Archived entries for pérdida

ley

(escuchando Hiromi, beyond standard)

era el mejor de los trapecistas. sus acrobacias sin red corrían de boca en boca, de pueblo en pueblo y de país en país. el circo lo anunciaba a bombo y platillo, y él, el pequeño hombre pájaro, como le bautizaban en los carteles, se dejaba querer. sin alterar ni un ápice su diminuto mundo real, volaba mucho más allá que cualquier otro ser humano. saltaba de un trapecio a otro con tanta facilidad, que parecía que sus manos fueran sólo una parte más de aquellas barras de madera a las que confiaba la vida en cada salto. la vida. es mucho para jugarse en un trabajo, le decían sus conocidos. pero él contestaba que esa era la única forma de realizar el número. que si tuviera un seguro o una red, sería igual que si saltara sobre un colchón en el suelo. su trabajo era así, y él y sólo él podía decidir si hacerlo o no. esa era siempre su última palabra. hasta que el gobierno decidió prohibir ese tipo de números. desde aquel día, todo ejercicio circense debía tener una red de seguridad. sobre todo, los que se realizaban en el aire. el trapecista sintió la noticia como un mazazo en su historia. todo lo que había estado haciendo durante tantos años se quemaba en un incendio devastador. aún así, no protestó, ni se enfadó, ni pataleó. simplemente, continuó haciendo lo único que sabía hacer: saltar de un trapecio a otro realizando piruetas físicamente imposibles. pero allí arriba, el alma no sabía qué camino seguir. no se jugaba nada, no había nada por lo que luchar. así que, sin decidirlo y sólo por probar, se dejó caer un par de veces. el público ni se inmutó. nadie le aplaudió más que a la domadora de focas, una mujer cuyo único riesgo era que sus animales se equivocaran de trompeta al soplar. el aliento contenido, el alma en un puño, las manos tapándose la cara, las mandíbulas apretadas, la espalda tensa, todo eso había desaparecido de la platea. y él, el hombre pájaro, había dejado de ser alguien que volaba a ser uno más en la lista que usaban sus brazos para colgarse de barra en barra. tenía que buscar una solución.

la vida no se cuenta por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento. Will Smith, Hitch (sé que la película no es apropiada, pero la frase sí).

batalla

(escuchando Ben Harper, both sides of the gun, un disco con dos caras)

al principio, la situación era de mutuo respeto. simplemente, al encontrarse, se saludaban y punto. buenos días. mschdías (uno de los dos estaba siempre más dormido que el otro, o viceversa). pero el paso de los meses fue endureciendo las miradas y los silencios y los saludos. buenos días. mierda. los encuentros casuales en el pasillo o en los lavabos se convertían en una situación tensa y sin sentido. y todo por una rencilla de años atrás que nunca fue más allá. la desaparición de la química entre dos personas es rara. si se da paulatinamente, no ocurre nada. sólo pierde intensidad con el paso de los días hasta que desaparece. pero nunca se vuelve violenta. si no sucede así, se convierte en otra cosa. odio? tal vez. aunque llamarlo es darle mucha importancia. pero se le parece. y bastante, además. entonces, en los cruces, saltan chispas imposibles de apagar. porque luego, la necesidad de comunicación entre ambos se convierte en un partido en el que uno lanza penaltis y el otro decide no pararlos. violencia contra nada. luego, la contienda se convierte en algo público. y la guerra abierta es un espectáculo al que todo el mundo asiste, pero nadie se implica. ni de un bando ni del otro. y, si uno de los dos no entra en batalla, la tensión se transformará en rutina, y no irá más allá. de lo contrario, la defensa deberá cambiarse por un buen ataque. y ahí salpica. y mucho. ahí todo el mundo recibe un arma para apoyar a uno u otro bando. mientras tanto, silencio. que siempre es mejor que la guerra, no? y parecerse lo más posible a Alvy Singer, claro.

para el ejército me declararon inutilísimo. si hubiera una guerra yo sólo serviría de rehén. Woody Allen, Annie Hall.

bon Sant Joan

Alicia

(escuchando vvaa, the acid jazz history, old testament)

