hace un rato

dicen

(escuchando Gregory Porter, be good. un reciente descubrimiento para escuchar con cascos y los ojos cerrados)

hablar sobre sueños que se consiguen con perseverancia es fácil. poner en marcha esa perseverancia es lo complicado. nos dicen que no podemos expresarnos en nuestra lengua, nos impiden poner nuestras banderas e, incluso, juntarnos más de dos docenas de personas en la calle porque estamos conspirando. nos recortan los sueldos, los tratamientos, las ganas, las sonrisas. nos dicen que nos callemos si alguien no hace las cosas como nosotros queremos, que sigamos con nuestras anodinas vidas, sentados frente a la televisión, viendo casas que jamás podremos tener y anuncios de coches que nunca podremos comprar. nos ponen multas si no pagamos, si no cumplimos con nuestras obligaciones tributarias, si no estamos sentaditos y quietecitos cuando no nos dejan discutir sobre los principios que una vez se escribieron, hace ya tanto tiempo que casi se han olvidado las razones. nos dicen que tenemos que mirar hacia el futuro y gastarnos lo poco que tenemos en cosas que no necesitamos para levantar este país y este planeta. nos dicen todas esas cosas y muchas más que es mejor no reproducir porque hay niños delante. pero luego, en silencio, a las cuatro y treinta y dos de la madrugada, con la respiración de los que un día dejarán de ser inocentes para ser culpables de cualquier cosa de lo que se les culpe, decides que no te van a cargar con todo, que vale la pena y que vas a poner en marcha esa perseverancia. como sea. como sea. ha llegado el momento de dejar de lloriquear y de seguir haciendo.

Zelig ha dejado de ser un camaleón para ser, al fin, él mismo. Sus puntos de vista sobre política, arte, la vida y el amor son honestos y espontáneos. Aunque su gusto pueda describirse como de vulgar, es el suyo. Finalmente, es un individuo, un ser humano. Ya no abandona su identidad para formar parte de algo seguro e invisible que le rodea. Woody Allen, Zelig.

así

(escuchando Florence & the Machine, ceremonials)

el otro día volvió a caer en nuestros ojos una gozada. una gozada tramposa, que diría el maestro Moi, pero una gozada al fin y al cabo. sirvan estod dos minutos y quince segundos de ejemplo.

(Irene termina de leer una libreta)
Benjamín: es una primera pasada.
(Irene le enseña la taza de café vacía)
Benjamín (se va a la cocina): hago más.
Irene: tu casa es igual que me la imaginaba.
Benjamín: ah, sí? cómo te la imaginabas?
Irene: y cómo va a ser? así, tal cual. tal cual me la imaginaba.
Benjamín: claro. yo, en cambio, tu casa me la imaginaba totalmente distinta.
Irene: vos conoces mi casa?
Benjamín: no, distinta a esta, digo. totalmente distinta.
Irene (coge una libreta de una mesa): qué temes, Benjamín?
Benjamín: eh?
Irene: aquí hay un papelito que dice temo. qué temes?
Benjamín: no,no,no, no es nada. una cosa que hice, una prueba de escribir así medio dormido para liberar la imaginación… una tontería, no le hagas caso.
Irene: …
Benjamín: bueno, dale, decime.
Irene: es una novela, no? en una novela no hace falta escribir la verdad. ni siquiera algo creíble.
Benjamín: sí… no, cómo? qué no es creíble?
Irene: la parte esa, cuando el tipo de va a Jujuy.
Benjamín: sí, qué problema hay?
Irene: el tipo llorando, como si fuera un desgarro.
Benjamín: sí, y qué?
Irene: y ella corriendo por el andén, como sintiendo que se iba el amor de su vida.
Benjamín: bueno…
Irene: y tocándose las manos a través del vidrio, como si fueran una sola persona. y ella llorando, como si supiera que le esperaba un destino de mediocridad y desamor. casi cayéndose en las vías, como queriendo gritar un amor que nunca se había animado a confesar.
Benjamín: sí. si fue así. o no fue así?
Irene: y si fue así, por qué no me llevaste con vos?
Benjamín: …
Irene: Pánfilo.

