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credulidad

(escuchando popstastic radio, todo un descubrimiento en el estudio)

nos creímos que era posible, que estaba en nuestras manos. nos creímos que la culpa no era suya, sino del sistema. nos creímos que existían los supervillanos que querían hacer de este lugar un lugar de miseria y servidumbre y que si los encerraban ya estaba. nos creímos que había que estar conectado para ser mejor, que las historias importantes eran las de la gente y sus gatitos. nos creímos que había que tener muchos seguidores y seguir haciendo de sus pantallas un lugar mejor. nos creímos que el amor verdadero y apasionado era el único amor, que un gintónic es mucho mejor que un café y que tres acordes mejores que un sólo de saxo de cuatrocientas ochenta y seis notas. nos creímos que las bandas sonoras que nos proponían e incrustaban eran las únicas que había, que las palabras que trepaban por escaleras millonarias eran las que había que leer y venerar. nos creímos que los nombres eran tan importantes que no había que saber casi nada más, que no importaban los hechos más allá de las circunstancias, ni las pasiones más allá de las reglas. nos creímos que lo que salía disparado como un cohete desde las tripas tenía remedio y que tenía que tenerlo, porque no era meritorio para vivir decentemente. nos creímos que los secretos eran malos y que todos estábamos en la obligación de juzgarlos todos excepto los nuestros. nos creímos que tragar estaba bien porque en la farmacia vendían antiácidos y que es mejor el sexo que la conversación previa. nos creíamos que las corrientes, todas, tenían un sentido y que había que seguir alguna hasta que la muerte os separe. nos creímos que había que sacar la basura del vecino y poner mucho ambientador. nos creímos que ser así era innato en el hombre y en la mujer y mejor déjalo estar, que decían los Beatles. nos creímos que ellos serían mejores y que vendrían tiempos mejores, que valía la pena dejarles hacer porque ellos sabían lo que había que hacer, pero que nosotros no éramos idiotas. nos creímos que el saber ocupaba lugar y que las palabras se las lleva el viento. nos creímos que no era necesario gritar ni patalear ni luchar ni removerse ni marchar ni golpear la mesa con el puño cerrado y rabia. nos creímos que la culpa no era nuestra. pobres ilusos.

muy bien, empecemos. estamos listos? Gael García Bernal, Mozart in the jungle, S02E10.

así

(escuchando Florence & the Machine, ceremonials)

el otro día volvió a caer en nuestros ojos una gozada. una gozada tramposa, que diría el maestro Moi, pero una gozada al fin y al cabo. sirvan estod dos minutos y quince segundos de ejemplo.

(Irene termina de leer una libreta)
Benjamín: es una primera pasada.
(Irene le enseña la taza de café vacía)
Benjamín (se va a la cocina): hago más.
Irene: tu casa es igual que me la imaginaba.
Benjamín: ah, sí? cómo te la imaginabas?
Irene: y cómo va a ser? así, tal cual. tal cual me la imaginaba.
Benjamín: claro. yo, en cambio, tu casa me la imaginaba totalmente distinta.
Irene: vos conoces mi casa?
Benjamín: no, distinta a esta, digo. totalmente distinta.
Irene (coge una libreta de una mesa): qué temes, Benjamín?
Benjamín: eh?
Irene: aquí hay un papelito que dice temo. qué temes?
Benjamín: no,no,no, no es nada. una cosa que hice, una prueba de escribir así medio dormido para liberar la imaginación… una tontería, no le hagas caso.
Irene: …
Benjamín: bueno, dale, decime.
Irene: es una novela, no? en una novela no hace falta escribir la verdad. ni siquiera algo creíble.
Benjamín: sí… no, cómo? qué no es creíble?
Irene: la parte esa, cuando el tipo de va a Jujuy.
Benjamín: sí, qué problema hay?
Irene: el tipo llorando, como si fuera un desgarro.
Benjamín: sí, y qué?
Irene: y ella corriendo por el andén, como sintiendo que se iba el amor de su vida.
Benjamín: bueno…
Irene: y tocándose las manos a través del vidrio, como si fueran una sola persona. y ella llorando, como si supiera que le esperaba un destino de mediocridad y desamor. casi cayéndose en las vías, como queriendo gritar un amor que nunca se había animado a confesar.
Benjamín: sí. si fue así. o no fue así?
Irene: y si fue así, por qué no me llevaste con vos?
Benjamín: …
Irene: Pánfilo.

