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huevos

un fin de semana largo para algunos que puede ser perfectamente aprovechable para descubrir lo que las películas quieran. y volver a escuchar lo que nos dijeron una vez.

no obstante, volví a verla. volví a ver a Annie. fue en la parte alta del oeste de Manhattan. había vuelto a Nueva York. vivía en el Soho con un chico y cuando la vi. lo estaba arrastrando a ver el documental la pena y la piedad, así que lo tome como un triunfo personal. Annie y yo almorzamos juntos poco después, y hablamos de los viejos tiempos. después se nos hizo tarde. los dos nos teníamos que marchar, pero fue magnifico volver a ver a Annie. me di cuenta de lo maravillosa que era y de lo divertido que era tratarla, y recordé aquel viejo chiste. aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: doctor, mi hermano esta loco, cree que es una gallina. el doctor contesta: lo ha llevado a un médico? y el tipo le dice: lo haría, pero necesito los huevos. pues eso, más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben? son totalmente irracionales y locas, y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría, necesitamos los huevos.

Woody Allen, Annie Hall.

Madrid

(escuchando the bad plus, never stop)

el antiguo estudiante salió a la calle y se encontró una ciudad cambiada. igual de caótica que veinte años atrás, pero cambiada. más peatonal, más sucia, más llena, más cara, más receptiva, más exclusiva, más original, más egocéntrica. en esencia, no había nada fuera de contexto, pero todo parecía estarlo un poco. los picos del gráfico se había alejado de la linea del cero. las derechas y las izquierdas eran más derechas y más izquierdas, y los altos y los bajos se elevaban más y se hundían más en el fondo. a la vez, había algo en la calle que decía que esto no podía seguir así, que iba a explotar de un momento a otro, pónganse a cubierto. y la ciudad se había cobijado en la parte cotidiana, el día a día, la bolsa con la compra de la semana con lo justo y los parques y las calles llenas, porque es más barato que ir al teatro o el cine. había quejas, claro que las había, pero se quedaban en reivindicaciones de bar y tapa. la ciudad era un caldo perfecto para un gran arroz que serviría de banquete para los mismos. o tal vez esta vez iba a ser que no. era difícil predecirlo. el antiguo estudiante volvió a sentirse un poco joven, un poco mejor, un poco más todo lo que los horarios y las condiciones de la cuenta corriente no le dejaban ser. además, él también había cambiado, y ahora no estaba solo. sobre sus hombros y de la mano, sus hijos y ella, lo mejor de cada día, que veían y sentían como aquel calor del antiguo estudiante también les calentaba un poco a ellos. y él podía ofrecerles una enorme sonrisa de las que salen cuando no hay nada que lo impida, que la merecen y la necesitan tanto como él. y volver a estar un par de horas muy cerca, rozándose, de algunos, los que más, de los que crecieron con él de la mano y le regalaron el tiempo, que es algo que no todo el mundo regala, y las palabras y las manos y un montón de noches y días de borracheras agarradas a la barra de Malasaña para que no se moviera. el antiguo estudiante se sintió como en casa veinte años más tarde. pero no en casa por la ciudad, que puede que también, sino en casa por ellos, porque uno siempre se siente en casa cuando está con gente con la que sabe que no hay que actuar, porque no hay nada que demostrar, sólo dejar que los minutos continúen alimentando esta historia de amor que son los amigos que recuerdan y viven hoy poniendo el hombro y las carcajadas sin pedir nada a cambio. levantó la caña y todos brindaron. salut, dijo su hijo mayor.

no hay límite de tiempo, puedes empezar cuando quieras. Brad Pitt, el curioso caso de Benjamin Button.

hoy y mañana

(escuchando hoy empieza todo, radio 3)

llega con retraso, una semana (y un mes) después de las últimas líneas antes de decirle hola a las siestas con sofá, café con hielo y un libro entre los dedos, que se cansan y dejan caer las páginas y los párpados, justo después de comer, cuando se sincronizan los sueños. pero llega. el principio de curso, el final del verano, septiembre, el año. llega. y, aunque el día es día de películas, es necesaria una lista de cosas que han pasado y habrá lucha para que sigan pasando. con película incluida en cada punto, por supuesto.