Soledad Villamil & Ricardo Darín, el secreto de sus ojos.

definición

(escuchando the Köln concert, Keith Jarret)

primero hablaron de conspiración judeomasónica. pero, al final, descartaron la idea porque les sonaba algo antigua y, además, estaban casi seguros de que alguien la había usado antes. así que sumaron todas las neuronas y se pusieron a buscar. tras días y días de negociaciones infructuosas, al fin, uno que llevaba tirantes, se levantó, dio un golpe en la mesa y dijo ya lo tengo. fue así como se decidieron por pancatalanistas. esa sí era una buena palabra, sí señor. porque, además de que era real, existía, y nadie podía culparles de inventarse términos para la descalificación, podían, si querían, darle dos significados: el término que definía perfectamente al enemigo y, como prefijo, el que le querían quitar. además, al ser una palabra grandilocuente y con dos partes, le podían añadir el contenido que les diera la gana. socialistas, por ejemplo. o judeomasónicos, añadió uno de los más veteranos. o independentistas, dijo otro al que el de los tirantes miró como diciendo imbécil, eso va en catalanistas. incluso etarras. no estaba mal. ese era el término que se va a utilizar en todos los medios, es una orden. lo único era el discurso, que no les había salido muy creíble. pero, bueno, al fin y al cabo, con semejante palabra, quién iba a dar veracidad a que la oposición era capaz de montar todo aquel tinglado a nivel nacional y sacar a los habitantes de las Baleares, tan paraditos ellos, a la calle y en masa? en todo caso, daba igual. si era cierto, tenían buenas razones para actuar como estaban actuando, porque era una verdadera conspiración que amenazaba la unión del país y, sólo por eso, ya quedaban legitimizados para hacerlo. y, si no era cierto, quién iba a discutírselo? los mismos que habían salido a la calle e iban vestidos de verde? pobres, esos no tienen ni la menor idea de contra quién se enfrentan, los muy asamblearios. pero (en toda buena historia siempre hay un pero que es el que convierte el inicio en nudo y la hace interesante) había algo con lo que no contaban. los asamblearios luchaban por algo que ellos no podían entender. la guerra no era por una subida salarial, o por más minutos a la hora de la merienda o más vacaciones o más pagas extras. su lucha, y por ella sangraban lágrimas y tensiones y horas de sueño y cansancio emocional, físico, racional, brutal, era para boicotear las fábricas de barrotes que se estaban instalando por todo el territorio. cómo no dejarse el tipo para que sus hijos tengan las posibilidades que quieran? cómo no volver a salir a la calle a cantar L’estaca y darse ánimos y ganas en una concentración en silencio? cómo no hacer una pausa por sentido común y responsabilidad cuando no había forma de derrumbar la pared si no era con violencia? cómo no seguir hasta que ya no puedas más? cómo no volver a levantarse una y otra vez? cómo no buscar todas las posibidades? eso, enemigo mío, no se define con una sola palabra. o se siente en las tripas pintado de verde, o no se siente.

qué vamos a hacer mañana? hay un mundo de posibilidades. Phineas Flynn, Phineas y Ferb.

guerra

(escuchando bitter, Me’Shell Ndgegeocello)

