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principio

(escuchando the xx, xx. un disco fácil, dicen algunos)

el planeta era principalmente una gran llanura casi interminable. tenía algunas pequeñas colinas que se compensaban con diminutos valles sin apenas inclinación, y poco más. la tierra era de color rojizo, como si hubieran machacado cientos de ladrillos de barro rojo y los hubieras esparcido desde el espacio. sobre la superficie, esparcidas aquí y allí, se levantaban grupos de estalagmitas de diversos tamaños que nos transportaban al interior de una cueva con las estrellas como único techo. pero lo que más nos llamó la atención, algo a lo que más tarde nos acabaríamos acostumbrando, fue el silencio, el enorme y devastador silencio que pesaba en el aire. no había ni un ruido. nada. sólo la sensación absoluta de soledad que nos impregnaba a través del traje. y allí estábamos nosotros para cambiarlo todo, para estudiar la posibilidad de crear una colonia, para llenarlo todo de viviendas y de familias felices. es curioso como ahora, desde la distancia, me doy cuenta de que sólo nuestra presencia allí, ya era algo fuera de lugar, que rayaba el óleo de su pureza, que violaba su pausa cristalina. el sonido de nuestras respiraciones a través de las máscaras que nos cubrían la cara fue lo primero que rompió la paz que, a simple vista, reinaba en aquella pequeña roca esférica en la que habíamos aterrizado por orden de la compañía. nadie se atrevía a dar un paso más allá de la escalerilla de la que acabábamos de descender. el peso de la llanura roja y quieta nos impedía mover los pies. la radio retumbó en nuestros oídos. vamos, vamos, señoritas, que no están aquí para hacer turismo. muévanse. ya. la voz del comandante nos despertó del lapso de tiempo vacío en el que nos habíamos quedado pausados. ojalá no lo hubiera hecho nunca.

yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Rutger Hauer, blade runner.

luz

(escuchando Eli Paperboy Redd, roll with you)

cuando escuchó que aquella chica iluminaba la habitación con su presencia, le impactó. y más aún cuando la vio entrar por la puerta en la fiesta. era verdad. era una jovencita sin nada especial. no era extremadamente bonita, ni vestía especialmente seductora, simplemente desprendía una luz que hacía que te fijaras en ella. a su alrededor, todo era brillante y estaba impregnado de una extraña sensación de paz y tranquilidad. la miró durante toda la noche, sin atreverse a hablar con ella, ni siquiera a estar a menos de dos metros de su cuerpo. se obsesionó con su luz, con su forma de hablar y de moverse, de reírse y de bailar. lo hacía todo de una forma completamente natural, sin esperar nada a cambio, sin querer provocar nada concreto. simplemente, lo hacía. contempló la posibilidad de acercarse, pero la descartó enseguida. ella no desprendía ninguna luz, es más, la absorbía. siempre le habían dicho que era una persona gris y triste. y no quería ser la culpable de que se perdiera aquella magnífica sensación de bienestar. antes de irse, sacó el móvil y le hizo una foto. esa noche, miró la foto una y otra vez. y pensó que si conseguía iluminar, siquiera artificialmente, una parte de su cuerpo, tal vez pudiera acercarse a ella sin miedo. se le ocurrió una idea. buscó una bombilla y la enroscó a un portalámparas. lo enchufó y la resistencia se volvió incandescente. cerró los ojos y se la puso en la boca. el calor del cristal era similar al de aquella chica. ahora sólo quedaba que durara siempre. la mordió. la bombilla se apagó al instante. sintió el cristal cortante en la lengua y el paladar. no, aquella no era la forma. escupió y se lavó la boca con cuidado. una vez repuesta, lo volvió a intentar, pero esta vez tragándose la bombilla. le costó sudores y arcadas que atravesara la garganta, pero lo consiguió. la bombilla se apagó al entrar en su cuerpo. tampoco era la forma. se sentó en la cama, vencida, con ardor de estómago y la boca llena de cortes. se durmió. a la mañana siguiente, se sintió una estúpida. dolorida, se duchó para ir a trabajar. no desayunó. en la oficina, se enfrascó en trabajo rutinario y solitario, para que nadie la molestara. no lo consiguió. sus compañeros de trabajo, tan distantes hasta esa mañana, se acercaban continuamente a preguntarle cosas absurdas. le reían los comentarios, se sinceraban sobre su vida y pasaban a su lado y le sonreían. incluso le invitaron a café dos veces. no lo podía creer. eso no podía estar pasando. fue al baño a lavarse la cara. el agua le provocó un pequeño espasmo de frescor. se miró al espejo y se dio cuenta. no había tenido que encender la luz.