Soledad Villamil & Ricardo Darín, el secreto de sus ojos.

instrucciones

Alicia: Gato, qué camino tomo?
Gato: eso depende de dónde vayas.
Alicia: no sé a dónde voy.
Gato: entonces cualquier camino es bueno.

Mia Wasikowska & Stephen Fry, Alicia en el país de las maravillas

plan

(escuchando Brad Meldhau, the art of trio, songs)

todos los días empezaba un nuevo párrafo sin dirección concreta. palabras sueltas que, como por arte de conexiones neuronales, se iban buscando las unas a las otras en un baile incansable de notas en la banda sonora de la mañana. al principio, hacía ya casi una década, fue un acto de rebeldía. y, en parte, lo seguía siendo. una forma de decir la productividad es importante, pero no tanto como para no dejarte llevar por las manchas en el pentagrama durante, digamos, unos veinte minutos. había días en los que las rutas se acumulaban en la casilla de salida, pero eran los menos. si sucedía, escribía una línea que se lo recordara para los instantes en los que se ponía ante la página en blanco con el pánico de hoy de qué escribo en los bolsillos. pero, la gran mayoría de los días, no había un rumbo fijo. a partir de una primera frase aparecía una historia, una reflexión o una bazofia de palabras inconexas. últimamente, sin embargo, las ideas se estaban oxidando en la puerta de salida y lo que antes suponía el principio de alguna cosa que podía terminar, ahora no suponía nada. se maldijo y se puso a escribir. la creatividad se apaga si no la usas, no lo sabías? pues no, no lo sabía. engrásala y oblígale a salir a la calle. toma café y sonríe. sal y sonríe otra vez. que el frío te active, que la calle te active, que la gente te active. y, como había leído por ahí, si te dan un papel pautado, úsalo por detrás. fue pulsando teclas una tras otra, intentando no pensar en los destinatarios. sólo escribir. cuánto tiempo duraría? valía la pena continuar o tenía que cambiar de cuento? dudas. pero tenía que poner en marcha alguna cosa. de lo contrario, iba a explotar. bum.

hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que sólo un iluso seguiría insistiendo. pero lo cierto es que siempre he sido un iluso. Ewan McGregor, big fish.

hoy y mañana

(escuchando hoy empieza todo, radio 3)

llega con retraso, una semana (y un mes) después de las últimas líneas antes de decirle hola a las siestas con sofá, café con hielo y un libro entre los dedos, que se cansan y dejan caer las páginas y los párpados, justo después de comer, cuando se sincronizan los sueños. pero llega. el principio de curso, el final del verano, septiembre, el año. llega. y, aunque el día es día de películas, es necesaria una lista de cosas que han pasado y habrá lucha para que sigan pasando. con película incluida en cada punto, por supuesto.

– hablar de cosas importantes y de todo lo demás. como con los niños, que te miran y escuchan y cuentan y ríen y lloran, con ella, con la que cada día es un poco mejor, aunque haya barrancos y olas de proporciones impensables, con ellas dos, que siguen ayudándonos a creer en nosotros, con ellos dos, con los que tenemos aventuras solos y acompañados y las seguiremos teniendo, con ellos ahora cuatro, que suman personas en lugar de restarlas, con ellos cuatro, que siguen ahí a pesar de las montañas rusas. un placer: antes del amanecer y, justo después, antes del atardecer.

– cocinar con música puesta y delantal y copa de vino o cerveza. olvidar algunos vicios del paladar y cambiarlos por otros. con lista de platos y de la compra. por ellos y por nosotros. por la emoción de las papilas gustativas y el estado de ánimo que produce. por que los fogones pueden ser un arte sencillo y preciso. una obligación: deliciosa Martha.

– salir más allá del pueblo, correr aventuras en tren, avión, barco, coche, bicicleta, moto y zapatillas deportivas. dejar los teléfonos apagados y sin cobertura. estimular los momentos de esos que se recuerdan porque salen en las fotos de la memoria. probar cosas y dejar que cada lugar nos regale un poco y dejarnos un trocito en alguna esquina, casi impredecible. una bocanada de aire: hacia rutas salvajes.

– ver películas, muchas, porque sí, porque hace falta, porque es un placer, y porque incluso las peores son películas. devorar fotogramas en pantalla grande y en pantalla más pequeña. recomendadas y sin recomendar. sólo y acompañado de ella y de todos los demás. una emoción: la rosa púrpura del Cairo.

