(pausa)

(escuchando vvaa, Kansas city bso)

en la parte que se veía, las horas de trabajo se le acumulaban en los ojos. en la que no, las puntas de los dedos estaban espolvoreadas con minúsculos restos de piedras de mechero, a punto de pegarle fuego a todo lo que se pusiera a tiro. por eso bastaba poco para subir el volumen, golpear la mesa y bajarse del coche casi en marcha. pausa. baja el direfencial, se dijo. desconéctate y deja que sea ese ritmillo el que te lleve. y volvió a lo más básico. se puso el delantal, metió las manos en la carne caliente recién cortada, se empapó de sangre y dejó que el cuchillo le hiciera un par de pequeñas cicatrices en los dedos, para que se notara que los habían preparado para la ocasión. siempre había dicho que, en una matanza, todo huele a lo mismo. a cerdo, a grasa, a especias, a pimienta, a sal, incluso a orín y heces. pero todos esos olores en las papilas gustativas iban desapareciendo con el paso de los meses, hasta que se activaban de nuevo cuando se acercaba el frío, y llegaba la tranquilidad. el calor de la familia y los amigos se mezcló durante todo el día con sus ganas de que los cables que lo unían a la tecnología se chamuscaran un par de días. y fue terapéutico, además de emocionante. al día siguiente, un paseo entre barcos y una feria en el pueblo. los niños con él, y ella a su lado, siempre a su lado, le dejaron el sabor de boca necesario para encarar la semana con más ganas que de costumbre. pasar una tarde con la niña con nombre de agua y con los niños se había convertido casi en un privilegio que pesaba sobre sus hombros más de lo que los que no supieron evitar la situación económica del país hubieran podido pensar. pensaban? sabían el daño que podían hacer cuando decidieron dejar que el mundo perdiera trabajadores, que hubiera que buscarse las castañas más allá de los bosques de castaños, que tuvieran que pelear por llegar a final de mes en condiciones de nevera llena? era una situación difícil, pero después de muchos meses de leer que lo había que hacer era tomárselo con calma, poner en marcha la imaginación y el esfuerzo, sabía que el camino no era tan malo como parecía y que tener un hombro en el recostar la cabeza mientras Barney dice legen, espera, dario, era más que suficiente para que el polvo de piedras de mechero se diluyera en una ducha caliente. lo de las ojeras lo dejaba para más adelante.

tómatelo con calma. Jeff Bridges, el gran Lebowski.