final

(escuchando incubus, light grenades. qué bueno, señores)

y mientras cientos de miles de seguidores de los pasajeros del Oceanic ochocientos quince de Sydney a Los Angeles se congratulan de haber visto el final de la serie, cientos de miles de toneladas de crudo se esparcen sobre las costas de Loussiana, casi cuatro millones de personas discurren cómo llegarán al mes que viene sin nada en la nevera, un enorme número de seres humanos indagan qué porcentaje de sueldo desaparecerá de sus nóminas, y muchas más exhalan su último aliento porque no han podido tomarse una pastilla que les salvaría la vida, sólo han podido beber agua contaminada, si es que han podido beber, y no esperan a que nadie haga nada por evitarlo. mientras las cafeterías se llenan de teorías sobre la isla, los corresponsales de guerra luchan para que se hable de los conflictos silenciados, las organizaciones no gubernamentales para que los gobiernos les hagan caso y los habitantes de las selvas para que no se talen más árboles. mientras los protagonistas de la serie ven cómo sus seguidores llenan las salas de cine para ser testigos directos del final de un periplo de seis años, los funcionarios de las oficinas de desempleo suspiran ante unas colas cada vez más largas, y los parados contemplan a los responsables de los ministerios a través del cristal del restaurante en el que tienen su comida oficial. mientras unos agradecen el camino tomado por los guionistas y otros reniegan de él, los campesinos recogen el arroz de las paellas de los domingos con el agua hasta las rodillas y el aire cargado de mosquitos, para conseguir que uno de sus hijos llegue a terminar un curso en la escuela más cercana, a sólo cincuenta kilómetros. mientras los fans comentan los finales alternativos a las vidas de Jake, Kate, James, John, Hugo, Sun, Li, Claire y Desmond, muchos no saben cuándo será su último días, pero sí que será pronto. por suerte. por suerte o por cansancio, la serie que más ha hecho para que abriera la veda a las series de calidad en televisión ha terminado. a ver si ahora se puede hablar de otra cosa.

si quieres que te tomen en serio necesitas un peinado serio. Sigourney Weaver, armas de mujer.