Archived entries for ausencias

aclaración

(escuchando phoenix, Wolfgang Amadeus Phoenix. toma ya, grupo chulo. gracias, Alfonso)

sólo un apunte para aclarar algunas dudas. todo el silencio que pinta con brocha estos últimos días, o quizá ya semanas, no es por falta (de ganas), sino por exceso (de clicks, de código, de órdendes, de cambios, de versiones, de temperatura corporal, de anginas, de píxeles, de rénders de vídeo, de tápers frente a la pantalla, de discos y discos sonando en silencio, de malas noches) que provoca disminución (de fuerzas, de ideas, de movimientos de glóbulos rojos y blancos, de horas de sueño, de buenas historias, de emociones, de finales, de principios, de novedades) y aumento (de estrés hasta que escinco, de nervios, de hambre, de necesidad de vacaciones) a la par. así que gracias por su paciencia.

volveremos a vernos. Russell Crowe, gladiator.

factura

(escuchando Norah Jones, the fall. oh, grata sorpresa)

se levantó como si le hubieran pasado por encima una manada de elefantes. la nariz taponada, los huesos doloridos, y las manos viejas y cansadas. la cabeza había aumentado de peso unos cinco o seis kilos, y el cuello se sentía incapaz de sostener semejante envergadura. los ojos le lloraban y el aire parecía no querer entrar en sus pulmones. el peso del trabajo sin descanso y sin un respiro, ni siquiera uno diminuto, le habían pasado factura. eso y algún virus que planeaba por la habitación con ganas de quedarse en el cuerpo de un pobre despistado, con las defensas hundidas bajo los números rojos. por suerte, un batallón de aerosoles y pastillas y jarabes contra la tos, llegaron en su ayuda, siguiendo órdenes estrictas dictadas desde el punto de acción contundente. eso, y el cuidado certero y calusoro de las manos en casa. y pudo volver a despertar sin hundir la cabeza en la almohada otra vez a la primera bocanada de oxígeno. y pudo continuar con su actividad diaria. que le esperaba, vestida de marrón, escondida en el disco duro del servidor.

sin lugar a dudas, me había curado. Malcolm McDowell, la naranja mecánica.

espera

(escuchando, King Britt, sister Gertrude Morgan)

Adéle: puede que no me merezca nada mejor. debe de estar escrito en algún sitio, no sé dónde. hay gente que ha nacido para ser feliz, y a mí todos los días de mi vida me han engañado. todo lo que me prometieron, me lo creí, pero nunca he conseguido nada. no sé hacer ninguna cosa, no le importo a nadie. no soy feliz. ni siquiera soy realmente desgraciada, porque seguro que te sientes desgraciado cuando has perdido algo, pero nunca he tenido nada mío, sólo mi mala suerte.
Gabor: cómo se imagina el futuro, Adele?
Adéle: no lo he pensado. cuando era pequeña sólo deseaba una cosa: crecer. quería que sucediera deprisa, pero ahora no sé para qué ha servido todo esto. no sé para qué. hacerme mayor. el futuro es… es como una sala de espera, como una gran estación con bancos y corrientes de aire, y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. tienen prisa. cogen trenes, o taxis. tienen un sitio a donde ir, alguien con quien encontrarse. y yo me quedo sentada, esperando.
Gabor: qué espera, Adele?
Adéle: que me ocurra algo.

Vanessa Paradis & Daniel Auteil, la chica del puente.

postal

(escuchando Hiromi, beyond standard, que hay que empezar a ir haciendo boca)

el reverso de la postal en blanco. te marchaste de viaje hace ya algún tiempo, pero tienes ganas de volver. sientes que has fallado en algunas de las cosas que te impulsaron a irte, aquellas que tenían una solución más allá de tus fronteras. pero en muchas otras has crecido. sentiste que la imaginación se apagaba, que las carcajadas habían desaparecido de tus horarios, que hubo cosas más duras de las que esperabas y cosas más sencillas de las que jamás soñaste. desde el bar, miras por la ventana. llueve. la mochila descansa en la silla contigua a la tuya. está sucia, cansada, llena de remiendos y agujeros. está pidiendo a gritos que regreses. pero, debes regresar? has conseguido lo que te proponías? has desvelado todos los secretos del funcionamiento de los tiempos pasados, de cuando todo era fácil y hablabas por los codos y te reías un montón y terminabas las noches con una sonrisa? has encontrado la solución a todo aquello que buscabas? no, no lo has hecho. y, sinceramente, creo que nunca lo harás. porque no hay solución que encontrar, ni viaje más emocionante que el que te espera en casa, en tu casa, en la que has construido sudando y riéndote y saltando y llorando y muriéndote un poco y dejándote la piel en cada maldito ladrillo. no hay nada más que buscar. las cosas cambian, la vida cambia, la gente cambia, y tú pretendías no hacerlo? nada es mejor ni peor. la única forma de continuar es aceptar lo que has encontrado y dejarte la piel en ello. miras por la ventana del bar. sabes que el viaje de regreso será largo. pero lo has decidido. envías la postal a casa. i’m on my way.

sólo cierra los ojos, pero mantén tu mente abierta. Anna Sophia Robb, un puente hacia Therabitia.

ego

(escuchando vvaa, little music psichedellic collection, vol. 15)

las palabras quedaron ahí, flotando en el aire, como suspendidas en el bocadillo de un cómic. sabía que no las había usado como debería. sabía que había caído en la única tentación en la que no debía caer, el ego. la respuesta no se hizo esperar y sonó como suena el silencio cuando no hay nadie al otro lado. por favor. no ahora ya no hay por favor, ahora ya no vale de nada pedir por favor. el único error en el que no debía caer. luego dejó que su cuerpo rebotara contra el colchón del sofá. y se hundió en el aire vacío que le había dejado.

