Archived entries for decisiones

ser

(escuchando Mumford and sons, sight no more)

por si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto, para ser lo que quieras ser. no hay límite en el tiempo. puedes empezar cuando quieras. puedes cambiar o seguir siendo el mismo, no hay normas al respecto. de todo podemos sacar una lectura positiva o una lectura negativa. espero que tu saques la positiva. y espero que veas cosas que te sorprendan. espero que sientas cosas que no habías sentido nunca. espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. y si te das cuenta de que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo.

Brad Pitt, el curioso caso de Benjamin Button.

grupos

(escuchando Janelle Monáe, the archandroid)

grupo uno. nervios, ansiedad, desconcierto, inquietud, incertidumbre, miedo, insomnio, inapetencia, vacío, decepción, tristeza, incongruencia, indecisión.
grupo dos. rumorología, silencios, miradas, corrillos, críticas, discusiones, decisiones, momentos, asperezas, conspiraciones, represalias, personalidades.
grupo tres. análisis, planes, estrategia, acción, ganas, ilusión, libertad, responsabilidad, sueños, deseo, creatividad, emoción, esperanza, pasión.
grupo cuatro: futuro.

Mario: por qué desearía estar con su familia en la soleada Italia cuando puede volver a la fría y gris Alemania a vivir allí con un terca como tú?
Martha: …
Mario: Martha, ella te quiere.

Sergio Castellitto & Martina Gedeck, deliciosa Martha.

tictac

(escuchando Eli Paperboy Reed & the true loves, roll with you. pero qué grande es este tipo)

disculpen este silencio inesperado, pero hay días en los que lo mejor que se puede hacer es estar calladito durante una semana o dos.

esperar más de lo razonable no se le da bien a nadie. porque puedes estar un par de decenas de minutos buscando entre las caras de la gente a ese alguien que llega tarde sin problema, pero si aparece un par de horas tarde es que no va a venir o, si lo hace, va a tener que hacer lo que fuera que ibais a hacer él o ella solito o solita. porque puedes estar un par de días pegado al teléfono, con el ansia nerviosa por escuchar su voz, pero un par de semanas es creer excesivamente en el amor o se un imbécil redomado. porque no hay problema en contemplar como se van tachando cuadritos en el calendario mientras alguien toma la decisión de dar una orden que va a cambiar el resto de tus días, pero dejar que sean las hojas las que desaparecen es de tontos. en todos los casos, lo importante es saber reaccionar en consecuencia. sin darle importancia, dándosela toda, tomando nota para luego o metiéndolo en el capítulo de cosas en las que pensar y que se perderán en el olvido. ese es el quid. saber qué hacer en cada caso. o tener el teléfono del que sabe, que dicen los sabios. pues eso, dónde están esas agendas?

esa alfombra daba ambiente a la habitación. Jeff Bridges, el gran Lebowski.

vértice

(escuchando Trent Renzor and Acticus Ross, bso the social network. qué ganas, por todos los dioses, qué ganas)

Van Morrisson decía que habría días como estos. días en los que parece que el vértice de las cosas está justo bajo tus pies. que el único camino que se plantea es el que cambia de dirección. días en los que intentas comprender qué te ha llevado a que el camino cambie así, cuando tú pensabas que ya, que era todo una línea más o menos recta, pero no logras averiguarlo. y, tal vez, si lo hicieras, tampoco importaría mucho. porque no se trata de averiguarlo, ni siquiera de solucionarlo. sólo de decidir qué vas a hacer, quedarte sentado mirando como pasa el tiempo, dar la vuelta y volver por dónde has venido, o dar un paso más y traspasar el ángulo que forma ese vértice. no hay más. la primera es sencilla, pero ineficaz. los granos de arena caen y las arrugas aparecen en un cuerpo que se queda como una caja vacía, sin ruido cuando la agitas, sin ritmo, sin carcajadas, ni siquiera una sonrisa. la segunda, regresar, es dar el camino por imposible, dejar que te venza la dificultad, querer que los granos de arena vayan hacia arriba. las fotos de tu vida ya están tomadas y cada neurona gastada está gastada para siempre. no se puede recuperar. la tercera, seguir andando, es la más complicada, porque implica esfuerzo, readaptación, cambio de rutinas, desenmascarar fantasmas, salir de la escafandra para que todo te active de nuevo. sin embargo, continuar puede llevarte a cualquier sitio, incluidas las dos opciones anteriores. que te encuentres con un vértice y lo tomes abre ante ti un abanico de consecuencias inesperadas. incluso puedes encontrarte de nuevo en la salida para volver a recorrer el camino otra vez, eso sí, cargado de experiencias. entrar en el vértice y traspasarlo es todo un logro, uno de esos instantes que hacen que sepas que esto vale la pena, y que te dejan gratamente sorprendido. aquí ya no hay ni términos ni condiciones, sólo un mensaje positivo. sé feliz. después, el vaso estará siempre lleno.

