actitud

(escuchando the jam, snap)

se despertó de mala hostia. era así y punto. no iba a tener en cuenta los sentimientos de nadie y se iba a pasar la educación por dónde la espalda pierde su casto nombre. entró en la oficina como un huracán. gruñó desde la puerta y se fue a su sitio. alguien le contestó con un buenos días. no dijo nada. estaba dispuesto a que nadie le jodiera el día, y a que todo el mundo se diera cuenta de que no estaba para bromas. repartió desprecios e insultos a diestro y siniestro. se descargó especialmente con algunas personas que por norma le ponían nervioso o que suponían una amenaza para su ego. nadie pisoteaba su ego, nadie despreciaba sus ideas, nadie le decía lo que tenía y lo que no tenía que hacer. nadie. a medida que iba pasando la mañana, se sentía mejor. fantásticamente mejor. su odio se multiplicaba a la vez que ejercía un extraño poder sobre sus palabras. pero debía mantener el rostro imperturbable. no podía sonreír, ni demostrar que estaba disfrutando de lo lindo. cretino, torpe, desgraciado, imbécil. los había usado casi todos. hasta que se topó con uno de frente. la indiferencia.

como la mayoría de los intelectuales, es enormemente estúpido. John Malcovich, las amistades peligrosas.