hiromi

(escuchando Hiromi, beyond standards)

sale al escenario sin saber muy bien qué hacer con las manos. las ha juntado frente al pecho y las frota ligeramente. al pasar ante el piano, se gira hacia el público y saluda con una pequeña reverencia. sonríe tímidamente y se sienta ante el Steinway & sons de cola, abierto, impecable. sobre sus teclas, un sintetizador con wha-wha, y, a su derecha, un roland rojo y reluciente. empieza con soflty as in a morning sunrise. y parece que no va a ocurrir nada del otro mundo, sólo una banda de muy buenos músicos de jazz versionando estándars. entonces hace un solo. y te das cuenta de que lo que vas a ver durante las próximas dos horas va a ser de las cosas más emocionantes que has visto sobre un escenario. a la par de cuando viste al príncipe de Minneapolis la primera vez, en quinta fila, en el Wembley arena, hace ya tantos años. las manos de Hiromi Uehara se deslizan por el piano sin esfuerzo, sobrevolando las teclas sin apenas tocarlas, sus dedos se hacen invisibles para convertirse en emociones que vibran desde las cuerdas del piano hasta los asistentes. y los ojos sienten un nudo ahí, justo en el corazón, a punto de salir. es así. procuras que no se note, pero es así. emociona, traspasa, sobresale de las notas y te llega directo a la piel, que reacciona erizándose. y entonces te das cuenta de que no se puede hacer lo que está haciendo, que es imposible tocar tantas notas a la vez a tanta velocidad y que suene perfecto, impecable, enorme. veintitrés minutos después, termina el tema. el público rompe la tensión en un aplauso gigantesco. se pone de pie. acaba de empezar y el público ya está de pie. ella sonríe. coge un micrófono y saluda en castellano. habla como la camarera del chino al que le pides comida por teléfono los días de lluvia y peli. y sonríe mucho. y da las gracias. presenta a la banda. su imagen no tiene nada que ver con su música. porque su imagen no importa. es mucho más que una pianista amante del rock y el jazz y los clásicos por igual. es uno de los espectáculos más fascinantes que hemos tenido la suerte de sentir y ver y escuchar y degustar y recordar.

la música, la auténtica música, no sólo el rock’n’roll, te elige a ti. en tu coche, o a solas, con los cascos, con esos puentes y los coros de ángeles en el cerebro. es un lugar apartado. Phillip Seymour Hoffman, casi famosos.