César: a ver, cómo quiere que se lo cuente? no lo iba a entender. no lo entiendo ni yo. ella se puso a hacer café, y yo empecé a cotillear en sus cosas. y, de repente, sentí esa estupidez que por lo visto le da a mucha gente.
Antonio: qué sentiste?
César: que la quería. Dios, me da vergüenza hasta decirlo.

Eduardo Noriega & Chete Lera, abre los ojos.

resumen

(escuchando matti, amumu)

en el pueblo, todo el mundo conocía sus rencillas. llevaban años insultándose, metiéndose el uno con el otro, acusándose de cualquier robo, accidente o desgracia que ocurriera en las calles de aquella pequeña aldea. nunca habían llegado a las manos, pero tal vez lo deberían haber hecho. el odio que se tenían el uno al otro, era mucho más cansino que si una mañana hubieran salido a la plaza a darse de puñetazos hasta que cayera el sol. incluso hasta que volviera a salir. todos sabían que, en el fondo, no ganaría ninguno de los dos. porque ambos tenían la fuerza suficiente como para seguir peleando durante semanas a bofetada limpia. pero siempre hubiera sido mucho más eficaz. porque se hubieran dado cuenta de que, en realidad, esa absurda pelea era un callejón sin salida ni resultado. aunque eso eran sólo teorías, ya que nunca iban a reventarse la nariz con los nudillos, ni a romperse las costillas a patadas (eso era un acto visceral y ninguno de los dos tenía valor suficiente como para terminar con esa contienda), sino que continuarían insultándose, acobardados, escondidos tras los muros de sus casas. unos insultos que, supuestamente, les hacían más fuertes, mejores, más inteligentes, y, sobre todo, servían para que los habitantes del pueblo se decidieran por uno u otro bando. pero había llegado un momento en el que al pueblo le daba igual. con el paso de los años, la novedad de un enfrentamiento dialéctico se había convertido en una rutina aburrida y sin contenido. los seguidores de uno u otro bando se fueron haciendo amigos y prefirieron irse al bar a jugar a futbolín o a las cartas. les veían al pasar, les escuchaban dos minutos o ninguno y seguían su camino. caminaban a su lado un rato y luego dejaban que se perdieran por su cuenta. días, semanas, meses, años. al final, con el tiempo, sólo les apoyaban los que se lucraban de aquella pelea, los corredores de apuestas, los prestamistas, los vendedores de merchadasing. años después, eran solamente dos figuras que daban manotazos al aire e despotricaban sobre las maldaddes del enemigo. por lo menos, servían de atractivo turístico, pensaban algunos de los que aún les sacaban tajada. pero ellos dos, completamente solos, uno a cada lado del pueblo, subidos a sus podios, insultando al contrario para una audiencia invisible, se dieron cuenta de que estaban solos. completamente. así que dejaron sus megáfonos y abandonaron.

Zelig ha dejado de ser un camaleón para ser, al fin, él mismo. sus puntos de vista sobre política, arte, la vida y el amor son honestos y espontáneos. aunque su gusto pueda describirse como de vulgar, es el suyo. finalmente, es un individuo, un ser humano. ya no abandona su identidad para formar parte de algo seguro e invisible que le rodea. Patrick Horgan, Zelig.

unplugged

(escuchando asobi seksu, asobi seksu)

hasta el veinte.
no se vayan muy lejos.

y por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches. Jim Carrey, el show de Truman

autismo

(escuchando Björk, homogenic. cuando un disco te sorprende desde la primera canción se queda para siempre)

nunca he cambiado para mí, le dijo Ximena Sareñana. y me gustaría arreglarme junto a ti. él no había cambiado ni para él ni para nadie. era consciente de sus defectos. y soñaba en ponerles remedio, cada de vez en cuando, como si fuera uno de enero. tenía agujetas de pensarlo, de quererlo y de intentarlo, pero nunca había logrado ir más allá de dos días. la escuchó. no tengo muy claro si podré hacerte feliz o no, pero me encantaría conseguir que te rieras a carcajada limpia de vez en cuando. que me vieras y sonrieras y sintieras que ya está, que todo saldrá bien. pero no porque estemos juntos o porque nos queramos mucho, sino porque lo sientes. no sé cómo miras y entiendes mis momentos de autismo y mi verborrea incontestable y demasiado subida de tono. ni siquiera sé si los entiendes. no sé qué sientes cuando tropiezas con mis vicios y perversiones, mis músicas y ruidos, mi suciedad y mi limpieza. no sé cómo ves que lea entre sílabas y que busque la alternativa a todo lo demás. pero me encantaría poder solucionarlo en la misma sintonía, entre las mismas paredes, en el mismo coche, en la misma cama.

no dije que fuera distinto o mejor. no lo soy. siento compasión. la apatía es la solución. es decir, resulta más fácil abandonarse a las drogas que enfrentarse a la vida. es más fácil robar lo que uno quiere que ganárselo. es más fácil pegarle a un niño que enseñarle. joder, el amor no es gratis, requiere esfuerzo, trabajo. Morgan Freeman, se7en.

dos

(escuchando vvaa, bso sweet and lowdown)

aquellos que tuvimos la suerte de verlo alguna vez en directo o en falso echaremos de menos la crítica voraz y libertina de un hombre que desprendía humor por los cuatro costados, y que tenía la osadía de pensar y decirlo. helo aquí con otro de los grandes.

a mí la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás. Pepe Rubianes, entrevistado por Albert Om. a ti y a muchos otros, Pepe, a muchos otros.



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