Tim Burton lleva una tiempo enamorado de los ordenadores. le gusta el tacto de sus teclas, la suavidad con que se mueven los lápices sobre la superficie de las tabletas gráficas, la capacidad de cambiar de un pincel a otro con sólo un click. ha abandonado las libretas que llenaba de dibujos mientras iba en autobús, mientras desayunaba en una cafetería, a media tarde, sentado en su escritorio, o en las reuniones de producción, y las ha cambiado por un pequeño notebook. y está encantado. porque, desde que se decidió a guardar el papel en el garaje de su mansión y reemplazarlo por píxeles, allá por los años de la construcción de su Fábrica de los chocolate, sus costes se han minimizado, sus ingresos en taquilla se han multiplicado y, lo mejor de todo, tiene que preocuparse un poco menos por ciertos aspectos de menores, tales como el guión o la interpretación de los actores. con un buen procesador todo se puede solucionar. y eso no es malo. al contrario, es de una magnífica percepción para los negocios. su particular y distorsionada visión del mundo se ha convertido en una factoría de muñecos, promociones y otros elementos de promoción, que consiguen lo que realmente importa: llenar las salas. en tres dimensiones o en dos, es da igual. ahora bien, uno sale de la sala algo tocado. qué lástima de Alicia, qué pena de Sombrerero, que agonía de Reina Blanca, que desastre de Stayn, qué tristeza de país de las maravillas. sólo su mujer, la Reina Roja Bonham-Carter, se salva de la caricatura, rizando el rizo de la ironía y la exageración. demasiados filtros de imagen, demasiada saturación, demasiado ruido, demasiados juegos de palabras sin sentido porque tienen que estar. demasiadas concesiones al público únicamente infantil, incluida la lucha a lo Narnia y el baile del tipo tenemos un ordenador, dale vueltas a la cabeza. vale, vale, y ahora a las piernas. jaja, qué bueno. o no, oiga. o no. Tim Burton lleva un tiempo enamorado de los ordenadores. y eso no es malo. lo único es que también se ha olvidado de la magia. y eso, en una pantalla tan grande, se ve mucho.

últimamente estoy pensando en cosas que empiezan por eme. Johnny Deep, Alicia en el país de las maravillas.

ella

(escuchando Miles Davis, kind of blue)

al oír la fianza que le interpuso el juez, la presidenta se echó a llorar. ella, que jamás había hecho nada para enriquecerse, era acusada de robar y de estafar a todos aquellos que le habían dado su confianza otorgándole el puesto en el que se encontraba. ella, que nunca se había puesto en la boca malas palabras ni insultos gratuitos o pagados en contra de nadie, era señalada por los suyos como número uno de una trama en la que parecía que todos sus actos estaban perdidos.ella, que practicaba la austeridad como forma de vida y que nunca había hecho gala de la prepotencia que, decían, era una de sus principales características. ella, que amaba a sus conciudadanos y lo había demostrado lanzándoles besos gratis, incluso en los momentos más difíciles. ella, que estaba en el lugar que le correspondía por votación popular, porque el pueblo le había otorgado su confianza, y lo habían hecho porque creían en su programa, en su forma de entender la vida en aquella isla. ella, que siempre había mantenido su ideología y cumplido sus promesas. ella, que jamás se había dado por vencida a la hora de liderar un proyecto de futuro sostenible sin ataduras de ningún tipo. ella, la presidenta, se desmoronó cuando se dio cuenta de que esta vez sí, ahora iba en serio y necesitaría todas sus armas para poder salir de aquel embrollo. en caso de que lo consiguiera.

no todos los blancos son malos, pero ninguno sabe bailar. Denzel Washington, Huracán Carter.

botón

(escuchando carmel, the drum is everything)