– hablar de cosas importantes y de todo lo demás. como con los niños, que te miran y escuchan y cuentan y ríen y lloran, con ella, con la que cada día es un poco mejor, aunque haya barrancos y olas de proporciones impensables, con ellas dos, que siguen ayudándonos a creer en nosotros, con ellos dos, con los que tenemos aventuras solos y acompañados y las seguiremos teniendo, con ellos ahora cuatro, que suman personas en lugar de restarlas, con ellos cuatro, que siguen ahí a pesar de las montañas rusas. un placer: antes del amanecer y, justo después, antes del atardecer.

– cocinar con música puesta y delantal y copa de vino o cerveza. olvidar algunos vicios del paladar y cambiarlos por otros. con lista de platos y de la compra. por ellos y por nosotros. por la emoción de las papilas gustativas y el estado de ánimo que produce. por que los fogones pueden ser un arte sencillo y preciso. una obligación: deliciosa Martha.

– salir más allá del pueblo, correr aventuras en tren, avión, barco, coche, bicicleta, moto y zapatillas deportivas. dejar los teléfonos apagados y sin cobertura. estimular los momentos de esos que se recuerdan porque salen en las fotos de la memoria. probar cosas y dejar que cada lugar nos regale un poco y dejarnos un trocito en alguna esquina, casi impredecible. una bocanada de aire: hacia rutas salvajes.

– ver películas, muchas, porque sí, porque hace falta, porque es un placer, y porque incluso las peores son películas. devorar fotogramas en pantalla grande y en pantalla más pequeña. recomendadas y sin recomendar. sólo y acompañado de ella y de todos los demás. una emoción: la rosa púrpura del Cairo.

– escribir y leer. dejar que el cerebro se desconecte y que sean las manos las que dicten las teclas a pulsar y las secuencias a dibujar. libre, sin ataduras ni hambre de respuesta, por el gusto de hacerlo y de volver a ejercitar las ideas, el ritmo de las letras en el corazón. una historia magnífica: más extraño que la ficción.

– escuchar música. en vinilo casi siempre y en otros formatos también. no sólo de fondo. escuchar. y dejar que ellos escuchen y, si quieren, entiendan y sientan los instrumentos, los ritmos, las melodías, las letras. Miles Davis y The Clash. dejarse convencer sin prejuicios. una imprescindible: alta fidelidad.

– trabajar con todo en el asador. con normas, porque en esto nos jugamos mucho más que un par de euros, porque es obligatorio el movimiento para estar vivo, porque hay que salir de ésta con la sensación de que estás haciendo bien las cosas, porque para todo hay un momento y cuando se trabaja, se trabaja. porque la inspiración siempre llega, pero hay que hacer muchos dibujos antes de darte cuenta de que es imposible trazar un camino ordenado para llegar. porque hay que demostrar y demostrarse que crees en esto. una inspiración: lugares comunes.

– amar. así, a tutiplén y sin medida. un aplauso, por favor: adivina quién viene esta noche.

me doy cuenta que estoy muy emocionado, casi no puedo estar sentado o tener la cabeza tranquila. creo que es la emoción que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre al principio de un largo viaje cuyo final es incierto. espero poder cruzar la frontera, espero poder ver a mi amigo y estrechar su mano, espero que el Pacífico sea tan azul como siempre he soñado. y espero nunca más perder la esperanza. Morgan Freeman, cadena perpetua.

elección

(escuchando Norah Jones, little broken harts, qué grande es cuando los buenos evolucionan a mejor)

Red: tú no eres un asesino. un mal marido tal vez. puedes sentirte culpable si quieres, pero tu no apretaste el gatillo.
Andy: no, no lo hice. fue otra persona y yo acabe aquí. mala suerte, supongo.
Red: sí.
Andy: flota en el aire y tiene que caer sobre alguien. me toco a mi, eso es todo. el tornado me pillo por medio. nnca pensé que la tormenta durase tantos años. crees que saldrás de aquí algún día?
Red: yo? sí, cuando tenga una larga barba blanca y no me queden nada más que un par de tornillos, me soltarán.
Andy: te diré a donde iría yo, a Zihuatanejo
Red: a Zihuataque?
Andy: Zihuatanejo, está en México. un pueblecito frente al Pacífico. sabes qué dicen los mejicanos del Pacífico?
Red: no.
Andy: que no tiene memoria. por eso quiero acabar mi vida allí, en un cálido lugar, sin recuerdos. abriré un pequeño hotel junto a la playa, me compraré una barca vieja, la arreglaré un poco y llevaré a los clientes a pescar.
Red: Zihuatanejo.
Andy: me resultaría útil allí un hombre que consigue cosas.
Red: no creo que sobreviviera fuera de aquí. he pasado aquí más de media vida, estoy institucionalizado, igual que lo estaba Brooks.
Andy: te estás subestimando.
Red: no lo creas. quiero decir, aquí dentro soy el tipo que consigue cualquier cosa, pero fuera ya tienes las páginas amarillas. yo no sabría ni por donde empezar. el océano Pacífico, joder! algo tan grande me asusta.
Andy: a mi no. no maté a mi mujer, ni tampoco a su amante. si cometí errores, ya los he pagado, y con intereses. ese hotel, esa barca, no creo que esté pidiendo demasiado.
Red: no deberías torturarte de esa forma, Andy. no es más que un puñetero sueño. México está en el quinto coño y tu estás aquí, y eso es lo que hay.
Andy: sí, vale, eso es lo que hay. está allí y yo estoy aquí. todo se reduce a una simple elección, empeñarse en vivir o empeñarse en morir.

