desayuno

(escuchando Jeff Ament, tone. grandes descubrimientos de ayer y hoy presenta el bajista de nuestra mermelada alucinógena preferida)

me gustó conocerle. me gustó porque no le esperaba así, porque, en realidad, no le esperaba de ninguna manera en particular. sabía que me encontraría con él y que estaríamos unos segundos callados, sin saber qué decirnos, que habría una barrera invisible que nos habríamos puesto ambos. si sería o no difícil de franquear, ese era un misterio que no se resolvería sin un café con leche y una mesa por delante. y de lo que habría detrás de ella, no sabía nada de nada. pero fue fácil. muy fácil. porque me tendió la mano sin esperar nada a cambio, porque habló conmigo con el corazón entre los dedos y los ojos buscando una complicidad que había aparecido muchas veces entre las líneas del blog y en las charlas virtuales, y que sólo era cuestión de segundos que volviera a aparecer. me gustó conocerle. porque reconocí en él ciertos aspectos que creía olvidados de mí mismo. reconocí el amor por los lápices y los dibujos esquemáticos. reconocí las miradas brillantes y la emoción por los sueños. reconocí los ánimos a punto de explotar y empapar la habitación, pero escondidos en cada movimiento por alguna cosa parecida al temor de uno mismo. me gustó comprobar, por fin, que emejota tiene cuerpo y alma y muchas ideas guardadas para cuando sean necesarias. me gustó que me incluyera en ese sueño proyectado en un niño que se quedó anclado en un cuerpo que creció como un adulto y que ahora, gracias a quien sea, no encuentra su sombra.

creyendo que existe, Peter, sólo hay que creer. Johnny Deep, descubriendo Nunca Jamás.