plan

(escuchando Brad Meldhau, the art of trio, songs)

todos los días empezaba un nuevo párrafo sin dirección concreta. palabras sueltas que, como por arte de conexiones neuronales, se iban buscando las unas a las otras en un baile incansable de notas en la banda sonora de la mañana. al principio, hacía ya casi una década, fue un acto de rebeldía. y, en parte, lo seguía siendo. una forma de decir la productividad es importante, pero no tanto como para no dejarte llevar por las manchas en el pentagrama durante, digamos, unos veinte minutos. había días en los que las rutas se acumulaban en la casilla de salida, pero eran los menos. si sucedía, escribía una línea que se lo recordara para los instantes en los que se ponía ante la página en blanco con el pánico de hoy de qué escribo en los bolsillos. pero, la gran mayoría de los días, no había un rumbo fijo. a partir de una primera frase aparecía una historia, una reflexión o una bazofia de palabras inconexas. últimamente, sin embargo, las ideas se estaban oxidando en la puerta de salida y lo que antes suponía el principio de alguna cosa que podía terminar, ahora no suponía nada. se maldijo y se puso a escribir. la creatividad se apaga si no la usas, no lo sabías? pues no, no lo sabía. engrásala y oblígale a salir a la calle. toma café y sonríe. sal y sonríe otra vez. que el frío te active, que la calle te active, que la gente te active. y, como había leído por ahí, si te dan un papel pautado, úsalo por detrás. fue pulsando teclas una tras otra, intentando no pensar en los destinatarios. sólo escribir. cuánto tiempo duraría? valía la pena continuar o tenía que cambiar de cuento? dudas. pero tenía que poner en marcha alguna cosa. de lo contrario, iba a explotar. bum.

hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que sólo un iluso seguiría insistiendo. pero lo cierto es que siempre he sido un iluso. Ewan McGregor, big fish.