terminó el verano y empezó la guerra. una guerra nos está consumiendo el tiempo, las miradas, las sonrisas y las ganas. una guerra que está empezando a hacer mella en los padres, las madres, los maestros, los abuelos, los tíos, los amigos y, sobre todo, en los niños, las mayores víctimas del conflicto y la única razón por la que se lucha. porque, sí, ellos son la única razón por la que se lucha, por ellos y por su mañana, lleno de incertidumbre y de futuros sin nombre de profesión, con la palabra crisis escrita en neón. por ellos, para que aprendan que la dignidad, la unión, los principios, la verdad, la cultura, la nostra llengua, la educación y la paz, son valores más importantes que una semana, dos, o un mes, sin clases. terminó un verano extraño, en el que el agua estuvo a punto de hervir, pero que no parecía tener ninguna intención de hacerlo, y empezó la guerra. ellos con las cerillas y el principio de la mecha, nosotros con el barril de dinamita. las consecuencias, que casi seguro serán más que soluciones, todavía están por ver. para ellos, el sentido común no es razón suficiente para mantenerse en el campo de batalla, sólo las palabras dichas desde la tribuna de un mitin hace ya varios años (unas palabras que, si se leen bien, se convierten en una trampa para los que las pronunciaron). para nosotros, la intolerancia, las dictaduras del más fuerte o con más policías, el desprestigio y los insultos y el rodillo de los que hablan de mayorías silenciosas (háganse bien los números, por favor), son la punta de un iceberg que lleva demasiado tiempo creciendo hacia abajo. por eso hablan de leyes de símbolos y convivencia, de aplicación en la libertad del que dicta las leyes por vía de urgencia, de gritos sin importancia, de niños rehenes, de inmovilismo y de politización de las víctimas. porque, como en toda guerra, nadie juega limpio. ellos hacen listas negras, infiltran, crispan, hablan en voz baja, le plantan cara a los gritos con cordones policiales, y miran desde la ventana del despacho como la calle levanta los brazos y cómo la indignación se convierte en desesperación y luego, qué duda cabe, en llanto y finalmente en silencio. nosotros, por nuestra parte, también tenemos lo nuestro. el yo a éste no lo quiero ni mirar, el no hablo contigo si no te bajas los pantalones hasta los tobillos, el no me da la gana, o el insulto, son monedas de cambio de un frente que se está extendiendo a todos los ámbitos. con lo mediterráneos que somos en esta isla que se llamaba de la calma y en las tres restantes. pero así es esta guerra. los familiares de las víctimas se están convirtiendo en verdugos con un hacha llamada grito como única arma. porque es la única que queremos utilizar.

habrá un millón de personas, aquí en nuestro país, que se asombrarán, ofenderán y horrorizarán ante vuestra unión, y tendréis que afrontar esas consecuencias tal vez durante el resto de vuestra vida. pero debéis ignorar a esos pobres diablos, o compadecerlos, porque son esclavos de sus prejuicios, fanatismo ciego, odios y estúpidos miedos. y, cuando llegue el caso, debéis uniros el uno al otro estrechamente desafiando a esos mentecatos. cualquiera podría poner un montón de objeciones acerca de vuestro matrimonio… pero la replica es tan sencilla que no se atreverán a ponerlas.

Spencer Tracy, adivina quién viene esta noche.

por si alguien quiere más información.
cadena ser, hora 25.
la sexta, el intermedio (en la tercera parte)

tipos

una de esos trabajos que hacen que uno ame el diseño y la tipografía por encima de muchas cosas.

se aconseja rotundamente darle al botón de hd y verlo en pantalla completa.

Hirsch: hey, qué hora es?
Val: es la hora de patear culos o de mascar chicle, y sabéis qué?
Doc: no tengo chicle.

Alan Arkin, Al Pacino & Christopher Walken, tipos legales.

desayuno

(escuchando the dandy warhols, thirteen tales for urban bohemia, porque nunca es tarde para descubrir discos)

