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misión

(escuchando Franz Ferdinand, tonight, que hay que ir haciendo hueco en las neuronas)

el mejor economista sumergido de estas islas lloró un poco en la intimidad después de sacar la papeleta de su reto final. encontrar tres millones de euros blancos en setenta y dos horas. su especialización en el reverso tenebroso de la moneda y el billete le habían convertido en un malabarista del capital negro, pero había olvidado gran parte de las leyes de todo caballero president jura al ser nombrado. o puede que todas. su maestro, el gran Gabriel, había tratado de enseñarle que no debía olvidar que los caminos del poder son inescrutables. recuerda que algún día regresar a tu ciudadanía y andar entre los mortales deberás , le aconsejó con voz solemne. facturas para justificar todo tu poder deberás guardar en un cajón si que te miren como a un igual deseas, mi joven matiwan. pero los midiclorianos de un caballero son fácilmente corrompibles con la cantidad suficiente de cera para el pelo, y se dejó poseer por los caminos del lado oscuro. y ahora tendría que usar todos sus trucos para conseguir dar el golpe de efecto necesario para destruir a su enemigo: el gigantesco bote de detergente que le permitiría limpiar seis mil billetes de color morado. agarró el mando de la consola y probó suerte. derecha-derecha, abajo, punch. nada. derecha, arriba, punch, abajo, punch. nada. en otros tiempos y otras circunstancias con un simple derecha, punch, le hubiera bastado. incluso si el ademán lo hubiera hecho con el dedo. sus bastardos se hubieran encargado del resto. pero ahora no tenía bastardos. así que lo intentó de nuevo. decha-derecha, arriba, derecha, abajo, punch. y el detergente sin sufrir ni un rasguño. arriba, abajo, derecha-derecha, puch. pero golpe incluye un movimiento a la izquierda, y eso, en el lado oscuro, es impensable. por primera vez, sintió miedo.

enloquecido por el lado oscuro, el joven Skywalker se ha vuelto. el joven que entrenaste ya no existe más. Frank Oz, star wars, la venganza de los Sith.

apúntate

(escuchando the mojo project, taste the mojo)

únete a la más hilarante aventura de todos los tiempos. trabaja cientos de miles de horas durante treinta o cuarenta años. compra todo aquello que puedas almacenar. lo que no puedas almacenar, regálalo. consume hasta pesar más de lo que hubieras imaginado, devora todo aquello que se ha estandarizado para tu propia seguridad. muere solo sin haber levantado la cabeza ni una sola vez. mira las noticias y estremécete con las historias de gente aplastada por los escombros, llora porque han encontrado a otro vivo tras ocho días bajo las paredes hundidas. deja que los mandamases decidan que van a firmar un protocolo para ponerse en marcha en cuanto se hayan puesto de acuerdo en la próxima reunión. habla y di que para qué, si ellos, que son los que únicos que pueden cambiarlo todo, no hacen nada. únete al cuerpo de los que hablan de estética y no de reconstrucción, a los que creen que cien millones es una cantidad razonable para un hombre que hace su trabajo sólo si él quiere, siempre y cuando ese hombre sea extranjero, mientras se le niega un médico a los que cruzan el mar para poder tener un techo y algo que llevarse a la boca. reniega de todo aquello que suponga que una sola neurona mueva un dedo y déjate llevar por las mayorías y las opiniones del que tenga más volumen. ponte a la cola del todo incluido, de las paellas para veinte en tres minutos y las cantidades industriales a precios de risa, que casi es gratis. apúntate a la lista de los que creen que tienen que querer todo lo que les dicen que necesitan y que no serán felices hasta que lo hayan conseguido. vamos, no pierdas tiempo, que el reloj corre muy deprisa. si no te apuntas ahora, perderás el tren. vamos, venga, hazlo. ya.

Reg: estamos dispuestos a derramar nuestra sangre por la causa.
miembro del Frente Popular de Judea: yo no!
Reg: eh?!
miembro del Frente Popular de Judea: qué yo no!
Reg: ah sí, hay uno que no.

