos con burbujas y risas y una gran comida y los abuelos felices. tanto como nosotros. tanto como yo, por tener a una niña que hace que todo lo escrito sea minúsculo cuando la pienso y con la que las piezas del puzzle encajen, aunque haya días que se den la vuelta, aunque haya silencios y miradas. el agua me dio su nombre y yo le regalé los latidos. qué fácil es hacer cosas que te hacen ser feliz cuando tienes tiempo y ganas y alguien con quién compartirlas. uf, qué vorágine emocional.

eso es Nunca Jamás. Johnny Deep, descubriendo Nunca Jamás.

pausa

(escuchando Elliott Smith, roman candle)

la pantalla volvió a sus actividades antes de la vorágine y se quedó callada durante tres días. el dedo índice no se movió para dar golpecitos sobre una superficie de plástico duro. lo hizo para sujetar el cuchillo que picaba la cebolla para unos espaguetis con calificación qué ricos. los ojos no leyeron nada que no fuera papel o expresiones y movimientos. las piernas no colgaron de la silla y se mantuvieron en constante movimiento o alargadas sobre el sofá. el sol no entró por la ventana, mojó la cara y las manos y el pelo de los cuatro. el viernes el enchufe laboral dejó de dar electricidad a la neurona y se creó una burbuja de emociones que no aparecían desde hacía muchas hojas de calendario. carreras de coches, cosquillas en la cama, pasta con mucho queso enrollada en el tenedor y las manos, desayuno de tostadas con queso y nesquick, risas y llantos, una mañana de confidencias y una tarde de pasamos a veros, besos, caricias, luz en la cara, las cartas sobre la mesa, planes para el verano, soluciones al futuro incierto, emocionante paz emocional y personal. este fin de semana se ha llenado de Lluís y Lola y la niña con nombre de agua. este fin de semana he sido feliz, muy feliz.

Chiqui: viste lo que hice, papá? lo viste? lo viste?
Crush: sí, estuviste genial. choca esa aleta, cocorota…
Chiqui & Crush: bestial.

Andrew Stanton, buscando a Nemo.

descubrimiento

(escuchando Belle and Sebastian, push barman to open old wounds)

los imperdibles personajes de gràffica.info hablan de Sarah y la semilla, de Ryan Andrews, y, como es habitual en sus textos, sin dar la más mínima posibilidad a la ignorancia, te dejan enganchado a la pantalla.

la madre de Sarah tuvo doce hijos, cinco niños y siete niñas. y Sarah era feliz en aquella casa en la los juegos no terminaban nunca. soñaba con tener una gran familia como esa, así que cuando nos casamos, compramos una casa enorme, llena de habitaciones.

ilustraciones en blanco y negro, emocionantes, dramáticas, mágicas. una historia sencilla que deja la puerta abierta para que entres y hurgues bajo la piel, que habla entre líneas y dice ei, tranquilo, sigue intentándolo, todo va a salir bien. Ryan Andrews es un ilustrador que sabe que si trabajas en lo que te apasiona, no tendrás que volver a trabajar nunca más. dicen en gràffica que dice en su web que vivió a base de sandwiches de mantequilla de cacahuete y agua del grifo durante un tiempo. espero que ahora pueda comer caliente. Ryan Andrews es uno de esos extraños personajes que un día te recomienda alguien y que, sin decir ni una sola palabra, te obliga a seguir su trabajo. por favor, sigan el enlace.

no quiero pasar esto de nuevo. cómo puede ser? cómo puede ser que no haga nada? hace veinticinco años que me pregunto y hace veinticinco años que me contesto lo mismo. déjalo, fue otra vida, ya pasó. no preguntes, no pienses. no fue en otra vida, fue ésta. es ésta. Ricardo Darín, el secreto de sus ojos.

