plug and play

(escuchando Miles Davis, kind of blue, 50th anniversary edition)

sentarse a las teclas el día te tu cumpleaños alimenta ese punto de improvisación que no quieres que desaparezca y que hace que todo sea un caos de ritmos a destiempo, notas cruzadas con los dedos de los niños que aporrean cualquier cosa, solos demasiado largos y finales inciertos. pero el flujo de los temas y la lluvia y las cervezas y la compañía lo cubre todo y uno se olvida de que faltan instrumentos y no hay repertorio ni nada. y sonríes porque eres feliz. y sabes que este es el principio de unas merecidas vacaciones con los que están ahí porque querías que estuvieran. y te congratulas de tenerlos a tu lado. con ella. con Lluís, del que celebramos cada patada y cada movimiento y cada latido. luego llegan ellos dos, que estuvieron de viaje y traen polvo de la sabana. te enseñan las fotos y sientes envidia sana y cochina, y compartes con ellos un poco más de lo que eres, una parte importante de algo más que la familia. entre tanto, algunas mañanas, te arremolinas bajo las sábanas con el agua de abril traqueteando en los cristales de casa y su nombre, al calor de la piel. y escuchas a Miles Davis y a peal jam y a Prince y a Coque Malla y a love of lesbian, sentado en el sofá, con los oídos buscando cada nota y cada golpe del bajo y del teclado. y miras películas. señales del futuro (el señor Proyas vuelve a sus orígenes y se pierde justo antes del final), más allá de la tierra quemada (si Arriaga fuese más visceral, sería Iñárritu, pero Theron es Theron), Frost contra Nixon (toma ya, pedazo de guión), señales y el bosque (noche temática de Shyalaman, ese genio de la contención), los increíbles (esa estética Bond, ese dinamismo en la animación, esa historia), la guerra de las galaxias (con niños a tu lado haciendo mil preguntas y tú sonriendo como hace muchos años). y algunas series. damages (termina la segunda temporada con un giro un poco forzado, pero brillante al fin y al cabo), Dexter (la tercera parte crece y crece y crece, y ya quedan sólo dos horas). y haces muchas más cosas. pero, sobre todo, y sin pensártelo dos veces, te desenchufas a su lado.

estábamos tomándonos un descanso. Mathew Perry, friends.