fin (y principio)

(escuchando pearl jam, vitalogy)

saltar al vacío. sin red. con una posibilidad. un paracaídas que te has cosido tú mismo. un paracaídas hecho con trozos de tela e hilos que te han ido regalando los que tienes en las pupilas, los que han visto tus ganas y han apoyado tu trabajo. ahora la mochila está llena. ellos son los que te han dado de comer y de beber, los que te han animado y ayudado cuando las ojeras se marcaban con negro indeleble y los músculos empezaban a pesar como sacos de cemento, los que te han obligado a sonreír cuando no había más que un estómago con acidez y una tensión casi insoportable en cualquier fonema. has llegado al final del camino y aquí termina el mundo. a tus pies, mucho más abajo, en el abismo, sólo hay nubes que cubren lo que esperas sea un lugar mejor para vivir. ahora puedes montar tu tienda de campaña y quedarte aquí un tiempo. ver si te gusta estar al borde, a punto del salto, para tener siempre la posibilidad de (no) darlo, y llegar a construirte una casa de piedra. o puedes dar un nuevo paso confiando en tus habilidades y en lo que te dice la tripa. cierras los ojos y les ves a ellos, les coges de la mano. ellos sonríen. tú también. miras hacia adelante. aprietas sus dedos. hop. aventura.

rock’n’roll. José Coronado, no habrá paz para los malvados.