– escribir y leer. dejar que el cerebro se desconecte y que sean las manos las que dicten las teclas a pulsar y las secuencias a dibujar. libre, sin ataduras ni hambre de respuesta, por el gusto de hacerlo y de volver a ejercitar las ideas, el ritmo de las letras en el corazón. una historia magnífica: más extraño que la ficción.

– escuchar música. en vinilo casi siempre y en otros formatos también. no sólo de fondo. escuchar. y dejar que ellos escuchen y, si quieren, entiendan y sientan los instrumentos, los ritmos, las melodías, las letras. Miles Davis y The Clash. dejarse convencer sin prejuicios. una imprescindible: alta fidelidad.

– trabajar con todo en el asador. con normas, porque en esto nos jugamos mucho más que un par de euros, porque es obligatorio el movimiento para estar vivo, porque hay que salir de ésta con la sensación de que estás haciendo bien las cosas, porque para todo hay un momento y cuando se trabaja, se trabaja. porque la inspiración siempre llega, pero hay que hacer muchos dibujos antes de darte cuenta de que es imposible trazar un camino ordenado para llegar. porque hay que demostrar y demostrarse que crees en esto. una inspiración: lugares comunes.

– amar. así, a tutiplén y sin medida. un aplauso, por favor: adivina quién viene esta noche.

me doy cuenta que estoy muy emocionado, casi no puedo estar sentado o tener la cabeza tranquila. creo que es la emoción que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre al principio de un largo viaje cuyo final es incierto. espero poder cruzar la frontera, espero poder ver a mi amigo y estrechar su mano, espero que el Pacífico sea tan azul como siempre he soñado. y espero nunca más perder la esperanza. Morgan Freeman, cadena perpetua.

cambio

(escuchando Eli Paperboy Reed meets the pepper pots, time and place. cuándo soul por segundo, señores, cuánto soul)

Mavis: para mí es muy difícil ser feliz. para otra gente parece muy fácil. necesito cambiar.
Sandra: no, no lo necesitas. eres la única persona en Mercury que podría escribir un libro o llevar ese vestido. ellos quieren ser como tú. cuando tengo un día con poco trabajo, pienso en ti en la ciudad, en tu apartamento genial haciendo cosas geniales. no importa lo que le pase a todos los demás. no son nada. podrían morirse. que jodan a Mercury.
Mavis: gracias, necesitaba algo así. tienes razón, necesito volver a Minneapolis.
Sandra: llévame contigo.
Mavis: tu sitio está aquí, Sandra.

Charlize Theron & Colette Wolfe, young adult.

principio

(escuchando elastica, elastica. qué pasó con este magnífico grupo?)

estuvo esperando un buen rato. primero de pie, como si acabara de llegar, con ese aire de coincidencia casual interesante, que no le da importancia a cosas como acudir a aquella cita. luego, apoyó la espalda en la pared, con la planta del pie derecho haciendo de tope. tenía las manos en los bolsillos de la chaqueta y tocaba el paquete de cigarrillos una y otra vez. quería encenderse uno, pero no quería hacerlo demasiado pronto, para que le diera tiempo a que le encontrara cuando ya se hubiera fumado más o menos la mitad, así no creaba tensión si se lo terminaba mientras hablaban y compraban las entradas o si lo tiraba al suelo y entraban directamente. le daba vueltas con los dedos y jugaba con el celofán, sin sacar la cajetilla. se imaginaba el crujir del papel, que quedaba ahogado por el incesante tráfico. se imaginó a sí mismo con el cigarrillo entre los labios. quedaba bien. sacó la cajetilla y sacó uno. se lo encendió, cubriendo la llama con la mano para que el aire no la apagara. fumó unos minutos. volvió a ponerse de pie y dio varias vueltas mirando los carteles de las películas. y si cambiara de película? pensaba despacio, pero con todos los sentidos puestos en el final de la calle. escribió nueve combinaciones distintas de conversación en la que le proponía un cambio de última hora. y si entraban a ver algo completamente distinto y se convertían en dos más entre la multitud de consumidores de cine comercial? y si era lo que le gustaba? escrutó todas las posibilidades que se le ocurrieron para no caer en el saco de los sin criterio o saltar, por el contrario, de cabeza al de los intelectuales insufribles. la línea los separaba era muy fina. estaba empezando a preocuparse. se quería sentar en el escalón de la entrada, pero daría una imagen demasiado dejada. además, el mármol seguro que estaba frío. miró el reloj. ya pasaba casi la media hora de tiempo prudencial antes del inicio de la sesión. estaba a punto de comprar las entradas. ahí estaba. llegó deprisa. se besaron en la mejilla. sólo un beso. perdona. no pasa nada. ya tienes las entradas? no, ahora iba a comprarlas. llegamos a tiempo, no? sí, un poco justos, pero sí. genial, qué ganas tengo de verla. y yo. se tranquilizó.

si siempre nos guiamos por las opiniones ajenas, para qué tenemos las propias? Helen Hunt, a good woman.

