circunstancias

(escuchando primal scream, riot city blues)

se apoyó contra la pared. estaba húmeda. todo estaba húmedo. contuvo la respiración y buscó el sonido de alguien en la habitación. a través de la ventana rota del final del pasillo, una ambulancia dos manzanas más abajo, ruido de tráfico, una paloma revoloteando frente a lo que antes era un cristal. pasos amortiguados por la madera de la puerta. ahí estaba. su intuición era una chica lista. la noche antes, algo le dijo que se había escondido en su antigua habitación del hotel. hay gente demasiado previsible, pensó. creyó que nadie le buscaría en un edificio que se caía a pedazos, abandonado desde hacía ocho años, nido de yonkis y ratas. exacto, ratas yonkis. demasiado fácil. los pasos del interior de la habitación se alejaron. se puso en cuclillas y sacó el estuche para abrir puertas. usó la mini ganzúa del número cuatro. despacio. despacio. click. esperó en silencio. incluso su corazón había dejado de hacer ruido. tienes el corazón de hielo macizo, le había dicho la última mujer con la que acostó antes de marcharse de un portazo. sonrió para sí. tal vez por eso no hacía ruido, porque no latía. al fondo, en el baño, el sonido del agua corriendo sobre una voz que canturreaba bajo la ducha. abrió la puerta, entró y cerró con cuidado. sacó la pistola de la funda de piel pegada al pegada al cuerpo. buscó en la habitación. nada fuera de lo común. ropa sobre la cama, una bolsa abierta en un sillón, una botella de agua casi vacía y un vaso a medio beber sobre la mesita de noche. entró en el baño. apuntó a la cortina de la ducha. la abrió. los ojos de su víctima vieron que llegaba la muerte a través del cañón silenciado. mentalmente, contó hasta tres. uno, dos, tres.

le juro que hace tres días ninguna de las dos hubiera montado un número así. pero si conociera a mi marido comprendería el porqué. Geena Davies, Thelma & Louise.