Archived entries for calma

individual

(escuchando dualize, LA. a esto le llamo yo un disco)

Zelig ha dejado de ser un camaleón para ser, al fin, él mismo. sus puntos de vista sobre política, arte, la vida y el amor son honestos y espontáneos. aunque su gusto pueda describirse como de vulgar, es el suyo. finalmente, es un individuo, un ser humano. ya no abandona su identidad para formar parte de algo seguro e invisible que le rodea.

Patrick Horgan, Zelig.

aún

(escuchando Leonardo Marques, dia e noite no mesmo céu)

este invierno todavía no ha nevado en las islas del Mediterráneo. es extraño lo que provoca la nieve en lugares en los que habitualmente no se tiñen de blanco con el frío. con los primeros copos, todas las miradas buscan el cielo. los adultos dejan lo que estén haciendo para, durante un pequeño espacio de tiempo, dejar que el frío y el agua helada, etérea, provoque una sonrisa que se mantiene durante el tiempo en que la nieve lo va tiñendo todo de blanco. los niños, por su parte, salen a la calle con la boca abierta para dar un trago helado con sabor a invierno. luego, con el paso de los minutos, buscarán las esquinas, los capós de los coches, cualquier lugar en el que se haya acumulado un mínimo de nieve para hacer una bola y lanzársela los unos a los otros. el frío, en realidad, importa poco. el paisaje pintado de blanco es mejor que cualquier termómetro. es como si todo tuviéramos una hija en blanco en la que, a medida que se funde la manta que lo cubre, se van pintando de nuevo, renovadas, frescas, recién nacidas, todas las cosas que habían desaparecido. evidentemente, la nieve también provoca retenciones de tráfico, accidentes y consumo excesivo de chocolate caliente. incluso algunas (o muchas) cosas, cuando reaparecen bajo el sol, no han quedado todo lo limpias que cabría esperar. pero intentemos buscarle el lado bonito a este culo de vaso que nos queda por beber de dos mil doce, que no está el horno para quemar nada. por ahora, no parece haber probabilidades de que nieve y, en consecuencia, no parece haber posibilidades de sonrisa generalizada. pero es posible que Francesc Mauri (o el hombre del tiempo que cada uno quiera) nos sorprenda cualquier día antes de que se acabe todo esto con un disfruten del lienzo y dibujen lo que ustedes quieran.

nunca recrees lugares basados en tus recuerdos, siempre imagina lugares nuevos. sólo puedes usar detalles. una farola o una cabina telefónica. nunca áreas completas. porque construir un sueño basado en tu memoria es la forma más fácil de perder el control sobre qué es real y qué es un sueño. Leonardo DiCaprio, origen

plan

(escuchando Brad Meldhau, the art of trio, songs)

todos los días empezaba un nuevo párrafo sin dirección concreta. palabras sueltas que, como por arte de conexiones neuronales, se iban buscando las unas a las otras en un baile incansable de notas en la banda sonora de la mañana. al principio, hacía ya casi una década, fue un acto de rebeldía. y, en parte, lo seguía siendo. una forma de decir la productividad es importante, pero no tanto como para no dejarte llevar por las manchas en el pentagrama durante, digamos, unos veinte minutos. había días en los que las rutas se acumulaban en la casilla de salida, pero eran los menos. si sucedía, escribía una línea que se lo recordara para los instantes en los que se ponía ante la página en blanco con el pánico de hoy de qué escribo en los bolsillos. pero, la gran mayoría de los días, no había un rumbo fijo. a partir de una primera frase aparecía una historia, una reflexión o una bazofia de palabras inconexas. últimamente, sin embargo, las ideas se estaban oxidando en la puerta de salida y lo que antes suponía el principio de alguna cosa que podía terminar, ahora no suponía nada. se maldijo y se puso a escribir. la creatividad se apaga si no la usas, no lo sabías? pues no, no lo sabía. engrásala y oblígale a salir a la calle. toma café y sonríe. sal y sonríe otra vez. que el frío te active, que la calle te active, que la gente te active. y, como había leído por ahí, si te dan un papel pautado, úsalo por detrás. fue pulsando teclas una tras otra, intentando no pensar en los destinatarios. sólo escribir. cuánto tiempo duraría? valía la pena continuar o tenía que cambiar de cuento? dudas. pero tenía que poner en marcha alguna cosa. de lo contrario, iba a explotar. bum.

hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que sólo un iluso seguiría insistiendo. pero lo cierto es que siempre he sido un iluso. Ewan McGregor, big fish.

click

(escuchando Dexy’s midnight runners, searching for the young soul rebels)

han sido muchos días de estar callado. falta de minutos y muchos trabajo achacado a que esto va a estar cerrado un mes y hay que dejarlo todo pulido hasta la última coma. tal incluso demasiado pulido en forma y olvidado en contenido. pero no nos vamos a meter donde no podemos meternos ni nos interesa. así que hoy, último día laborable en este gabinete para el que suscribe hasta que llegue septiembre, hagamos como que es viernes y háblese de las dos últimas películas.