nieve

(escuchando Marshalis & Clapton, play the blues)

era la primera vez que la veía consciente de lo que veía. la primera vez que jugaba con ella, que la moldeaba, que la tiraba a la pared, al suelo, y la veía esparcirse en cientos de pequeños trozos. pisarla con botas de agua era un placer inesperado y fabuloso, hacer montañas con ella, para luego ponerle botones a modo de ojos, un gorro de su hermana y un destornillador por nariz, y decir mira, mira, un muñeco, un magnífico juego que aún no había podido imaginar, pero que, desde ahora, formará parte de sus magníficas aventuras. ser un niño con una nevada como la que la meteorología ha regalado este fin de semana es algo casi mágico. el antiguamente llamado invierno (llamarlo ola de frío siberiano que traerá bajada de temperaturas, nieve, lluvia y viento, es como llamar batido de huevo semicrudo con tubérculos pochados y cebolla ligermanete salada a la tortilla de patata) ha disminuido la edad de los habitantes de estas islas el mismo número de grados que el termómetro ha bajado. algunos se han empapado las manos de hielo y han sido felices porque lo eran. otros, no han vuelto a la infancia precisamente para bien. frente a la catedral espolvoreada de blanco, los coches aparcaban en el paseo marítimo, sobre los parterres, para poder hacer una foto. en el asfalto, las colas para subir a la montaña (no circulen por carreteras de la sierra si no es absolutamente necesario) aumentaron el colapso de vías cerradas y máquinas limpiando. mientras, en las calles de los pueblos, sólo quedaban los pocos que dijeron para qué ir tan lejos? el tiempo fue noticia en un fin de semana en el que los informativos ya no se llenaron de refritos y noticias insulsas. los niños se sintieron como en una película y los que no les importa que que los años les pasen por encima, mientras no lo hagan por dentro, contaban los medios grados que el termómetro del coche iba bajando. dos días en los que ha sido un auténtico placer ser niño y tener hijos.

vamos, campeón. Jay Baruchel, cómo entrenar a tu dragón.

consecuencias

(escuchando elastica, elastica)

fiscal Childs: señora Florick, tiene un momento? creo que no nos conocemos. soy Glenn Childs.
Alicia Florick: le conozco.
fiscal Childs: sabe que la está utilizando, no? Peter me culpa de su caída. la utiliza para atacarme.
Alicia Florick: por qué lo piensa?
fiscal Childs: señora Florick, venga. le dijo que habían encubierto pruebas. no se convierta en un daño colateral, por su propio bien.
Alicia Florick: señor Childs, el día que filtró usted el vídeo a la prensa y me obligó a proteger a mis hijos de todas las cadenas que lo emitían las veinticuatro horas seguidas, fue el día en que me convertí en daño colateral. si está preocupado por mi marido, señor Childs, es evidente que no había hecho enfadar a una mujer hasta ahora. pero suerte en el juicio.

Scott Porter & Juliana Margulies, the good wife.

ellos

(escuchando bso drivre, Cliff Martinez, de las mejores películas de este año que acabamos de empezar, afirmo)

han pasado quince días muy despacio y con muchas ganas. han pasado muy pocas cosas y muchas emociones. comidas y cenas, cafés y charlas, viejos amigos y cervezas, uvas y baile, regalos inesperados y cine en mayúsculas y en minúsculas, sofá y manta, visitas fuera y dentro, abrazos y miradas, y ellos. los niños han sido los protagonistas de dos semanas de sus manos en las nuestras, andando, corriendo, haciendo carreras, en una sala de cine donde la cara se ilumina durante una hora y media, sobre la espalda con la boca abierta gritándole a los reyes Majos que ha sido bueno y que Lola también, rompiendo el papel de regalo y enseñándole al mundo que ahora tiene un dragón llamado Desdentado, voliéndose loca de alegría cuando le daban otro paquete envuelto, durmiendo o no en la misma habitación que sus primos, creciendo por segundos, riéndose mucho y jugando todos juntos a lo mismo y a cosas distintas, aprendiéndose diálogos de películas para usarlos luego en sus aventuras con los cliks. ellos son los que han marcado y marcan horarios de descanso y de trabajo, los que te hacen ser un poco mejor cada día y te descubren que esto era lo que habías estado buscando todo este tiempo, que te da rabia volver a trabajar, porque ya no les verás todo el día, que quieres enseñarle todo lo que sabes y que te enseñen todo lo que saben y aprenden, que ahora ya no hay nada si no están ellos, que ya no hace falta encontrar nada más, que cada uno de los ochenta y cuatro mil seiscientos segundos que tiene el día es un regalo para ellos y para nosotros. nosotros, tan nosotros ahora. tan nosotros.

sólo quería que supieras que estar a tu lado ha sido lo más bonito que me ha pasado nunca. Ryan Gosling, driver.



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