todos me conocen. todo el mundo. yo, en cambio, no he conseguido conocerme todavía. Bette Davis, Eva al desnudo.

cabos

(escuchando Miles Davis, kind of blue. hay días que merecen un clásico)

veinte días de yeso por culpa de la incompatibilidad de los gatos y las motos después, uno se siente mucho mejor. aunque vaya cojeando, aunque no pueda saltar ni aplicar maravillosos pasos de baile a sus estados de ánimo. de momento, seguimos operativos. y, por supuesto, pedimos disculpas a todos aquellos que hayan podido pensar que habíamos abandonado este experimento que ya va por los montones de años (y sin patrocinio ninguno, oiga).

en la cadena de montaje, el obrero giraba la llave una y otra vez, sin pensar en la razón. hacía su trabajo y punto. por la cinta transportadora, iban apareciendo piezas una tras otra, una cada cinco segundos. todas tenían, en la parte superior, una tuerca enorme, negra, que esperaba ser apretada por una llave inglesa. y él era esa llave. hasta que le sustituyeran, claro. porque la suya era una de las pocas fábricas en las que todavía se usaban obreros para apretar las tuercas. en el resto, la mano de obra se había sustituido por una máquina que hacía su trabajo mucho más deprisa (dos tuercas cada cinco segundos) y sin necesidad de masajes en los brazos cada semana. es más, ni siquiera tenían que parar la producción para dormir. las fábricas no paraban nunca. aunque no hubiera a quién vender las piezas. porque el mercado había caído en picado. y, de las doce fábricas que había en la región, ya sólo quedaban tres. y dos de ellas, funcionaban por tracción mecánica. su trabajo tenía los días contados. eso lo sabía, pero tampoco había muchos más sitios a los que ir. así que hacía su trabajo. hasta que se dio cuenta de que su sustitución iba a ser inminente. fue de casualidad, atando el fragmento de una conversación allí y otra allí. la conclusión fue un mazazo en el estómago. al terminar el turno, salió de la fábrica cabizbajo, pensativo, malhumorado, dolido. las ideas hervían y dolían entre las sienes mientras andaba. eso le llevó a girar a la derecha en lugar de a la izquierda tras la puerta. fue entonces cuando vio el resultado de tu trabajo. las máquinas que salían de aquella cadena de montaje eran básicas, sin ningún atisbo de originalidad, sin pizca de gracia. tantos años trabajando aquí para esto? la pregunta quedó flotando en el aire, acompañada por las nubes de un mes de septiembre a punto de llegar a su fin. no podía ser, nadie se había dado cuenta de ello hasta entonces? era difícil de creer, pero era así. la tristeza se convirtió en rabia, que se transformó en indecisión, de la que nació algo de fuerza, a la que, con miedo, insertó en una pizca de luz. esa noche, trazó el camino más duro que se le ocurrió, y empezó a dibujar los planos de una nueva máquina, llena de curvas y tuercas apretadas a mano. cayó la primera tormenta del otoño.

lo único que puedo decirles a ustedes es que si me hacen una pregunta y no sé la respuesta, les diré directamente que no sé la respuesta, pero también buscaré la forma de encontrarla, y cuando la tenga, se la daré. Will Smith, en busca de la felicidad.

problemas

(escuchando Eli Paperboy Reed & the true lovers, roll with me)