no eres perfecto amigo y voy a ahorrarte el suspense: la chica que conociste tampoco lo es. Robin Williams, el indomable Will Hunting.

final

(escuchando BB King, one kind favor. ochenta y tantos años de blues, qué maestro)

el maestro de marionetas lleva meses encerrado en su taller. rodeado de virutas de madera, herramientas viejas y punzantes, de restos de comida y vasos de barniz medio llenos. todo huele a cola y a serrín, a plástico caliente y a tabaco. en lo más alto de la pared norte, un ventanuco deja entrar el aire gélido del invierno. pero él no tiene frío, está demasiado ensimismado para sentir nada. sabe que ya no le queda mucho tiempo, que su corazón y sus pulmones están a punto de perder la partida con Cronos, que este será el último trabajo que termine. pero tiene que terminarlo. ya queda poco. le encaja el brazo en el hueco y, con cuidado para que no le duela, aprieta la tuerca que lo sujeta. comprueba que el movimiento del hombro y del codo sea fluido. le añade dos gotas de aceite y vuelve a comprobarlo. ahora está perfecto. se frota los ojos con el índice y el pulgar. abre la tapa de la espalda y conecta los dos cables, uno rojo y uno negro, a las dos entradas de audio. ya está. cierra la tapa y la atornilla
con cuidado. ahora sólo tiene que vestirla. la mira un instante antes de ponerle la camisa. es perfecta. esta vez sí. le pone la ropa despacio, como si se tratara de una hija recién nacida. ya está. se aleja unos metros. sonríe. cuando nota una punzada en el corazón frunce el ceño. se lleva la mano al pecho, apretándolo con fuerza, como si pudiera detener el ataque al corazón. se tambalea. tiene que ponerla en marcha. sólo tiene que llegar a la mesa. la marioneta mujer se mantiene inmóvil, con los ojos abiertos, hechos de cristal frío. cae de rodillas y estira el brazo para alcanzarla. no lo consigue. el último aliento es para sus ojos, dos canicas de colores que puede que nunca brillen por sí mismas.

abandonamos nuestros sueños por miedo a poder fracasar, o lo que es peor, por miedo a poder triunfar. Sean Conney, descubriendo a Forrester.

espera

(escuchando Terence Blanchard, bso la última noche. no me canso nunca)

esperaré, le dijo. el destino le miró con cara de asombro. cómo que esperarás? no va a suceder, no está escrito. simplemente, no puede ser. se hizo un silencio de pocos segundos. él le dio un sorbo a la cerveza con los ojos cerrados, y miró a la cara a su destino. me da igual, contestó. yo voy a seguir esperando. el destino le miró con rabia. haz lo que te dé la gana, yo no voy a ir en tu ayuda. no me busques, no me pienses, olvídate de mí. lo dijo sin levantar la voz, cortando las palabras como si su lengua fuera una espada. puso un billete sobre la barra y quiso zanjar la cuestión. me voy a buscar a otro. acto seguido, desapareció por la puerta. el chico sonrió y apuró su cerveza. pagó y salió del bar. en el umbral de la puerta, miró hacia arriba. sin destino que le dirigiera cada paso, se sintió completamente libre por primera vez. en serio, puedes hacer lo que quieras, pensó.