pulse el botón nosotros haremos el resto. sólo tiene que posar su dedo sobre la superficie redonda y roja del botón. puede usar cualquiera. el índice, el pulgar, el anular, o incluso el meñique. sí, sí, el meñique también. no es un botón que se resista, estese tranquilo. lo único que tiene que hacer es pulsarlo. vamos. no tenga miedo. los beneficios pueden ser magníficos. sólo piense en lo que puede llegar a hacer con todo lo que conseguirá si lo pulsa. es fácil. mire, voy a guiarle. levántese la manga del brazo derecho. o del izquierdo si es usted zurdo. ahora sitúe la mano a la altura de la cara. respire con calma. tranquilo, todo va a salir bien. ahora gire la muñeca de forma que la palma de la mano quede hacia adelante y extienda el dedo que prefiera. listo? vamos allá. baje la mano de golpe y, con el dedo extendido, presione el botón rojo. ahí está, muy bien. lo ha echo estupendamente. ahora no se preocupe. ya está. ve? las luces de colores le indicarán si ha ganado premio o, por el contrario, debe seguir pulsando el botón. oh, vaya, esta vez no lo ha conseguido. pero tranquilo, aún le quedan varias oportunidades. vuelva a intentarlo. venga, vamos, usted puede. ve? es así de sencillo. vuelva a observar las luces. mire. ahora sí. acaba de recuperar lo que se jugó la última vez. calle, escuche. el sonido de las monedas es mágico, verdad? recójalas de la bandeja. son suyas. sin miedo. perfecto. pero no se vaya, hombre. no sabe que aún le queda mucho por jugar? ahora puede usted ganar hasta mil veces lo que se ha jugado. vamos. vuelva a intentarlo. con lo que ha ganado. no pierde nada. vamos. de nuevo. el botón. tiene que pulsar el botón. muy bien. lo está usted haciendo muy bien.

bueno, no es reconfortante saber que ser miserable sigue siendo mejor que ser un idiota? Lauren Ambrose, a dos metros bajo tierra.

espera

(escuchando, King Britt, sister Gertrude Morgan)

Adéle: puede que no me merezca nada mejor. debe de estar escrito en algún sitio, no sé dónde. hay gente que ha nacido para ser feliz, y a mí todos los días de mi vida me han engañado. todo lo que me prometieron, me lo creí, pero nunca he conseguido nada. no sé hacer ninguna cosa, no le importo a nadie. no soy feliz. ni siquiera soy realmente desgraciada, porque seguro que te sientes desgraciado cuando has perdido algo, pero nunca he tenido nada mío, sólo mi mala suerte.
Gabor: cómo se imagina el futuro, Adele?
Adéle: no lo he pensado. cuando era pequeña sólo deseaba una cosa: crecer. quería que sucediera deprisa, pero ahora no sé para qué ha servido todo esto. no sé para qué. hacerme mayor. el futuro es… es como una sala de espera, como una gran estación con bancos y corrientes de aire, y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. tienen prisa. cogen trenes, o taxis. tienen un sitio a donde ir, alguien con quien encontrarse. y yo me quedo sentada, esperando.
Gabor: qué espera, Adele?
Adéle: que me ocurra algo.

Vanessa Paradis & Daniel Auteil, la chica del puente.

regalo

(escuchando Kylie Auldist, made of stone. live to funk, funk to live)

Volodya: feliz Navidad!
Lilja: es Navidad?
Volodya: sí.
Lilja: No lo sabía.
Volodya: tengo un regalo de Navidad para ti.
Lilja: de verdad?
Volodya: sí. ven conmigo, mira.
Lilja: qué es?
Volodya: todo esto. el mundo entero. las casas, los coches, las calles, el viento… todo es tuyo. puedes hacer lo que quieras.
Lilja: lo siento, pero no estoy segura de que sea un buen regalo. el viento, y la niebla. es demasiado frío. y este mundo no es tan bueno. podría saltar al suelo, y volar.
Volodya: no, no puedes.
Lilja: por qué no? depende de mí. ya conozco esta vida. y es una mierda.
Volodya: no, no lo es.
Lilja: sí lo es. es una mierda.
Volodya: no lo es.
Lilja: por supuesto que sí.
Volodya: pero es lo único que tienes. esta vida es la única que tienes.
Lilja: no quiero esta vida. no me interesa.
Volodya: mírame a mí. me suicidé y fui al cielo. y sí, allí se está muy bien. pero regresé, porque quería vivir un poco más en el mundo. permaneces muerto durante toda la eternidad, pero estás vivo sólo durante un momento. yo no estaba preparado todavía. ni tú. todo el mundo te escupe, pero no estás preparada. pero salta si quieres. no es peligroso, vendrás conmigo. pero entonces perderás. y los cabrones que te escupen habrán ganado.