Rafael: dejame hablar por el portero.
Osvaldo: el portero soy yo y con vos no hablo.
Rafael: dejame, es mi novia.
Naty: Osvaldo, déjalo.
Rafael: qué te dije? qué te dije? es mi novia. Naty, abrime la puerta, necesito que me escuchés.
Naty: no, qué querés?
Rafael: necesito hablar con vos a solas.
Osvaldo: no sé qué hacer con este tipo, Natalia.
Rafael: bueno, dejame. oime. escuchame, por favor, Naty. escuchame. necesito que me escuches. hice todo mal, todo mal. nunca te escuché, nunca te di bola de lo que me dijiste, pero parece que lo vi el problema. y dicen que si lo ves, es parte de la solución. la cagada es que no te dicen qué parte es. el cincuenta por ciento, el dos por ciento, no lo sé. pero yo creo que me hizo bien la terapia. la intensiva, digo. y qué más? ah, sí. bueno… no es verdad que no quiero tener más problemas. lo que yo no quiero son los problemas con las cuentas, los proveedores, pero quiero los tuyos. quiero los de Vicky, los de mi viejo, te lo juro. son mi familia, yo los quiero ayudar, entendés? ah, y yo quiero vivir toda una vida con vos. llena de problemas, los tuyos y los míos. porque eso son problemas, eso son. y el que no tiene esos problemas, bueno, ese es el problema más grande que puede tener. y aunque no sea Bill Gates, Einstein o Dick Watson, yo quiero vivir toda mi vida con vos, este, llena de problemas. y te voy a cuidar y te voy a… por más problemas que tenga… que tengamos, que tengamos y… no sé que más decirte. decime algo vos, por favor.
Naty: …
Rafael: no contesta.
Olvado: las minas son un problema, hermano.
Rafael: sí…
Osvaldo: yo al muchacho lo veo sincero, Natalia.

Ricardo Darín, Rubén Green, Natalia Verbeke, el hijo de la novia.

(escuchando ac/dc, hight voltage. porque es lo que se lleva ahora. el voltaje, digo)

cómo se mastica la incertidumbre? cómo se comen los interrogantes? cómo se digieren las noticias llenas de entresijos y direcciones de calles sin salida? cómo se paladean las dudas? cómo se aprovechan los tortazos con la mano plana? cómo se saborea un el optimismo cuando se ha acabado la cerveza y no puedes pedir otra para llenar ese vaso medio vacío? cómo sacas energía de un plato vacío? cómo se asan los murmullos de pasillo? se pueden sazonar las reuniones de soluciones drásticas? cómo se distribuye en el plato la comida recalentada del mes pasado para que parezca mínimamente apetecible? cómo disfrutar de ganarle a los alemanes en una isla teutona sin que repita la decepción de saber que los pilares tienen más grietas de las que pensabas? cómo volver a olfatear el placer de los entresijos del código al entrar por la puerta cuando han empezado por quitarle el marco que la envolvía? cómo se cocina a fuego lento con un soplete?

soy Boecio, autor de la consolación de la filosofía. para mí, la historia es una rueda. la inconstancia es mi esencia, dice la rueda. súbete a mi radio si quieres, pero no te quejes cuando te arroje a los abismos.
los tiempos pasan, pero también los malos. la mutabilidad es nuestra tragedia, pero también esperanza. los peores tiempos, al igual que los mejores, siempre pasan. Steve Coogan, twenty four hours party people.

trazado

(escuchando pearl jam radio)