(escuchando ac/dc, hight voltage. porque es lo que se lleva ahora. el voltaje, digo)

cómo se mastica la incertidumbre? cómo se comen los interrogantes? cómo se digieren las noticias llenas de entresijos y direcciones de calles sin salida? cómo se paladean las dudas? cómo se aprovechan los tortazos con la mano plana? cómo se saborea un el optimismo cuando se ha acabado la cerveza y no puedes pedir otra para llenar ese vaso medio vacío? cómo sacas energía de un plato vacío? cómo se asan los murmullos de pasillo? se pueden sazonar las reuniones de soluciones drásticas? cómo se distribuye en el plato la comida recalentada del mes pasado para que parezca mínimamente apetecible? cómo disfrutar de ganarle a los alemanes en una isla teutona sin que repita la decepción de saber que los pilares tienen más grietas de las que pensabas? cómo volver a olfatear el placer de los entresijos del código al entrar por la puerta cuando han empezado por quitarle el marco que la envolvía? cómo se cocina a fuego lento con un soplete?

soy Boecio, autor de la consolación de la filosofía. para mí, la historia es una rueda. la inconstancia es mi esencia, dice la rueda. súbete a mi radio si quieres, pero no te quejes cuando te arroje a los abismos.
los tiempos pasan, pero también los malos. la mutabilidad es nuestra tragedia, pero también esperanza. los peores tiempos, al igual que los mejores, siempre pasan. Steve Coogan, twenty four hours party people.

bitácora (2)

(escuchando Jamie Cullum, the pursiut. es lo que tiene que el maestro te envíe un sms que te obliga a sonreír)

cuaderno de bitácora del Agency Key.
se sirvió café sin mirar la taza, ni darse cuenta de que la mitad del contenido se derramaba sobre la mesa. estaba ensimismado, y se olvidó del tiempo que llevaba ahí sentado. la ventana se había convertido en un mosaico pintado con pinceles de agua condensada. en el camarote, el ambiente era perfectamente adecuado para una de esas fotografías en blanco y negro que quieren administrar un estado de ánimo nostálgico vía retinal, casi sin que nadie lo note. al verlas, uno siempre se queda con un interrogante flotando entre el cabello. qué habrá pasado? y, paciente, espera a que los fotogramas avancen y la historia se desarrolle con normalidad hasta conocer todos sus pormenores. pero allí no había pormenores que conocer. sabía perfectamente la razón por la que la el barco llevaba un tiempo balanceándose entre una tormenta y la siguiente, por la que debía medir los pros y los contras antes de atracar en cualquier puerto para llenar la despensa de suministros. el nivel cambió y parte del café derramado en el plato le cayó sobre una pierna, tiñéndole el pantalón de marrón oscuro y la piel de bermellón. fue un instante de dolor. pero pasó enseguida, casi sin inmutarse. vació el platito en el lavabo y se tomó lo que quedaba en la taza de un sorbo. estaban a punto de atracar de nuevo. era un puerto en el que ya habían hecho parada en otras ocasiones, y nunca habían tenido ningún problema más allá de los comunes en estos casos: revisiones en los precios, calidad de los productos, modificaciones finales en el transporte y entrega, o cualquier otro pormenor que les había obligado a trabajar más horas de las acordadas. pero esta vez el viento no soplaba a favor, ni mucho menos. y se estaban quedando sin provisiones. sonó la sirena. iban a darles instrucciones.

el aire no huele tan fuerte por aquí. en caso de duda, Meriadoc, sigue siempre tu olfato. Ian McKellen, la comunidad del anillo.

incertidumbre

(escuchando Herbie Hancock quintet, a tribute to Miles)

en vista de los últimos acontecimientos, hay una palabra que recorre los pasillos. incertidumbre. más o menos.

hermana Aloysius Beauvier: qué pasó exactamente en la rectoría?
padre Brendan Flynn: qué pasó? no paso nada. tuve una conversación con un chico.
hermana Aloysius Beauvier: sobre qué?
padre Brendan Flynn: un asunto privado.
hermana Aloysius Beauvier: tiene doce años, qué puede ser privado a los doce años?

Meryl Streep & Philip Seymour Hoffman, la duda.



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