al principio, cuando todavía casi no hay planes ni monstruos ni risas ni caras de sueño ni agua de mar ni nada, quiso intentar dibujar el verano. y lo hizo deayunando en la terraza de aquel lugar al que se mudaban cuando los niños se olvidaban de los horarios y la piel se teñía como de barniz, con la vista puesta en la bahía y en la piel una ligera brisa. pero sin planes, se acordó, el verano siempre es mejor. lo sabía desde aquel año en que los días pasaron con nombre de agua y la improvisación por bandera. desde entonces no los había vuelto a hacer. lo pensaba cada año, porque ahora tenía que pensar mucho, pero cada vez llegaba a la misma conclusión. no es lo improvisara todo, porque eso suponía inestabilidad, pero sí renunciaba a tenerlo todo planificado. aún así, sabía que los puntos de inflexión son importantes, porque hay que tener metas, lugares a los que llegar. un viaje, la visita de alguien, unos días de desconexión más allá de la cobertura. el resto, casi mejor que sea las plantas de los pies las que lo decidan. la perfección es demasiado ordenada, simétrica, lógica, y no deja espacio para el aprendizaje ni una risa explosiva o un llanto incontrolado. la belleza imperfecta y cambiante de encontrarse con The deep blue sea y una Rachel Weiz de aplauso en medio de la sala, o de volver a saborear las Sideways de Alexander Payne y dejar que el merlot de sus ojos te anuncie el final que tú quieras, o de dejarte llevar por el humor salvaje de los Turistas de Ben Wheatley y pesar que los pequeños también pueden ser muy grandes. eso es verano. eso, y hacer castillos para luego pisotearlos, ducharte a manguerazos después de horas de sal y arena, no tener horarios aunque haya que trabajar al día siguiente, cosquillas y batallas de clicks, construir naves espaciales con cosas recicladas, cenar pa amb oli i trampó en la terraza, cine el que sea, amigos, libros que esperan y que se comen, y la imaginación dibujando la piel, su piel, que aún no se ve. todo eso. y todo eso no se puede ordenar ni con un calendario. casi mejor, pensó, y le dio un sorbo al café con leche.

Miles: por qué no pueden herirme a mi?
Jack: porque llevas puesto el cinturón de seguridad.

Paul Giamatti & Thomas Haden Church, entre copas.

durar

(escuchando L.A., dualize. porque, de vez en cuando, hay que barrer para casa. y, qué narices, el disco es maduro, coherente y emocionante de la primera a la última escucha)

tiempo en silencio. trabajo. verano. y, entre los hilos erre ese ese, uno de chicalista, una preciosidad que transcribo. forma parte de 1887 Recetas para el amor dure, de Cafés la Estrella. es la receta número quinientos veintidós.

quince razones por las que siempre supe que lo nuestro iba a durar más de un mes.

uno. hablamos de teléfono fijo a teléfono fijo siempre y en posición horizontal. no escribimos mensajes con iconos mientras caminamos por la calle y un coche está a punto de atropellarnos.

dos. me enjabonas el pelo en la ducha. no soporto hacerlo, pero me derrito si me lo hacen.

tres. si estoy leyendo en la cama por la noche y tú quieres dormir, nunca me pides que apague la luz. dices que te relaja el sonido de las páginas al pasar.

cuatro. de mi diseñador de moda favorito solo conoces el nombre. de tu director de cine favorito solo he visto dos películas.

cinco. No me tratas como a una princesa, porque no soy una princesa. y somos republicanos.

seis. el primer día que tomamos un café te fijaste en que lo bebo en taza blanca. el segundo día ya me lo serviste así. y se lo vas diciendo a los camareros (con un poco de vergüenza) para que nunca lo hagan en una taza, por ejemplo, naranja.

siete. te inventas palabras y eso no podía dejarlo escapar.

ocho. en los viajes llevamos maletas separadas. cada uno vigila su tarjeta de embarque, pero compartimos las chocolatinas en el avión.

nueve. nunca hemos hablado de durar. no somos yogures.

diez. todas mis sopas te parecen deliciosas. hasta aquella que tenía color verde nuclear, no sabía a nada y comiste sin rechistar.

once. también te gustan Joni Mitchell, Casa Tomada, Sophie Calle, las conservas ricas, la siestas, los helados en tonos marrones, caminar, correr y llevar bufanda de febrero a abril. demasiados universos coincidentes para ser desaprovechados.

doce. te muestras vulnerable ante mí y yo me muestro vulnerable ante ti y esos nos hace fuertes a los dos.

trece. una tarde vimos juntos Te querré siempre, de Rosellini. luego yo me fui a Italia, donde se rodó la película. te llamaba por teléfono desde allí. de fijo a fijo, claro

catorce. te parezco guapa siempre, sobre todo con gafas y despeinada. me pareces guapo siempre, sobre todo sin gafas y peinado.

quince. eres ese pantalón rojo que compré en un minuto cuando lo que llevaba buscando durante meses era un vestido negro. algo innecesario y que nunca pensé llevarme a casa, pero que no me quiero quitar de encima.