al trazar una curva, es importante conocer las posibilidades del vehículo sobre el que estás montado. la presión de los neumáticos, el peso, la facilidad de corrección del ángulo de inclinación, la respuesta de los frenos delantero y trasero. pero, además, hay que tener en cuenta el tipo de asfalto, las condiciones en las que se encuentra y la meteorología. no es fácil solucionar todas las ecuaciones que se plantean justo en el momento de entrar en ella, de decidir si vas a soltar el acelerador y entrar a una velocidad que no implique riesgos, o si vas a tomarla con la inclinación necesaria para emocionarte aún más mientras conduces. la primera opción es la que tiene una ejecución más sencilla, con una posibilidad de error prácticamente nula. es la conducción natural, suave, la que pide el cuerpo en la mayoría de ocasiones. la segunda implica conocimiento, años de práctica, juego, emoción, corazón palpitando a tantas revoluciones como el propio marcador, pero también sentido común, racionalización, pensar en los demás, saber que hay alguien al final de la curva, en casa, que te espera con una sonrisa. en la primera, el cuerpo apenas reacciona, el trayecto pasa y el final es plácido, con la emoción de la calma. en la segunda, el cuerpo se tensa y se hace mecánico. las piernas amortiguan, los pies frenan y revolucionan, las manos ofrecen velocidad y resistencia, la cabeza traza la línea imaginaria sobre el asfalto, los ojos miran más allá de la curva, el corazón bombea y catapulta los chispazos a los pistones y las ruedas, que no se despegan de su objetivo, los brazos sirven de sostén y balanza, con una ligera presión en el lado opuesto a la dirección de la trazada, para que la inclinación sea perfecta. al finalizar la curva, todo vuelve a su estado natural y el ritmo de ralentiza, dibujando espirales en todas y cada una de las emociones. de una u otra forma, subirse a un día, ponerlo en marcha, acelerar, frenar, conducir despacio, deprisa, es lo que hace que el viaje valga la pena. habrá subidas y bajadas, curvas tranquilas, curvas trazadas. te pierdes. te encuentran. te caes. te levantas. a veces es muy duro. hay momentos en los que se convierte en un lejano rumor casi olvidado. y, luego, en la cama, en silencio, piensas en los mismos deseos antiguos. alguien a quien amar, que te quiera, que te dé la mano. ver crecer a los tuyos. y sabes que la curva vale la pena.

ahora ya me levanto yo y voy preparando café. Javier Bardem, mar adentro.

espera

(escuchando Terence Blanchard, bso la última noche. no me canso nunca)

esperaré, le dijo. el destino le miró con cara de asombro. cómo que esperarás? no va a suceder, no está escrito. simplemente, no puede ser. se hizo un silencio de pocos segundos. él le dio un sorbo a la cerveza con los ojos cerrados, y miró a la cara a su destino. me da igual, contestó. yo voy a seguir esperando. el destino le miró con rabia. haz lo que te dé la gana, yo no voy a ir en tu ayuda. no me busques, no me pienses, olvídate de mí. lo dijo sin levantar la voz, cortando las palabras como si su lengua fuera una espada. puso un billete sobre la barra y quiso zanjar la cuestión. me voy a buscar a otro. acto seguido, desapareció por la puerta. el chico sonrió y apuró su cerveza. pagó y salió del bar. en el umbral de la puerta, miró hacia arriba. sin destino que le dirigiera cada paso, se sintió completamente libre por primera vez. en serio, puedes hacer lo que quieras, pensó.

la mayoría de la gente huye del conflicto cuando, para mí, muchas cosas buenas surgen del conflicto. Ethan Hawke, antes del amanecer.

final

(escuchando LA, heavenly hell)

porqué se quedó esperando en lo alto de la escalera es algo que siempre intenté averiguar sin encontrar una respuesta que me devolviera la sensación de que había hecho las cosas bien. desde abajo, contemplé como se paraba en el último escalón y se daba la vuelta. me miró y me sonrió. pero yo no hice nada. me quedé paralizado mirando como esa sonrisa se quedaba flotando en el aire, mientras su cuerpo saltaba al vacío. por qué me miró? esperaba que yo hiciera algo? quería que la salvara de ese último paso? quería que le gritara no te vayas, quédate a mi lado? durante meses me había dejado muy clara su postura. no quería jugar más. se había cansado de batallar por cada centímetro de paz, por cada miligramo de cordura, por cada trozo de calma. era algo contra lo que no podía ni quería luchar. y yo respeté su decisión. no de entrada, claro. intenté convencerla de que tenía que continuar con esto, que no había otra, que la partida era esta y que, si quería cambiar las reglas del juego o incluso el juego, primero tenía que sacar fuerzas para cerrar el tablero, esconder las fichas y los dados, las tarjetas de sorpresa y suerte, y dejarlo en su sitio. que los desórdenes eran muy malos, porque luego siempre aparecían en el momento más inoportuno. pero no. no había mucho más que jugar. no tengo más fuerzas, dijo una vez. así que opté por dejarla subir las escaleras ella sola, sabiendo que posiblemente fuera esa la última vez que la viera. pero se dio la vuelta. me lo estaba agradeciendo? pedía ayuda? esa mirada de duda fue la última que me devolvieron sus ojos. nunca supe la razón de esa mirada. hasta hoy.

las personas deberían saber decir lo que quieren. Joseph Gordon-Levitt, 500 días juntos.



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