la delicadeza. una pequeña joya en la que todo es lo que parece y lo cotidiano da un respiro a la neurona y un guiño al corazón. una preciosa historia de seres humanos guapos y feos, pequeños y grandes, dónde el hambre por una sonrisa tiene más arte que muchas otras propuestas que vienen desde el otro lado del mar. sencilla de emociones y complicada de ejecución, consigue que uno se congratule de haberse sentado en la sala a que le cuenten. Tatou cada día más Hepbourn y el que podría ser el amigo simpático del protagonista que acabará con la amiga simpática de la protagonista en un papel que nunca es el suyo, pero que esta vez sí. una bocanada de aire.

el caballero oscuro, la leyenda renace. un espectáculo de emociones góticas que nos rinde aún más si cabe a los pies de Christopher Nollan y su idea de trilogía heroica. un final redondo para una historia que empezó hace años, en la que los personajes tienen mucho que decir y la acción lo justo para compensar. un final casi perfecto en el que hay pocos peros y muchos aplausos. oscura, triste, con una catwoman que ha resultado ser la mejor posible y un listón que hace que se compadezca al que tenga que continuar la saga del hombre murciélago. como dicen por ahí, funciona como un reloj suizo. a lo que añadimos: y se disfruta como su chocolate.

y luego dejemos que sean los guionistas los que digan alguna cosa antes de que nos desenchufemos de este experimento que espero poder continuar el curso que viene. mientras tanto, niños, amor, sol, luna, mar, cine, música, amigos, pa amb oli i tramponet, helados, más amor y una cervecita bien fría. salut.

después de morir mi padre, empecé a venir mucho aquí. imaginaba que el mundo era una gran máquina. en las máquinas nunca sobran piezas, sabes? tienen el número exacto que necesitan. por eso pensé que, si el mundo entero era una gran máquina, yo no podía sobrar. tenía que estar aquí por alguna razón. y eso significa que tú estás también por alguna razón. Asa Butterfield, la invención de Hugo.

crítica (1)

(escuchando Esbjörn Svensson Trio, winter in Venice)

lo siento, pero de vez en cuando, si no les parece mal, sucederán cosas como la de hoy.

Profesor Lazhar. http://www.fancultura.com/?p=486

petición

(escuchando goyte, making mirrors. gracias, Julieta)

tiempo para estar con ellos. y conmigo. y billetes para volar. y el sonido de las hojas de los lugares a los que viajas cuando las giras. su cuerpo al lado del mío después y con una película que haya podido elegir. el cine en compañía y sin imposición. una cena con amigos. charlar. cantar. una excursión todos juntos. pasear. reirme mucho. usar el lápiz y el bolígrafo. el sabor de una cerveza sin prisa. dormir sin despertador. no esperar nada. cocinar con Aretha Franklin. enseñarles y aprender mucho de ellos. sorprenderme y sorprenderla y soprenderlos. cuidar a los amigos. tener claro cuál es el objetivo. con eso me conformo.

esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor. Y, como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad. Roberto Begnini, la vida es bella.

fin

(escuchando Hiromi’s sonicbloob, beyond standard)

qué bueno era haberlo conseguido. tras años de duro trabajo y horas robadas a la noche, al día, a su familia, a sus amigos, había conseguido llegar dónde siempre había querido. la casa de sus sueños. arquitectura recta, sobria, adaptada a la naturaleza, justo a la salida del pueblo. los grandes ventanales llenaban de luz cada pequeño rincón. habitaciones altas, de colores claros, con espacio para respirar sin problemas. la arquitecto que se la había diseñado sabía perfectamente cuáles eran sus gustos y sus necesidades, así que no le faltaba ni un sólo detalle. muebles funcionales, pero de una elegancia sin contemplaciones, una cocina en la que cabía un regimiento y un salón en el que daba gusto hacer casi cualquier cosa. sin más paredes que las absolutamente necesarias, toda la estructura era como una bocanada de aire fresco para los ojos y los pulmones. incluso los dos pisos estaban encajados el uno con el otro como si siempre hubieran sido una estructura compacta. era increíble como se había podido llegar a construir algo así. todo estaba puesto en su sitio por alguna razón y con una función determinada. cabía todo y tenía espacio de sobra. había soñado durante años en poder regalarle a los suyos un lugar como aquél, en el que los niños tuvieran metros para correr, habitaciones en las que jugar y una piscina en la que salpicarse. y lo había logrado. con aquella casa conseguía el tercer punto de su lista de sueños por realizar. tenía una familia maravillosa con la que compartir su vida, había conseguido dedicarse a lo que le apasionaba para no tener que ir nunca más a trabajar, y ahora se había construido la casa de sus sueños. se sintió mucho más satisfecho de lo que nunca había estado jamás. sentado en una de las butacas que había en la terraza, le dio un sorbo a la cerveza helada y miró todo aquello con satisfacción. bueno, y ahora qué?, pensó.

