miedo

(escuchando el traqueteo de los dedos sobre el teclado)

la primera noticia te pilla comiendo. el grano de arroz se te queda en la garganta y no sabes muy bien cómo reaccionar. esta vez ha sido en casa. en tu casa. en la de tantos otros que sienten esta isla llamada roqueta como parte de su territorio emocional. esta vez ha sido frente al local en el que viste al bueno de Riki López y su buenrollitina. esta vez ha destrozado la vida de dos jóvenes que acababan de aterrizar en su trabajo, uno de ellos motero, como tú. esta vez has visto como los cuerpos carbonizados salían desprendidos del coche y uno de ellos terminaba en las ramas de uno de esos pinos que forman parte de un paisaje del que sólo se podía desprender la paz del mar que lo rodea. esta vez ha destruido dos familias sólo porque sus hijos formaban parte de la Guardia Civil, sólo porque fueron felices al encontrar un destino como el de este lugar de calma que vive de sus visitas y que las agradece tanto. esta vez no sabes muy bien qué decir ni qué pensar. y quieres que termine todo pronto, que pasen los días y que la rutina venza a la tristeza y la rabia. los mallorquines somos así, lo interiorizamos todo y vivimos con ello casi sin inmutarnos. ahí radica el éxito del Mediterráneo. pero no. no termina. y cae el techo del restaurante italiano en el que celebraste el cumpleaños de tu mujer. aquel en el que disfrutaste de comer y te reíste mucho con los camareros. aquel que te pareció que era un lugar al que podrías volver, justo a siete manzanas de tu antigua casa, en tu antiguo barrio. un barrio que echas de menos y al que acudes de vez en cuando a tomarte una cerveza. y el bar en el que estuviste sentado hace pocas semanas con tu mujer y tu hijo también ha formado parte del plan del miedo. entonces tiemblas pensando que es mejor si hoy no sales de casa, y te quedas con los ojos clavados en el televisor, con tu hijo sobre las rodillas sonriendo, ajeno a toda la mierda que puede llegar a acumular un corazón, porque cabeza y alma son ajenos a todo esto. porque dicen que están en guerra y que tienen que seguir luchando contra los opresores. pero dos jóvenes recién salidos de la academia no son opresores, ni los dependientes de las galerías comerciales donde explota una tercera bomba. unas galerías en las que tú te comprabas los discos de vinilo. unas galerías que están encima de la heladería de Jaume y Dori, una de las mejores de la ciudad con dos de las mejores personas que conozco. y entonces piensas en todo el daño que podían haber hecho. y sientes miedo. y eso es algo que no habías sentido hacía mucho tiempo. pero te repones y sabes que el tiempo y la rutina lo cicatriza todo. aunque, bajo la piel, siga latiendo.