Morgan Freeman & Tim Robins, cadena perpetua.

píldoras

(escuchando Ben Harper, give till it’s gone)

antes de apagar el teclado, hace ya casi dos semanas, decidieron que cambiar de década era suficientemente importante como para una cata de gintonics y recuerdos y fotos y música y amigos y familia y ella, siempre ella, organizándolo todo desde el silencio. joder, cómo se puede medir todo eso en palabras que signifiquen lo que quiero que signifiquen? ese fue el pistoletazo de salida. píldoras de libertad.

nos gusta mucho tu propuesta. la puedes tener para el martes? y los dedos empezaron a echar humo, como lo hacían años atrás, cuando no había que buscar bajo las piedras del fondo del mar una forma para que los números no se tiñeran de rojo antes de la segunda decena. tensión y algo de tristeza. pero luego el teléfono dejó de tener cobertura, se desconectó internet y la televisión. y salió el sol y jugamos a la pelota con los niños en manga corta y andamos por el bosque. ellos. por fin, ellos. y uno de esos días fue el que marcaba la cuarta década. cumplir diez días después de celebrar por sorpresa es raro, lo convierte todo en un día normal. pero no es normal, porque ya lo has celebrado, ya has sentido que han pasado un montón de años y que van a pasar muchos más en casi la misma compañía. y algunas lágrimas de emoción por quince líneas escritas en una postal de un lugar que hacía tiempo que no recordaba. y más emociones contenidas que salen a la luz. gracias a millones. ya de noche, cenamos con ellas, que nos demuestran cada vez que el amor tiene todas las formas que queramos imaginar, con la sinceridad como única carta, y más gintónics y risas y algo de tristeza, pero menos que las ganas de seguir adelante que van implícitas en semejantes abrazos. y un regalo, tal vez no suficientemente agradecido con palabras, pero sí con latidos, lo prometo. luego reapareció la tecnología en forma de tres dimensiones en una pantalla enorme y una película sencilla. desde la butaca de al lado, sentado en el alzador, él dice sin gafas no se ve bien, papá. y se las vuelva a poner con las ganas del que no quiere que se termine nunca el espectáculo que está contemplando. y, aunque las pantallas también hablaron de trabajo y los dedos volvieron al ajetreo del código, el mundo seguí girando, ajeno. así que, a la espera de acontecimientos, subirse a la montaña rusa y al látigo y al scaléxtric y a un montón de atracciones con ellos fue un placer en el que nos volvimos Peter Pan para acompañarles. incluso a los más pequeños. luego, al final de la tarde, Jana decidió que ya era momento de dormir entre mantas y comer del pecho de su madre y sentir su piel y acurrucarse en los brazos de su padre y dejar a su hermano con esa sensación expectante de que todo está por venir, pero aún no sé muy bien qué. nosotros, desde el otro lado de la minúscula cuna, le sonreímos y le decimos, bajito para que no se despierte, hola, preciosa, bienvenida. y los niños la miran y entre curiosos y emocionados, contagiados por los ojos brillantes de los que sentimos que las luchas, como mejor se ganan, es en silencio y con el corazón palpitando. lo siento, pero ahí va: jódanse señores que dijeron que esto nunca pasaría, jódanse con todas las letras. porque lo celebramos con burbujas y risas y una gran comida y los abuelos felices. tanto como nosotros. tanto como yo, por tener a una niña que hace que todo lo escrito sea minúsculo cuando la pienso y con la que las piezas del puzzle encajen, aunque haya días que se den la vuelta, aunque haya silencios y miradas. el agua me dio su nombre y yo le regalé los latidos. qué fácil es hacer cosas que te hacen ser feliz cuando tienes tiempo y ganas y alguien con quién compartirlas. uf, qué vorágine emocional.

