batalla

(escuchando Ben Harper, both sides of the gun, un disco con dos caras)

al principio, la situación era de mutuo respeto. simplemente, al encontrarse, se saludaban y punto. buenos días. mschdías (uno de los dos estaba siempre más dormido que el otro, o viceversa). pero el paso de los meses fue endureciendo las miradas y los silencios y los saludos. buenos días. mierda. los encuentros casuales en el pasillo o en los lavabos se convertían en una situación tensa y sin sentido. y todo por una rencilla de años atrás que nunca fue más allá. la desaparición de la química entre dos personas es rara. si se da paulatinamente, no ocurre nada. sólo pierde intensidad con el paso de los días hasta que desaparece. pero nunca se vuelve violenta. si no sucede así, se convierte en otra cosa. odio? tal vez. aunque llamarlo es darle mucha importancia. pero se le parece. y bastante, además. entonces, en los cruces, saltan chispas imposibles de apagar. porque luego, la necesidad de comunicación entre ambos se convierte en un partido en el que uno lanza penaltis y el otro decide no pararlos. violencia contra nada. luego, la contienda se convierte en algo público. y la guerra abierta es un espectáculo al que todo el mundo asiste, pero nadie se implica. ni de un bando ni del otro. y, si uno de los dos no entra en batalla, la tensión se transformará en rutina, y no irá más allá. de lo contrario, la defensa deberá cambiarse por un buen ataque. y ahí salpica. y mucho. ahí todo el mundo recibe un arma para apoyar a uno u otro bando. mientras tanto, silencio. que siempre es mejor que la guerra, no? y parecerse lo más posible a Alvy Singer, claro.

para el ejército me declararon inutilísimo. si hubiera una guerra yo sólo serviría de rehén. Woody Allen, Annie Hall.

bon Sant Joan