bocanada

(escuchando Terence Blanchard, a tale of God’s will)

miró hacia arriba, hacia la entrada de luz. las paredes del pozo parecían imposibles de escalar. húmedas, cubiertas de líquenes, dejaban resbalar las gotas de lluvia. tenía que buscar una estrategia, una forma de avanzar hacia el exterior. nunca había sido buen deportista, ni siquiera deportista, pero tenía manos y pies y espalda y rodillas, y tenía que usarlas. fuerza y entereza más allá de lo que hubiera pensado. miró hacia arriba y respiró un poco mejor.

tras un silencio demasiado largo para ser un silencio, decidió volver. aunque fuera en corto. aunque fuera en rápido.