Madrid

(escuchando the bad plus, never stop)

el antiguo estudiante salió a la calle y se encontró una ciudad cambiada. igual de caótica que veinte años atrás, pero cambiada. más peatonal, más sucia, más llena, más cara, más receptiva, más exclusiva, más original, más egocéntrica. en esencia, no había nada fuera de contexto, pero todo parecía estarlo un poco. los picos del gráfico se había alejado de la linea del cero. las derechas y las izquierdas eran más derechas y más izquierdas, y los altos y los bajos se elevaban más y se hundían más en el fondo. a la vez, había algo en la calle que decía que esto no podía seguir así, que iba a explotar de un momento a otro, pónganse a cubierto. y la ciudad se había cobijado en la parte cotidiana, el día a día, la bolsa con la compra de la semana con lo justo y los parques y las calles llenas, porque es más barato que ir al teatro o el cine. había quejas, claro que las había, pero se quedaban en reivindicaciones de bar y tapa. la ciudad era un caldo perfecto para un gran arroz que serviría de banquete para los mismos. o tal vez esta vez iba a ser que no. era difícil predecirlo. el antiguo estudiante volvió a sentirse un poco joven, un poco mejor, un poco más todo lo que los horarios y las condiciones de la cuenta corriente no le dejaban ser. además, él también había cambiado, y ahora no estaba solo. sobre sus hombros y de la mano, sus hijos y ella, lo mejor de cada día, que veían y sentían como aquel calor del antiguo estudiante también les calentaba un poco a ellos. y él podía ofrecerles una enorme sonrisa de las que salen cuando no hay nada que lo impida, que la merecen y la necesitan tanto como él. y volver a estar un par de horas muy cerca, rozándose, de algunos, los que más, de los que crecieron con él de la mano y le regalaron el tiempo, que es algo que no todo el mundo regala, y las palabras y las manos y un montón de noches y días de borracheras agarradas a la barra de Malasaña para que no se moviera. el antiguo estudiante se sintió como en casa veinte años más tarde. pero no en casa por la ciudad, que puede que también, sino en casa por ellos, porque uno siempre se siente en casa cuando está con gente con la que sabe que no hay que actuar, porque no hay nada que demostrar, sólo dejar que los minutos continúen alimentando esta historia de amor que son los amigos que recuerdan y viven hoy poniendo el hombro y las carcajadas sin pedir nada a cambio. levantó la caña y todos brindaron. salut, dijo su hijo mayor.

no hay límite de tiempo, puedes empezar cuando quieras. Brad Pitt, el curioso caso de Benjamin Button.