Alicia

(escuchando vvaa, the acid jazz history, old testament)

Tim Burton lleva una tiempo enamorado de los ordenadores. le gusta el tacto de sus teclas, la suavidad con que se mueven los lápices sobre la superficie de las tabletas gráficas, la capacidad de cambiar de un pincel a otro con sólo un click. ha abandonado las libretas que llenaba de dibujos mientras iba en autobús, mientras desayunaba en una cafetería, a media tarde, sentado en su escritorio, o en las reuniones de producción, y las ha cambiado por un pequeño notebook. y está encantado. porque, desde que se decidió a guardar el papel en el garaje de su mansión y reemplazarlo por píxeles, allá por los años de la construcción de su Fábrica de los chocolate, sus costes se han minimizado, sus ingresos en taquilla se han multiplicado y, lo mejor de todo, tiene que preocuparse un poco menos por ciertos aspectos de menores, tales como el guión o la interpretación de los actores. con un buen procesador todo se puede solucionar. y eso no es malo. al contrario, es de una magnífica percepción para los negocios. su particular y distorsionada visión del mundo se ha convertido en una factoría de muñecos, promociones y otros elementos de promoción, que consiguen lo que realmente importa: llenar las salas. en tres dimensiones o en dos, es da igual. ahora bien, uno sale de la sala algo tocado. qué lástima de Alicia, qué pena de Sombrerero, que agonía de Reina Blanca, que desastre de Stayn, qué tristeza de país de las maravillas. sólo su mujer, la Reina Roja Bonham-Carter, se salva de la caricatura, rizando el rizo de la ironía y la exageración. demasiados filtros de imagen, demasiada saturación, demasiado ruido, demasiados juegos de palabras sin sentido porque tienen que estar. demasiadas concesiones al público únicamente infantil, incluida la lucha a lo Narnia y el baile del tipo tenemos un ordenador, dale vueltas a la cabeza. vale, vale, y ahora a las piernas. jaja, qué bueno. o no, oiga. o no. Tim Burton lleva un tiempo enamorado de los ordenadores. y eso no es malo. lo único es que también se ha olvidado de la magia. y eso, en una pantalla tan grande, se ve mucho.

últimamente estoy pensando en cosas que empiezan por eme. Johnny Deep, Alicia en el país de las maravillas.