John Cleese & Grahan Chapman, la vida de Brian.

botón

(escuchando carmel, the drum is everything)

pulse el botón nosotros haremos el resto. sólo tiene que posar su dedo sobre la superficie redonda y roja del botón. puede usar cualquiera. el índice, el pulgar, el anular, o incluso el meñique. sí, sí, el meñique también. no es un botón que se resista, estese tranquilo. lo único que tiene que hacer es pulsarlo. vamos. no tenga miedo. los beneficios pueden ser magníficos. sólo piense en lo que puede llegar a hacer con todo lo que conseguirá si lo pulsa. es fácil. mire, voy a guiarle. levántese la manga del brazo derecho. o del izquierdo si es usted zurdo. ahora sitúe la mano a la altura de la cara. respire con calma. tranquilo, todo va a salir bien. ahora gire la muñeca de forma que la palma de la mano quede hacia adelante y extienda el dedo que prefiera. listo? vamos allá. baje la mano de golpe y, con el dedo extendido, presione el botón rojo. ahí está, muy bien. lo ha echo estupendamente. ahora no se preocupe. ya está. ve? las luces de colores le indicarán si ha ganado premio o, por el contrario, debe seguir pulsando el botón. oh, vaya, esta vez no lo ha conseguido. pero tranquilo, aún le quedan varias oportunidades. vuelva a intentarlo. venga, vamos, usted puede. ve? es así de sencillo. vuelva a observar las luces. mire. ahora sí. acaba de recuperar lo que se jugó la última vez. calle, escuche. el sonido de las monedas es mágico, verdad? recójalas de la bandeja. son suyas. sin miedo. perfecto. pero no se vaya, hombre. no sabe que aún le queda mucho por jugar? ahora puede usted ganar hasta mil veces lo que se ha jugado. vamos. vuelva a intentarlo. con lo que ha ganado. no pierde nada. vamos. de nuevo. el botón. tiene que pulsar el botón. muy bien. lo está usted haciendo muy bien.

bueno, no es reconfortante saber que ser miserable sigue siendo mejor que ser un idiota? Lauren Ambrose, a dos metros bajo tierra.

miedo

(escuchando el traqueteo de los dedos sobre el teclado)

la primera noticia te pilla comiendo. el grano de arroz se te queda en la garganta y no sabes muy bien cómo reaccionar. esta vez ha sido en casa. en tu casa. en la de tantos otros que sienten esta isla llamada roqueta como parte de su territorio emocional. esta vez ha sido frente al local en el que viste al bueno de Riki López y su buenrollitina. esta vez ha destrozado la vida de dos jóvenes que acababan de aterrizar en su trabajo, uno de ellos motero, como tú. esta vez has visto como los cuerpos carbonizados salían desprendidos del coche y uno de ellos terminaba en las ramas de uno de esos pinos que forman parte de un paisaje del que sólo se podía desprender la paz del mar que lo rodea. esta vez ha destruido dos familias sólo porque sus hijos formaban parte de la Guardia Civil, sólo porque fueron felices al encontrar un destino como el de este lugar de calma que vive de sus visitas y que las agradece tanto. esta vez no sabes muy bien qué decir ni qué pensar. y quieres que termine todo pronto, que pasen los días y que la rutina venza a la tristeza y la rabia. los mallorquines somos así, lo interiorizamos todo y vivimos con ello casi sin inmutarnos. ahí radica el éxito del Mediterráneo. pero no. no termina. y cae el techo del restaurante italiano en el que celebraste el cumpleaños de tu mujer. aquel en el que disfrutaste de comer y te reíste mucho con los camareros. aquel que te pareció que era un lugar al que podrías volver, justo a siete manzanas de tu antigua casa, en tu antiguo barrio. un barrio que echas de menos y al que acudes de vez en cuando a tomarte una cerveza. y el bar en el que estuviste sentado hace pocas semanas con tu mujer y tu hijo también ha formado parte del plan del miedo. entonces tiemblas pensando que es mejor si hoy no sales de casa, y te quedas con los ojos clavados en el televisor, con tu hijo sobre las rodillas sonriendo, ajeno a toda la mierda que puede llegar a acumular un corazón, porque cabeza y alma son ajenos a todo esto. porque dicen que están en guerra y que tienen que seguir luchando contra los opresores. pero dos jóvenes recién salidos de la academia no son opresores, ni los dependientes de las galerías comerciales donde explota una tercera bomba. unas galerías en las que tú te comprabas los discos de vinilo. unas galerías que están encima de la heladería de Jaume y Dori, una de las mejores de la ciudad con dos de las mejores personas que conozco. y entonces piensas en todo el daño que podían haber hecho. y sientes miedo. y eso es algo que no habías sentido hacía mucho tiempo. pero te repones y sabes que el tiempo y la rutina lo cicatriza todo. aunque, bajo la piel, siga latiendo.



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