Artyom Bogucharsky & Oksana Akinshina. Lilja 4-ever.

ego

(escuchando vvaa, little music psichedellic collection, vol. 15)

las palabras quedaron ahí, flotando en el aire, como suspendidas en el bocadillo de un cómic. sabía que no las había usado como debería. sabía que había caído en la única tentación en la que no debía caer, el ego. la respuesta no se hizo esperar y sonó como suena el silencio cuando no hay nadie al otro lado. por favor. no ahora ya no hay por favor, ahora ya no vale de nada pedir por favor. el único error en el que no debía caer. luego dejó que su cuerpo rebotara contra el colchón del sofá. y se hundió en el aire vacío que le había dejado.

César: a ver, cómo quiere que se lo cuente? no lo iba a entender. no lo entiendo ni yo. ella se puso a hacer café, y yo empecé a cotillear en sus cosas. y, de repente, sentí esa estupidez que por lo visto le da a mucha gente.
Antonio: qué sentiste?
César: que la quería. Dios, me da vergüenza hasta decirlo.

Eduardo Noriega & Chete Lera, abre los ojos.

miedo

(escuchando el traqueteo de los dedos sobre el teclado)

la primera noticia te pilla comiendo. el grano de arroz se te queda en la garganta y no sabes muy bien cómo reaccionar. esta vez ha sido en casa. en tu casa. en la de tantos otros que sienten esta isla llamada roqueta como parte de su territorio emocional. esta vez ha sido frente al local en el que viste al bueno de Riki López y su buenrollitina. esta vez ha destrozado la vida de dos jóvenes que acababan de aterrizar en su trabajo, uno de ellos motero, como tú. esta vez has visto como los cuerpos carbonizados salían desprendidos del coche y uno de ellos terminaba en las ramas de uno de esos pinos que forman parte de un paisaje del que sólo se podía desprender la paz del mar que lo rodea. esta vez ha destruido dos familias sólo porque sus hijos formaban parte de la Guardia Civil, sólo porque fueron felices al encontrar un destino como el de este lugar de calma que vive de sus visitas y que las agradece tanto. esta vez no sabes muy bien qué decir ni qué pensar. y quieres que termine todo pronto, que pasen los días y que la rutina venza a la tristeza y la rabia. los mallorquines somos así, lo interiorizamos todo y vivimos con ello casi sin inmutarnos. ahí radica el éxito del Mediterráneo. pero no. no termina. y cae el techo del restaurante italiano en el que celebraste el cumpleaños de tu mujer. aquel en el que disfrutaste de comer y te reíste mucho con los camareros. aquel que te pareció que era un lugar al que podrías volver, justo a siete manzanas de tu antigua casa, en tu antiguo barrio. un barrio que echas de menos y al que acudes de vez en cuando a tomarte una cerveza. y el bar en el que estuviste sentado hace pocas semanas con tu mujer y tu hijo también ha formado parte del plan del miedo. entonces tiemblas pensando que es mejor si hoy no sales de casa, y te quedas con los ojos clavados en el televisor, con tu hijo sobre las rodillas sonriendo, ajeno a toda la mierda que puede llegar a acumular un corazón, porque cabeza y alma son ajenos a todo esto. porque dicen que están en guerra y que tienen que seguir luchando contra los opresores. pero dos jóvenes recién salidos de la academia no son opresores, ni los dependientes de las galerías comerciales donde explota una tercera bomba. unas galerías en las que tú te comprabas los discos de vinilo. unas galerías que están encima de la heladería de Jaume y Dori, una de las mejores de la ciudad con dos de las mejores personas que conozco. y entonces piensas en todo el daño que podían haber hecho. y sientes miedo. y eso es algo que no habías sentido hacía mucho tiempo. pero te repones y sabes que el tiempo y la rutina lo cicatriza todo. aunque, bajo la piel, siga latiendo.

terapia

(escuchando morcheeba, dive deep)

cuando uno se encuentra con un diálogo como este para abrir una película, no puede sino recomendarla encarecidamente.

psicóloga: ha bebido, esta mañana?
Schneider: …
psicóloga: no contesta?
Schneider: puede marcharse si quiere.
psicóloga: no se eche la culpa, señor Schneider. simplemente estaba en el lugar equivocado.
Schneider: no, nunca debería haber estado ahí.
psicóloga: qué quiere decir?
Schneider: no quiero hablar de ello.
psicóloga: sobre qué no quiere hablar?
Schneider: cree en Dios, doctora?
psicóloga: sí, o no estaría aquí.
Schneider: Dios es un hijo de puta. algún día voy a matarlo.

Virginia Anderson & Daniel Auteuil, mr73.



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