Sácale una foto, así te durará para siempre. Anna Sophia Robb, un puente a Terabithia.

(pausa)

(escuchando vvaa, Kansas city bso)

en la parte que se veía, las horas de trabajo se le acumulaban en los ojos. en la que no, las puntas de los dedos estaban espolvoreadas con minúsculos restos de piedras de mechero, a punto de pegarle fuego a todo lo que se pusiera a tiro. por eso bastaba poco para subir el volumen, golpear la mesa y bajarse del coche casi en marcha. pausa. baja el direfencial, se dijo. desconéctate y deja que sea ese ritmillo el que te lleve. y volvió a lo más básico. se puso el delantal, metió las manos en la carne caliente recién cortada, se empapó de sangre y dejó que el cuchillo le hiciera un par de pequeñas cicatrices en los dedos, para que se notara que los habían preparado para la ocasión. siempre había dicho que, en una matanza, todo huele a lo mismo. a cerdo, a grasa, a especias, a pimienta, a sal, incluso a orín y heces. pero todos esos olores en las papilas gustativas iban desapareciendo con el paso de los meses, hasta que se activaban de nuevo cuando se acercaba el frío, y llegaba la tranquilidad. el calor de la familia y los amigos se mezcló durante todo el día con sus ganas de que los cables que lo unían a la tecnología se chamuscaran un par de días. y fue terapéutico, además de emocionante. al día siguiente, un paseo entre barcos y una feria en el pueblo. los niños con él, y ella a su lado, siempre a su lado, le dejaron el sabor de boca necesario para encarar la semana con más ganas que de costumbre. pasar una tarde con la niña con nombre de agua y con los niños se había convertido casi en un privilegio que pesaba sobre sus hombros más de lo que los que no supieron evitar la situación económica del país hubieran podido pensar. pensaban? sabían el daño que podían hacer cuando decidieron dejar que el mundo perdiera trabajadores, que hubiera que buscarse las castañas más allá de los bosques de castaños, que tuvieran que pelear por llegar a final de mes en condiciones de nevera llena? era una situación difícil, pero después de muchos meses de leer que lo había que hacer era tomárselo con calma, poner en marcha la imaginación y el esfuerzo, sabía que el camino no era tan malo como parecía y que tener un hombro en el recostar la cabeza mientras Barney dice legen, espera, dario, era más que suficiente para que el polvo de piedras de mechero se diluyera en una ducha caliente. lo de las ojeras lo dejaba para más adelante.

tómatelo con calma. Jeff Bridges, el gran Lebowski.

ronda

(escuchando Lucia Micarelli, music from a father room)

maldita sea, me tenía que tocar a mí. ciento veintisiete, te toca salir. la maldita ronda. por qué tenemos que seguir haciendo la ronda? ya sabemos que la cosa esta jodida, que los robots siguen campando a sus anchas por lo que queda de ciudad, y que no tenemos opción contra ellos. si te encuentras con un robot, corre. esa es la premisa. y si alguna vez piensas en hacerte la valiente, haz un repaso de los nombres de los que ya no están. el capitán lo tiene muy claro porque él no hace rondas. no ataques, sólo corre. y esquiva como puedas sus disparos, claro. pero si no les atacamos, cómo vamos a saber de qué se alimentan y cómo destruirlos? ese no es tu trabajo, pequeña. deja pensar a los mayores. los mayores. su superioridad de machito egocéntrico me saca de quicio. y luego se sientan en un despacho a beber y fumar los pocos cigarrillos que quedan en el planeta. un cigarrillo, daría lo que fuera por un cigarrillo… eh, qué ha sido eso? algo se ha movido detrás de esas ruinas. eso es el Parlamento? joder, sí que he llegado lejos, no tendría que haber llegado hasta aquí. el jefe se va a cabrear. pero ahí atrás hay algo. se ha vuelto a mover. parece un brazo de robot. pero los robots no son tan grandes. qué cojones es eso? tengo que acercarme. menos mal que la semana pasada solucioné lo de los amortiguadores de los zapatos. con tantas ruinas es imposible pasar desapercibida si tienes los amortiguadores jodidos. un poco más cerca. mierda, es un robot. un robot gigantesco. nunca había visto uno tan grande. con un robot como este, tendríamos que emplearnos a fondo para cargárnoslo. hostias, hay cientos. esto no tiene buena pinta. van a destrozarnos. tengo que avisar al jefe.

Westley: la batalla de ingenio ha comenzado. y acabará cuando escojáis y bebamos. sabremos quien ha acertado y quien ha muerto.
Vizzini: eso es muy fácil. lo único que debo hacer es deducirlo por lo que se de vos. si sois la clase de hombre que vertería el veneno en su copa o en la de su enemigo.

Cary Elwes & Wallace Shawn, la princesa prometida.



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