fin

(escuchando Hiromi’s sonicbloob, beyond standard)

qué bueno era haberlo conseguido. tras años de duro trabajo y horas robadas a la noche, al día, a su familia, a sus amigos, había conseguido llegar dónde siempre había querido. la casa de sus sueños. arquitectura recta, sobria, adaptada a la naturaleza, justo a la salida del pueblo. los grandes ventanales llenaban de luz cada pequeño rincón. habitaciones altas, de colores claros, con espacio para respirar sin problemas. la arquitecto que se la había diseñado sabía perfectamente cuáles eran sus gustos y sus necesidades, así que no le faltaba ni un sólo detalle. muebles funcionales, pero de una elegancia sin contemplaciones, una cocina en la que cabía un regimiento y un salón en el que daba gusto hacer casi cualquier cosa. sin más paredes que las absolutamente necesarias, toda la estructura era como una bocanada de aire fresco para los ojos y los pulmones. incluso los dos pisos estaban encajados el uno con el otro como si siempre hubieran sido una estructura compacta. era increíble como se había podido llegar a construir algo así. todo estaba puesto en su sitio por alguna razón y con una función determinada. cabía todo y tenía espacio de sobra. había soñado durante años en poder regalarle a los suyos un lugar como aquél, en el que los niños tuvieran metros para correr, habitaciones en las que jugar y una piscina en la que salpicarse. y lo había logrado. con aquella casa conseguía el tercer punto de su lista de sueños por realizar. tenía una familia maravillosa con la que compartir su vida, había conseguido dedicarse a lo que le apasionaba para no tener que ir nunca más a trabajar, y ahora se había construido la casa de sus sueños. se sintió mucho más satisfecho de lo que nunca había estado jamás. sentado en una de las butacas que había en la terraza, le dio un sorbo a la cerveza helada y miró todo aquello con satisfacción. bueno, y ahora qué?, pensó.

Sácale una foto, así te durará para siempre. Anna Sophia Robb, un puente a Terabithia.