eso es Nunca Jamás. Johnny Deep, descubriendo Nunca Jamás.

pausa

(escuchando Elliott Smith, roman candle)

la pantalla volvió a sus actividades antes de la vorágine y se quedó callada durante tres días. el dedo índice no se movió para dar golpecitos sobre una superficie de plástico duro. lo hizo para sujetar el cuchillo que picaba la cebolla para unos espaguetis con calificación qué ricos. los ojos no leyeron nada que no fuera papel o expresiones y movimientos. las piernas no colgaron de la silla y se mantuvieron en constante movimiento o alargadas sobre el sofá. el sol no entró por la ventana, mojó la cara y las manos y el pelo de los cuatro. el viernes el enchufe laboral dejó de dar electricidad a la neurona y se creó una burbuja de emociones que no aparecían desde hacía muchas hojas de calendario. carreras de coches, cosquillas en la cama, pasta con mucho queso enrollada en el tenedor y las manos, desayuno de tostadas con queso y nesquick, risas y llantos, una mañana de confidencias y una tarde de pasamos a veros, besos, caricias, luz en la cara, las cartas sobre la mesa, planes para el verano, soluciones al futuro incierto, emocionante paz emocional y personal. este fin de semana se ha llenado de Lluís y Lola y la niña con nombre de agua. este fin de semana he sido feliz, muy feliz.

Chiqui: viste lo que hice, papá? lo viste? lo viste?
Crush: sí, estuviste genial. choca esa aleta, cocorota…
Chiqui & Crush: bestial.

Andrew Stanton, buscando a Nemo.

experimento

(escuchando Ella Fitzgerald, the songbooks)

experimento. cuatro entregas. principio. alguien se anima?

por las tardes, se iba al bosque. a sus padres no les importaba demasiado. no te alejes, le decían. tranquila, mamá, contestaba ella desde la puerta del jardín. cuando los mayores se encerraban a pasar el tiempo con sus cosas, libros, revistas, música, comida, ella desaparecía entre los árboles. caminaba durante unos minutos por el sendero que llevaba a la cascada, luego tomaba un desvío apenas imperceptible y se perdía por un sendero poblado por arbustos y extraños ruidos de animales. al final, había un claro, en el que había colocado dos troncos a modo de sillas alrededor de una piedra que hacía las veces de mesa. casi a la vez aparecía el oso, sonriente, con la seguridad que da la confianza en los que conoces. era un animal enorme, de pelaje pardo, con largas garras afiladas, que causaría pavor a cualquiera que se lo encontrara en la espesura. de hecho, tenía un par de cicatrices causadas por los disparos de cazadores que se vanagloriaban de haberse enfrentado al oso que merodeaba por aquellos bosques. pero ella no había tenido miedo. cuando lo vio por primera vez lo encontró bebiendo en el pequeño lago que había más allá de la cascada. se acercó y le dijo hola, oso. él, sorprendido, ni siquiera pensó en atacar. la miró en silencio. hola, volvió a decir la niña. no sabes que es de mala educación no contestar cuando te hablan? ho-hola, respondió el animal, sin saber muy bien qué estaba ocurriendo allí. quieres tomar un chocolate?, le preguntó aquella personita que le miraba como si le conociera de toda la vida. claro, respondió el oso. me encanta el chocolate. desde aquel día, se reunían para tomar una taza de cacao con galletas y hablar de lo que pasaba a su alrededor. ella le contaba cosas sobre la cuidad y el colegio. él, del bosque y sus encontronazos con los cazadores. luego, se despedían y cada uno se iba a su casa. hasta mañana, Christopher. hasta mañana, Pooh, bromeaban.

escúchame, Truman. ahí fuera no hay mas verdad que la que hay en el mundo que he creado para ti. Ed Harris, el show de Truman.