la mayoría de la gente huye del conflicto cuando, para mí, muchas cosas buenas surgen del conflicto. Ethan Hawke, antes del amanecer.

mañana

(escuchando Mumford and sons, sigh no more)

Christian Striboll y Beryll Winkelmann salieron a la calle a hablar con la gente. dónde te gustaría despertar mañana por la mañana?

cincuenta personas una pregunta. Hamburg-Altona
dónde me gustaría despertar mañana por la mañana?
es una buena pregunta! con un muchas respuestas!
ah… si tuviera un deseo gratis, mañana me gustaría despertar en Praga.
no está mal.
dónde te gustaría despertar Theo?
ah… ah, como siempre, en casa con mi familia.
eso significa en el país, de viaje, de vacaciones o de cualquier manera?
la pregunta es, qué haría… entonces…
en Hamburgo.
en el mar Mediterráneo, sin este tráfico alrededor.
donde brille el sol y haya mar y playas.
mañana por la mañana en Bali… en Bali. en mi cama en la playa
con el ruido de las olas de fondo.
ah… el mar del Este, la playa y todo eso lo primero, donde haya playa, para pasear un rato…
eso es porque, en mil novecientos sesenta y dos, exactamente, en el lago Alster, tuve la experiencia más bonita de mi vida con una preciosa chica alemana. y su nombre era Inge. me gustaría despertar ahí otra vez. ese es mi deseo.
en México, allí es ahora verano! Gualla Hara, allí me gustaría despertar mañana!
pero con seguridad, si tuviera que trabajar, que me permitiera volver unos días y luego de nuevo a Bali!
si yo, por ejemplo, me despertara sano con toda la familia disfrutar del día. por ejemplo, Blankenese, en el bosque. preparar un te, con gujum durum daran (turco), disfrutar del día y volver a casa sano!
en la selva tropical.
contigo. dulce.
somos hijos de Adan y Eva. pero la gente sólo piensa en dinero, dinero, dinero. eso será su maldición.
en mi cama. donde ahora mismo no puedo dormir, porque siempre me despierta mi novia roncando. a pesar de que ella tampoco puede dormir, porque nuestra hija de cinco meses también se despierta constantemente. así que duermo en el sofá y me duele la espalda.
por eso pienso constantemente sobre la selva.
en mi cama.
aquí en mi cama.
en la cama al lado de mi novia.
en mi cama.
en casa en mi cama. me siento genial en casa. no quiero estar en ningún otro lugar.
una vida de ensueño, sin colegio. exacto. sin padres aburridos. sin discutir y todo eso. exacto!
en España.
Gracia.
en mi cama. y entonces me gustaría… si le aprietas la cabeza a mi tigre, sus ojos se ponen rojos. y si me despierto, siempre quiero hacer eso!
a su lado. aquí. sí, gracias.
eso me hace feliz y me llena de salud.
no tengo nada más que decir. estoy bien.

la felicidad sólo es real cuando se comparte. Emile Hirsch, hacia rutas salvajes.

campaña

(escuchando Imelda May, love tatoo, que vamos a necesitar un poco de rock’n'roll para llegar a la hora de salir)

hoy el día se tiñe de un color feo y pestilente, y últimamente demasiado común. así que corto y pego a la señorita Puri por si aún hay alguno que sabe cómo funciona esto. lo de las escuchas telefónicas lo hablaremos otro día.

si Jesucristo hubiera ido a una agencia de publicidad.