Maggie: sólo te tengo a ti, Frankie.
Frankie: sí, pero me tienes.

Hillary Swank & Clint Eastwood, million dollar baby.

receta

(escuchando Florence & the machine, mtv unplugged. con ustedes, la última de mis obsesiones musicales, la señora Florence y su máquina)

las películas sobre cocinas tienen ese punto de cocción preciso que hace que sintamos una curiosa fascinación por ellas. son como una receta. y, como toda buena receta, tienen un algo secreto y algo de pasos a seguir sin, al simple vista, ningún misterio. por eso son tan fascinantes para los cinco sentidos. se pueden tocar, como los platos que se pintan en los ojos de los que contemplan, atónitos, aturdidos por el sabor, las fragancias, las texturas. se pueden degustar, porque sus historias van, siempre, todas las malditas veces, mucho más allá de una comedieta (a pesar de que, en muchas ocasiones, lo sean) y eso se nota en el paladar, en las papilas gustativas, en la lengua, en la piel que se eriza con cada mordisco y cada sorbo de vino. se pueden oír, como se escuchan los ingredientes crujir bajo la tapa, a fuego lento, y mandan a paseo a cada uno de los objetos que no sea su banda sonora, que bien puede ser el today i sing the blues de Aretha Franklin o el it’s wonderful de Louis Prima, ustedes eligen. se pueden oler, porque el vapor que sale de la sartén o el horno o la cacerola sabe cómo traspasar la pantalla, porque el sufrimiento o la sonrisa o los gritos y los cuchillos picando a contrarreloj también obligan a tomar una bocanada de aire por la nariz y a cerrar los ojos. y se pueden mirar, qué duda cabe. cómo use cada uno los ojos para hacerlo es cuestión de cada uno. las películas de cocina son mucho más que películas porque también son cocina. y viceversa. así que, para corroborar todo lo anterior y porque había que terminar de alguna manera, nómbrense sólo algunas. faltan muchas que también estarían si esto fuese sólo una lista y son muchas las que se añadirán a medida que pasen los visionados. ahí vamos.
– deliciosa Martha, de Sandra Nettelbeck. yes, please. una y otra vez, una y otra vez.
– comer, beber, amar, de Ang Lee. uf, esos planos y esa historia.
– ratatouille, de Brad Bird. píxar, cuánto sabe píxar cuando sabe.
– como agua para chocolate, de Alfonso Arau. ay, las codornices con pétalos de rosa.
– el festín de Babbete, de Gabriel Axel. una comida francesa? dioses, qué placer.
– un toque de canela, de Tassos Boulmetis. cuánto puede oler una película?
– bon apetit, de David Pinillos. sí, y qué?
– soul kitchen, de Faith Akin. soul y cacerolas, tomayá.
– chocolat, de Lasse Hallström. que no es de cocina, pero es un cuento con Binoche y chocolate, y eso basta.
– Julie y Julia, de Nora Ephron. porque esta mujer escribió la historia de Harry y Sally y merece una oportunidad.

silencio. comamos. Monica Bleibtreu, soul kitchen.

alehop

(escuchando eso de ahí abajo)

hoy empieza todo.

Elwood: estamos a casi doscientos kilómetros de Chicago, tenemos el depósito lleno, medio paquete de cigarrillos, es de noche y llevamos gafas de sol.
Jake: tira.

Dan Aykroyd & John Belushi, the blues brothers.

vamos

(escuchando ocho dedos tecleando)

caballeros, debo recordarles que mis probabilidades de éxito aumentan con cada nuevo intento.

Rusell Crow, a beautiful mind.



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