ellos

(escuchando bso drivre, Cliff Martinez, de las mejores películas de este año que acabamos de empezar, afirmo)

han pasado quince días muy despacio y con muchas ganas. han pasado muy pocas cosas y muchas emociones. comidas y cenas, cafés y charlas, viejos amigos y cervezas, uvas y baile, regalos inesperados y cine en mayúsculas y en minúsculas, sofá y manta, visitas fuera y dentro, abrazos y miradas, y ellos. los niños han sido los protagonistas de dos semanas de sus manos en las nuestras, andando, corriendo, haciendo carreras, en una sala de cine donde la cara se ilumina durante una hora y media, sobre la espalda con la boca abierta gritándole a los reyes Majos que ha sido bueno y que Lola también, rompiendo el papel de regalo y enseñándole al mundo que ahora tiene un dragón llamado Desdentado, voliéndose loca de alegría cuando le daban otro paquete envuelto, durmiendo o no en la misma habitación que sus primos, creciendo por segundos, riéndose mucho y jugando todos juntos a lo mismo y a cosas distintas, aprendiéndose diálogos de películas para usarlos luego en sus aventuras con los cliks. ellos son los que han marcado y marcan horarios de descanso y de trabajo, los que te hacen ser un poco mejor cada día y te descubren que esto era lo que habías estado buscando todo este tiempo, que te da rabia volver a trabajar, porque ya no les verás todo el día, que quieres enseñarle todo lo que sabes y que te enseñen todo lo que saben y aprenden, que ahora ya no hay nada si no están ellos, que ya no hace falta encontrar nada más, que cada uno de los ochenta y cuatro mil seiscientos segundos que tiene el día es un regalo para ellos y para nosotros. nosotros, tan nosotros ahora. tan nosotros.

sólo quería que supieras que estar a tu lado ha sido lo más bonito que me ha pasado nunca. Ryan Gosling, driver.

maestro

(escuchando Trent Renzor and Atticus Ross, bso the girl with the dragon tatoo. dioses, qué ganas de verla)

iba a escribir una de esas historias que suceden por las mañanas, de camino a esta silla y esta mesa, pero me he encontrado con esto. y me ha hecho pensar un poco.

haz lo que te salga de la punta del alma. Andreu Buenafuente, escrito en la pared del decorado de una altra cosa.

felices

(escuchando PJ Harvey, stories from the city, stories from the sea)

los niños no deberían irse a dormir, decía JM Barrie, porque cuando se despiertan, son un día más mayores. seguramente, el autor de Peter Pan lo decía porque no tenía hijos y no sabía lo que era levantarse cinco veces durante la noche a calmar pesadillas o a dar biberones o a lo que sea. aunque también puede que lo dijera pensando en la magia de sus miradas ante una fiesta organizada con todo el amor del mundo, o en sus sonrisas espontáneas ante un coro de invitados cantando el cumpleaños feliz. celebrar que ya han pasado uno o dos años desde la primera vez que respiraron por sí mismos es, aunque Barrie no estuviera de acuerdo, una de los momentos más fascinantes del año. y días como el de ayer o el de antes de ayer, días mágicos.
sábado
fue la primera vez que se apagaron las luces para sorprenderla con la tarta, las velas, los siempre magníficos lacasitos forrando un bizcocho, y un montón de niños alrededor esperando a que se se les llenara el plato de chocolate de colores. incluso los adultos. los clásicos, que no falten. y ella dando sus primeros pasos a toda velocidad, de un lado a otro, feliz, con la inocencia del que se sabe protegido y querido. qué bien, pequeña, qué bien.
domingo
fue la segunda vez que le llenaron las manos de abrazos y besos con una tarta decorada con todo el amor que se puede dar. sus padres llevaban meses preparando cada uno de los detalles que hicieron de la fiesta una gozada para los ojos y las papilas gustativas. todos los elementos comestibles y no tanto se había dibujado para que los niños y los que no lo son tanto, pero todavía creen en el espíritu de Barrie, sintieran que el tiempo sólo pasa para lo físico. y le sumaron un cuento del que ellos y ellas quisieron formar parte, una mesa llena de masa para crespells con decenas de formas, botes de pintura que terminaron en las manos de colores, y un día magnífico que acompañó a los que quisieron correr sin parar tras el balón. todo se conjugó para que nadie se sintiera fuera de lugar y que la balanza no se inclinara nunca del lado del aburrimiento. molts d’anys, chiquituela, molts d’anys.
dos días en los que el paso del tiempo se alió con todos y dejó, por un momento, de ser un tema sobre el que sentirse un poco mal, para convertirse en la razón para celebrar. un placer, familias, un verdadero placer.

todo esta en la imaginación, solamente hay que creer. Johnny Deep, descubriendo Nunca Jamás.



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