- el mundo hubiera tenido que estar terminado ayer.
- la Biblia se vendería por fascículos coleccionables.
- el primero traería de regalo un remo escala uno/cien del arca de Noé.
- Adán y Eva habrían sido unos atractivos padres de familia de veinticinco años con un precioso hijo de doce jugando feliz…
- la serpiente sería un golden retriever corriendo a cámara lenta.
- y la manzana…
- …la manzana se quedaría como está, por supuesto.
- pediría que la cruz fuese mucho más grande.
- escribiría nueve mandamientos. y por sólo veintinueve noventa y cinco euros más nos dejaría ver el décimo* (*sólo hasta fin de mes. iva e impuestos especiales no incluidos).
- la última cena consistiría en angulas, nécoras y percebes, y la pagaría la agencia.
- la hostia tendría bífidus activos.
- y el agua bendita l-casei inmunitas.
- Dios descansaría el séptimo día…
- …mientras el equipo creativo se lo pasaba metido en la agencia arreglándolo todo.
- y el lunes, Dios vería lo que había creado y consideraría que todo era bueno.
- y pediría que le dieran una vuelta más.
- y si en algún momento alguien se atreviese a culpar a Jesús de que el mundo era un desastre, él siempre respondería: no culpes a Dios, culpa al de cuentas por no haber hecho bien el briefing.

dime qué es lo que quieres que diga. John Hamm, mad men.

milagros

(escuchando pearl jam, no code)

qué grandes, ciertos cuentos.

Íñigo Montoya: ha dicho amor verdadero. no podríais pedir una causa mas noble.
el milagroso Max: sí hijo, el amor verdadero es lo mas grande del mundo. a excepción de los bocadillos de cordero lechuga y tomate, cuando el tomate está maduro y el cordero esta en su punto. están tan sabrosos. me encanta.
pero no ha dicho eso. ha dicho claramente fa-ro-le-ro. y como sabemos farolero significa tramposo. estarías jugando a cartas alguien hizo trampas y…
Valerie: mentiroso… mentiroso… mentiroooooooso.
el milagroso Max: calla bruja.
Valerie: no soy una bruja soy tu mujer, pero después de lo que has dicho no estoy segura de querer seguir siéndolo más. amor verdadero… ha dicho amor verdadero.

Mandy Patinkin, Billy Cristal & Carol Kane, la princesa prometida.

Jack

(escuchando karnivvol, sound awake. guitarras que crecen y crecen y crecen)

se había cansado de todo aquello. así que prefirió quedarse solo. era una decisión difícil, porque nunca había estado solo del todo, pero también necesaria, porque su situación le había obligado a estar escondido demasiado tiempo. subió al primer tren que encontró en el andén. el billete? ya lo compraría cuando pasara el revisor. buscó un asiento libre, junto a la ventana, lejos de aquella pareja con niños que, seguro, no le iban a dejar leer tranquilo. al otro lado del pasillo, una pareja discutía en un idioma que no identificó bien. no era inglés, ni alemán… búlgaro? podía ser. no le hubiera importado lo más mínimo, de no ser porque cada vez levantaban más la voz. maldita sea. el tren se puso en marcha. la discusión se iba calentando a medida que pasaban los metros, así que cuando salieron de la estación, estaban a punto de llegar a las manos. Jack se estaba poniendo muy nerviosos. en el vagón sólo estaban la pareja, la familia y él. pero no podía hacer nada. demasiados testigos. el padre de los niños, un hombre corpulento, de aspecto bonachón y gafas, se levantó. disculpe, se dirigió al marido, podrían dejar de gritar? están asustando a mis hijos. como respuesta, recibió una larga lista de algo que parecía insultos. la mujer supuestamente rumana reprendió a su marido, como diciéndole que se callara, que aquel hombre no tenía ninguna culpa de sus problemas. él le contestó con una bofetada en plena cara que retumbó en todo el tren. la mujer se calló en seco. los niños se pusieron a llorar. el padre de familia, tomó al más pequeño en brazos, a una niña de unos cinco años de la mano y se marchó. su mujer, que llevaba un bebé enganchado al pecho, le siguió. desaparecieron por la puerta. Jack no se movía del asiento. el hombre se giró hacia él con violencia y se puso a insultarle. o eso le pareció a Jack, que ya había apretado el puñal en el bolsillo de la casaca. sus gritos se mezclaron con la sangre que le brotó del cuello. la mujer quedó paralizada unos instantes y luego salió del vagón. la locomotora hizo su primera parada. Jack bajó al andén y se perdió por las callejuelas junto a la estación.

no somos criminales. nos ocupamos de nuestras cosas. no le pedimos nada a nadie. James Caan, Dogville.

sueños

(escuchando Sade, soldier of love. por todos los dioses, ha vuelto exactamente igual)

su tía abuela era una mujer tranquila, sin ninguna malicia. perdió a su esposo, el mejor pescador de la zona, en una tormenta imposible. nunca tuvo hijos, pero adoraba a sus sobrinos y a todos aquellos niños que quisieran ir a merendar leche con sus magníficas galletas de manzana y canela. pero no todo el mundo la veía igual. en el pueblo, eran muchos, por no decir todos, la llamaban la bruja de la casa encantada. y no porque el edificio estuviera medio derruido o porque ella tuviera un aspecto desaliñado, más bien todo lo contrario, su casa era una preciosa villa en una de las cinco colinas que rodeaban el pueblo y ella iba siempre pulcra y perfectamente ataviada con su vestimenta de buena persona, sino por culpa de su extraño poder. al quedarse dormida, su entorno se transformaba en el decorado de sus sueños. pero no todo su entorno, sino únicamente la habitación en la que se encontraba. por eso, en algunas ocasiones, al soñar con aquella trágica noche en la que su marido fue tragado por las olas, desde la plaza del pueblo, podían escucharse los terroríficos rugidos de un mar embravecido que luchaba por engullir todo lo que encontrara ante sus aguas. pero eso fue sólo al principio. con el paso de los años, los sueños se volvieron más apacibles. sólo si uno se acercaba mucho podía saber qué estaba soñando. bajo su ventana se escuchaba el canto de los pájaros o el viento entre las ramas de los árboles, o las olas deshaciéndose en la arena de alguna playa. eran esos días en los que sus sobrinos eran más felices. durante las tardes de verano, a la hora de la siesta, invitaban a sus amigos a plantabarse bajo la ventana de su tía abuela a esperar a que se durmiera. escuchaban pacientemente y, al oír el sonido de sus sueños, se acercaban a la habitación y abrían la puerta. en su interior, la anciana dormía apaciblemente en la cama. a su alrededor, bosques enteros llenos de animales para jugar a Robin Hood, o una orilla larguísima en la que construir cientos de castillos y correr. pero los mejores días era cuando soñaba que ella era pequeña. esos días, todos se alegraban de poder jugar con aquella niña que sabía un montón de juegos que ya tenía olvidados y que tanto les divertían. al despertar, todo se desvanecía y los niños salían en tropel de la habitación. ella les miraba de reojo y no podía evitar sonreír. salía al patio, donde todos la esperaban. uy, cuántos niños, decía simulando sorpresa. a ver quién quiere leche con galletas?

hay que soñar, Léolo, hay que soñar. Gilbert Sicotte, Leólo.

nieve

(escuchando radiohead, ok computer)

estos días, siempre hay un momeneto en el que uno se acuerda de aquel día en el cine Avenida, cuando un señor de pelos eléctricos nos contó un cuento fantástico.

Kim: hace mucho tiempo, un inventor vivía en esa mansión. inventaba muchísimas cosas. un día, creó a un hombre. y le dio entrañas, un corazón, un cerebro. todo. bueno, casi todo. verás, el inventor era ya muy viejo. murió antes de poder acabar al ser que había creado. así que el hombre se quedó solo. inacabado y completamente solo.
nieta: y no tenia nombre?
Kim: claro que tenía nombre. se llamaba Edward.
nieta: …
Kim: antes de que él viniera, no nevaba nunca. en cambio después, sí nevó. si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando… a veces aún bailo bajo la nieve.

Winona Ryder & Gina Gallagher, Eduardo Manostijeras.

ps: ayer se cometió un error de apreciación en la fecha de las vacaciones. el lunes estaremos de vuelta.



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